Aviso de cookies

Universia utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para recopilar información estadística sobre su navegación y para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación, pudiendo deshabilitarlas desde su navegador. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.

text.compare.title

text.compare.empty.header

Actualidad universitaria

 
¿Hasta qué punto éste es un tema relevante para la educación superior? Las instituciones de educación superior, ¿deben ocuparse y tomar parte de estos debates? ¿De qué modo pueden asumir un rol activo y participativo ante estos retos? Estas son algunas de las preguntas a las que quiere dar respuesta la convocatoria del II Premio de Ensayo de la Asociación Internacional de Universidades (IAU).

En este artículo, Goolam Mohamedbhai , presidente de la IAU, presenta algunas líneas a seguir, a la vez que invita a participar en esta convocatoria a la comunidad internacional de expertos e investigadores en educación superior.

El año pasado participé en un taller internacional donde hice una presentación sobre de qué modo la educación superior puede contribuir al desarrollo de África. En un determinado momento pregunté al público: ¿saben cuántos Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) existen y, en caso afirmativo, recuerdan al menos la mitad de ellos? Vi que se levantaban un par de manos con gesto dubitativo y que algunos participantes bajaban la mirada en señal de disculpa, mientras que el resto parecían desconcertados.

Éste es el primer gran problema al que se enfrentan la educación superior y los ODM. La inmensa mayoría del personal docente de las universidades desconoce cuáles son estos objetivos, por lo que ni siquiera pueden plantearse de qué modo sus instituciones pueden contribuir a ellos.

Así pues, expliqué que, en el año 2000, los dirigentes de todos los países del mundo se reunieron e hicieron balance del panorama desolador de nuestro planeta. Formularon una visión de cómo querían que fuera su mundo en el futuro: deseaban un mundo donde hubiera menos pobreza y menos gente que pasara hambre; un mundo libre de enfermedades infecciosas, en el que las madres y sus hijos vivieran más años, los niños pudieran acceder a la educación, y las niñas y las mujeres tuvieran las mismas oportunidades en la vida que los niños y los hombres; un mundo que se preocupara por su tan preciado medio ambiente y donde ricos y pobres se dieran la mano por! el bien de toda la humanidad. A continuación los dirigentes elaboraron los ODM y fijaron el año 2015 como fecha límite para su cumplimento.

Cuando enumeré los ocho ODM, surgió otro problema de suma importancia. Algunos rostros perplejos anticiparon la pregunta: ¿son realmente estos ODM de la incumbencia de la educación superior?, ¿acaso no deberían ser responsabilidad de nuestros gobiernos? La mayor parte del profesorado universitario tiene dificultades para relacionar la educación superior con los ODM o, mejor dicho, no puede relacionar el trabajo que llevan a cabo sus instituciones con los objetivos a cumplir. Sin embargo, es obvio que la educación superior puede contribuir y, de hecho, contribuye ya, a alcanzar los ODM.

Es precisamente para concienciar a las instituciones de educación superior de la importancia que tienen para logra! r los ODM que la Asociación Internacional de Universidades (IAU), en colaboración con la editorial Palgrave Macmillan, decidió que el tema del concurso bienal de ensayo 2008, que concede el premio IAU/Palgrave en Investigación de Políticas de Educación Superior, sería la 'Contribución de la educación superior en la consecución de los ODM de la ONU'.

Dicho esto, examinemos con detalle los ODM y veamos de qué forma se relacionan con la educación superior.

Primer objetivo: Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Las regiones que cuentan con la mayor proporción de población pobre son el África subsahariana y el sur asiático. En los países que se hallan en estas zonas, la inmensa mayoría de la población vive en zonas rurales, donde se agrava el problema de la pobreza y la agricultura es la principal actividad. Por consiguiente, las escuelas universitarias y universidades de agronomía desempeñan un papel clave en el impulso del desarrollo agrícola rural mediante la enseñanza, la investigación y los programas de proyección exterior.

De hecho, en estas regiones el desarrollo rural debe impulsarse en todos los ámbitos de la educación superior. En el campo de la ingeniería, por ejemplo, los estudiantes deben estar informados de los materiales con que se han construido los edificios de la zona, de los suministros de agua y de las tecnologías sanitarias adecuadas a las zonas rurales, de las fuentes de energía alternativa, etc.

La Universidad de Estudios del Desarrollo,! en Ghana, creada en 1992, es un notable ejemplo de una institución local de tipo rural que defiende los intereses de los más desfavorecidos, donde en todos los programas los estudiantes deben dedicar un trimestre al año durante tres años a la realización de trabajos de campo prácticos para la comunidad.

Segundo objetivo: Lograr la enseñanza primaria universal. De nuevo, es en las zonas rurales de los países en vías de desarrollo donde se registra un mayor porcentaje de niños no escolarizados. En este sentido, la educación superior puede contribuir investigando las causas del analfabetismo en algunas zonas concretas; organizando programas de alfabetización para padres, que luego pueden decidirse a mandar a sus hijos al colegio; instando a sus alumnos y futuros formadores a inclinarse más por lo! s destinos rurales que los urbanos, etc.

No obstante, la contribución más importante que, sin duda, hace la educación superior al sector de la educación primaria consiste en garantizar que se forman a un número suficiente de profesores para satisfacer las necesidades del país, y que se reciclan los que ya lo son. Se ha calculado que el África subsahariana, donde aproximadamente un 40 % de niños en edad de recibir educación primaria no están escolarizados, necesitaría 1,6 millones de profesores más para lograr la educación primaria universal en el año 2015, lo que supone un trabajo gigantesco.

Tercer objetivo: Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer. Las mujeres pueden desempeñar un papel fundamental en el desarrollo de un país, especialmente en los países en vías de desarrollo. En primer lugar, l! a educación superior debería elaborar las políticas adecuadas para suprimir las desigualdades de género en la educación en todas las esferas. Todavía existen muchas universidades donde la proporción de mujeres estudiantes o docentes es muy limitada, especialmente en el terreno de las ciencias y la tecnología. Las instituciones de educación superior también deberían promover la igualdad de género en todas las actividades docentes, de investigación y de proyección exterior.

Algunas universidades, como por ejemplo la Universidad de Makerere, en Uganda, lo han logrado mediante la creación de un instituto de género para este propósito específico. También cabe citar el célebre ejemplo de la Universidad de Bakht-al-Ruda, de Sudán, que en el año 2005 fundó la facultad del desarrollo comunitario cuyo principal propósito era promover la educación y formar a las mujeres de las zonas rurales del Nilo Blanco (ver esta buena práctica en el Observatorio GUNI 'Universidad y Compromiso Social').

Cuarto y quinto objetivos: Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años y mejorar la salud materna. La mortalidad de niños menores de cinco años es bastante elevada en muchos países y se ha descubierto que educar a las madres aumenta notablemente el índice de supervivencia infantil. Por consiguiente, las instituciones de educación superior deben tener como objetivo educar a las madres por medio de las facultades o departamentos de trabajo social.

El otro factor importante que cabe tener en cuenta para reducir la mortalidad infantil es la vacunación del sarampión. En este sentido, las facultades de medicina, junto con los ministerios de sanidad nacionales, deben ayudar a la campaña de vacunación. En relación con la mortalidad materna, existen indicios de que la mortalidad de las mujeres durante el parto se reduce de forma considerable cuando son asistidas por personal cualificado. Las instituciones de educación superior deberían formar a personal debidamente cualificado, tales como enfermeras y comadronas, para garantizar la asistencia al parto, sobre todo en las zonas rurales más alejadas.

Sexto objetivo: Combatir el VIH/Sida, el paludismo y otras enfermedades. El VIH/Sida es quizá una de las peores amenazas para la salud que existen en el mundo actual, y el África subsahariana es con diferencia la región más afectada. Las instituciones de educación superior pueden ayudar a combatir el VIH/Sida de muchas form as, pero antes que nada es preciso que evalúen las repercusiones de esta pandemia en su propia institución. Deberían disponer de un documento normativo acerca del VIH/Sida y, si es necesario, crear una unidad especializada para coordinar las actividades relacionadas con el VIH/Sida en su entidad, incluir el tema del VIH/Sida en sus planes de estudio, promover la investigación y fomentar las actividades dirigidas a la comunidad. También deberían colaborar con otras instituciones de su país o incluso de su propia región para adoptar una forma coordinada de abordar el problema. Un ejemplo interesante de colaboración regional son las Antillas, donde en el año 2004 fue creada una Cátedra regional Commonwealth-Unesco de educación sobre el VIH/Sida en la Universidad de las Indias Occidentales para coordinar la contribución de la educación! superior en el VIH/Sida.

Séptimo objetivo: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Promover el desarrollo sostenible es un gran reto internacional en el que la educación superior debe desempeñar un papel fundamental. Las instituciones de educación superior deben formar a profesores concienciados de la importancia que tiene promover el desarrollo sostenible en las escuelas, así como la elaboración de planes de estudios que incluyan la materia del desarrollo sostenible. De hecho, todos los planes de estudios de educación superior, ya sean de ciencias puras o aplicadas, o bien de ciencias sociales y humanidades, deben ser revisados, no tan sólo para introducir el concepto de desarrollo sostenible, sino también para orientar el planteamiento y los métodos docentes (multidisciplinarios e interdisciplinarios, de trabajo en equipos, basados en proyectos) hacia un futuro sostenible. Las instituciones de educación superior también pueden preparar programas adecuados para formar a profesionales imprescindibles, tales como ingenieros, arquitectos, economistas, etc., en aspectos relacionados con el desarrollo sostenible.

Por último, las instituciones de educación superior están bien posicionadas para dedicarse a la investigación y al desarrollo en los ámbitos del desarrollo sostenible. De hecho, la educación superior debe desempeñar un papel importante en la Década de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible.

Octavo objetivo: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo. Para que las instituciones de educación superior desempeñen un papel significativo en la consecución de los OMD, primero deben ser eficaces y efectivas. Esto no es ! lo que ocurre en muchos países. Las diferencias entre las instituciones de educación superior, sobre todo entre las del norte y las del sur, son muy patentes. Ahora más que nunca es preciso que colaboren todos los organismos de educación superior, y las entidades internacionales que puedan actuar como donantes o financiadoras deben considerar la educación superior como una de sus máximas prioridades.

Esta enumeración es meramente indicativa. Debe haber muchos más ejemplos de contribuciones que la educación pueda hacer a los OMD. Con el Premio de Ensayo 2008, la IAU espera recopilar un variado repertorio de experiencias y sugerencias en este campo tan importante, así como difundir ampliamente las contribuciones más interesantes e informativas entre el público internacional de las instituciones de educación superior. Para saber más acerca del premio, se puede consultar el web de la IAU. El nombre de los ganadores del premio será anunciado en la decimotercera conferencia general de la IAU, que tendrá lugar en Utrecht del 15 al 18 de julio de 2008.

 Goolam Mohamedbhai es el actual presidente de la Asociación Internacional de Universidades. De 1995 a 2005 desempeñó el cargo de vicerrector de la Universidad de Mauricio. Estudió Ingeniería Civil en la Universidad de Manchester (Reino Unido), donde se licenció y doctoró. Más tarde realizó su investigación de pos! doctorado en la Universidad de California, Berkeley, tras recibir una beca Fulbright-Hays. Ha llevado a cabo consultorías y estudios para el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá, la Comisión Económica de la ONU para África, el Centro de la ONU para los Asentamientos Humanos (Hábitat), la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para África y la Asociación de Universidades Africanas. Ha sido nombrado presidente de varias asociaciones universitarias. En la actualidad preside el Comité Científico Regional para África del Foro de la UNESCO sobre la Educación Superior, la Investigación y el Conocimiento. Ha desempeñado también el cargo de director del Banco Estatal de Mauricio (2003-2006). Se le ha concedido un doctorado honorario en la Universidad Mykolas Romeris de Lituania y en el Instituto de Gestión Empresarial de Ka! rachi, Pakistán.

* Artículo publicado originalmente en el boletín electrónico de la GUNI, Global University Network for Innovation. Para más artículos y suscripción gratuita al boletín, visite este enlace.

  • Fuente:


Tags:
Comentar

Comentarios

    Ver 20 más

    AÑADE TU COMENTARIO

    Ver más