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También lo reitera el investigador Ángelo Ramírez en su artículo, "Problemas teóricos del conocimiento indígena- publicado en la Revista Yachaikuna: "Todos los pueblos y culturas, sin excepción, han tenido en el pasado, como lo tienen hoy, los conocimientos necesarios para subsistir y reproducirse. Todas las funciones humanas son posibles gracias al conocimiento que los humanos poseen-.

Estos elementos teóricos los pudo evidenciar el antropólogo colombiano Alexander Herrera, investigador de la Universidad de los Andes, en su trabajo sobre revisión de los proyectos de recuperación de las tecnologías indígenas en Sudamérica.

Para el profesor Herrera, es pertinente aclarar que el concepto de tecnología indígena estudiado por él no se refiere a objetos o artefactos como se suele pensar la tecnología en las culturas no indígenas, sino a "paisajes culturales que han sido transformados producto de la interacción del ser humano y su entorno, asociados con saberes locales, religiosos, conocimientos y prácticas que se dan en la realidad. En suma, me refiero a la tecnología indígena como un hecho total social-, comentó el investigador.

En esta medida, Herrera pudo identificar que tecnologías en uso como las terrazas diseñadas en el Perú entre los siglos IV y VIII, son además motivo de orgullo e identidad de la población autóctona. "Aunque hoy algunas de ellas se encuentran en estado de fosilización y abandono-, agregó.

Cabe anotar que estas terrazas son como grandes escalinatas construidas a los lados de los profundos valles andinos, separadas por tapias de piedra que permiten, tras ser rellenadas con tierra fértil, optimizar el aprovechamiento del agua de la lluvia; además evitan los deslizamientos de tierra.

Sin embargo, aunque gracias al uso de esta obra de ingeniería el imperio Inca logró alimentar al menos diez millones de personas y al esfuerzo de los gobiernos boliviano y peruano por recuperarlas desde los años setenta, para el profesor Herrera su recuperación ha sido un fracaso, en parte porque las motivaciones de recuperación son puramente económicas y no se entiende el valor antropológico y cultural de los proyectos, sentenció el investigador.

Caso distinto ha sido el de la recuperación de las albarradas en la península de Santa Helena, en la provincia del Guayas en el Ecuador. Las albarradas las define el profesor Herrera como reservorios artificiales de agua que fueron utilizadas en horticultura temprana por la cultura manteña, y que hoy son aprovechadas para el riego de cultivos, e incluso para aseo personal.

Según datos del proyecto Albarradas de la Costa Ecuatoriana, hay más de 200 de estas construcciones de tierra sólo en la península. "Un elemento importante de esta tecnología es que permite inferir los conocimientos de las capas geológicas y de la fluctuación de las precipitaciones de los indígenas manteños, así como la forma de aprovecharlos-, comentó el profesor Herrera.

Hoy esta tecnología está siendo recuperada por iniciativa del gobierno ecuatoriano y algunas Organizaciones no Gubernamentales, aunque prioritariamente para satisfacer las demandas del sector turístico. No sucede lo mismo en el sur de Guayaquil donde el investigador pudo constatar el abandono de camellones o campos elevados en llanuras húmedas con canales de menor anchura que los sistemas hidráulicos propiamente dichos y que han sido disecados para drenar el exceso da agua, quedado convertidos en pantanos.

Esta tecnología ha permitido, desde tiempos prehispánicos, la agricultura a 3800 metros de altura sobre el nivel del mar en el altiplano peruano-boliviano, ya que al hacer las zanjas propias de los surcos del camellón se evita la incidencia del las heladas entre los 15 y 20 cm de altura donde las plantas son más sensibles, "lo que hace del camellón un excelente regulador micro climático-, aseguró el investigador.

De acuerdo con Herrera, en relación con estos procesos de recuperación no se trata solamente de preparar estas tecnologías de aprovechamiento agrícola e hidráulico para gusto de los turistas y como curiosidad arqueológica, para él está recuperación significa proponer estrategias de desarrollo alternativo, y fortalecer las bases de la subsistencia campesina.

De igual forma piensa Francisco Valdez, editor del libro Agricultura Ancestral, Camellones y Albarradas. En su presentación el autor sostiene que "el bagaje de saberes ancestrales sigue vigente hoy como mecanismo para afrontar las necesidades comunitarias. De ellos sale la resistencia a los modelos foráneos que a menudo niegan el valor económico y simbólico de los sistemas tradicionales-.


¿Y en Colombia?

El conflicto armado y la tenencia privada de grandes extensiones de tierra han conspirado contra una investigación sobre la situación del patrimonio tecnológico indígena en el país, comentó el profesor Herrera.

"Algunas aproximaciones en territorio Zenú, en la costa norte colombiana, han permitido entrever preliminarmente el colapso de sistemas hidráulicos por la ganadería intensiva de la región-, aseguró el investigador.

En la zona amazónica existen compilaciones como la de la bióloga Elizabeth Bravo, registrada bajo el título "Ciencia y Tecnología de los pueblos amazónicos-, publicada por la Red de Bioética Prodiversitas. En esta compilación, la autora refiere que "los pueblos indígenas de la Cuenca Amazónica, al igual aquellos que habitan en otras zonas tropicales del mundo, han utilizado, conocido, domesticado, cultivado, mejorado, seleccionado especies de plantas, animales y micro-organismos, convirtiéndolos en creadores de una sabiduría, ciencia y tecnología fuertemente ligada a la biodiversidad-.

Según Bravo, el cultivo de 137 variedades de yuca entre los tukano de la selva colombiana, suponen un gran conocimiento para mantener tal diversificación. Así mismo, reservan las buenas tierras para el maíz, que son los suelos inundados, pues los rendimientos de maíz de zonas de depósito son mayores que en suelos no aluviales.

Ejemplo similar de la capacidad de adaptación al entorno, a partir de su conocimiento y aprovechamiento, de las condiciones naturales, principios básicos de las tecnologías indígenas, es el ofrecido por la arquitectura de un grupo nómada como los Nukak Makú. Según la arquitecta Elizabeth Clavijo, de la Universidad Nacional, los 80 campamentos que construyen al año los Nukak con hojas de seje y platanillo, son elaborados con estética envidiable sin descuidar conceptos básicos como dimensión, forma, función, luz o color.

De esta forma, la imaginación de los seres humanos seguirá redundando en beneficios para alcanzar un entorno óptimo. Los indígenas suramericanos dieron el primer paso hace varios siglos en una dirección que la civilización occidental ha comenzado a revalorar, "tal vez algo tarde-, como concluyó el profesor Herrera.


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