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Actualidad universitaria

 
El proyecto, que forma parte del Plan de Regularización y Manejo del Campus, es liderado por el profesor Luis Hernando Blanco y consiste básicamente en clasificar los residuos según la reglamentación nacional actual. Por un lado, están los no peligrosos (biodegradables, reciclables, ordinarios e inertes) y por el otro, se encuentran los peligrosos (químicos, infecciosos y radioactivos).

Una vez clasificados, el personal encargado del aseo y mantenimiento se dedica a recolectarlos y transportarlos a sus respectivos puntos de almacenamiento, que son los siguientes: el centro de acopio de residuos sólidos reciclables, el de residuos ordinarios, el de residuos químicos, el centro de compostaje y el horno incinerador.

Según Giovanny Bernal, encargado del centro de compostaje, lugar en el que se almacenan los residuos biodegradables (en especial aquellos restos de comida provenientes de las cafeterías), "a través de los procedimientos que aquí se realizan se han podido transformar los residuos en compost", es decir, en abono orgánico, cuyo uso es frecuente en la agricultura y en la jardinería.

Gracias a ello, la cantidad de residuos aprovechables ha aumentado, lo que significa una reducción significativa en la cantidad de basura que se envía al relleno sanitario Doña Juana.

Octavio Leyton, encargado del centro de acopio de residuos químicos (por ejemplo, fármacos, reactivos, aceites usados, entre otros), asegura que "la Universidad Nacional clasifica y recoge los residuos químicos y luego los entrega a una entidad externa autorizada", la cual se encarga de la disposición final.

El horno incinerador, adquirido por la Universidad en el año 1999, es el lugar en el que se incineran los restos humanos y animales (por ejemplo, fluidos corporales, placentas o cadáveres de animales que fueron usados en experimentos) y el material vegetal contaminado, como es el caso de las gasas, los algodones y los guantes que tuvieron contacto con sangre, materia orgánica o fluidos corporales. Una vez termina el proceso crematorio, las cenizas resultantes son enviadas a la celda de seguridad de Doña Juana.

En estos centros de acopio, así mismo, estudiantes de varias facultades realizan experimentos, prácticas profesionales y trabajos de investigación, lo que les permite involucrarse y participar activamente en pro del medio ambiente. No obstante, como es lógico, hay personas a las que no les interesa el proyecto, o lo que es peor, el cuidado de la naturaleza.

Por ello, el grupo UN-Ambiente ha repartido a la comunidad universitaria cerca de 15.000 folletos en los que se explica detalladamente qué es el Sistema de Gestión Ambiental y para qué sirve. Esto con el fin de generar conciencia sobre los beneficios del proyecto.

Se calcula que aproximadamente 120 millones de pesos es el presupuesto anual del Sistema de Gestión Ambiental, una suma bastante significativa que será donada por las directivas de la Universidad. Según el profesor Blanco, "el proyecto no es rentable en términos económicos, pues no fue diseñado para tal fin. Pero, la idea es muy práctica en términos ambientales porque se "está enviando al relleno sanitario apenas el 30% de los residuos que se producen, mientras el 70% restante se está transformando".

Tal como lo menciona Andrés Torres, químico de la Universidad Nacional, "se ha logrado fomentar una cultura ambiental al interior del campus, entendiendo que cuidar el entorno no puede ser simplemente un deber, sino también una obligación". Vale la pena aclarar que, a diferencia de las campañas de reciclaje impulsadas por varias comunidades universitarias, el Sistema de Gestión Ambiental cuenta con una clasificación científica exhaustiva y adecuada. Si bien es cierto que el reciclaje es una medida muy recurrente, en especial por los bajos costos que implica, lamentablemente no es suficiente. Por ello, el profesor Blanco pretende impulsar su proyecto por toda Colombia, comenzando, por supuesto, por las distintas sedes que la Universidad Nacional tiene en nuestro país.


El proyecto en otras universidades
En la Universidad del Rosario, en su sede de la Quinta de Mutis, funcionan la Facultad de Rehabilitación y Desarrollo Humano y la Facultad de Medicina, cuyos instrumentos de trabajo (tijeras, gasa, algodón, etc.), terminan siendo residuos -tanto peligrosos como no peligrosos- a los que se les debe dar el manejo adecuado.

Según Juan Luis Mendoza, coordinador de servicios administrativos de la Universidad del Rosario, la Universidad conoce y clasifica los residuos según la reglamentación nacional actual. Pero, no dispone de los centros de acopio que tiene la Universidad Nacional, razón por la cual el manejo que se le da a los residuos es apropiado pero insuficiente. En síntesis, habría que evaluar la posibilidad de construir unos centros de acopios iguales o similares a los de la Universidad Nacional para así poder realizar un manejo adecuado de los residuos.

"La Universidad del Rosario podría emplear un sistema mucho más básico en principio, pues su sede es más pequeña en comparación con la sede de la Universidad Nacional", asegura el profesor Blanco. Pero, de acuerdo con el proyecto de traslado de sede, los alumnos rosaristas de pregrado estudiarán en el norte de la Capital, incluidos los de las Facultades de Rehabilitación y Desarrollo Humano y Medicina.

Así, el campus será mucho más extenso, la comunidad universitaria seguramente crecerá en términos cuantitativos y, por tanto, los residuos serán mayores. Esto indica, en pocas palabras, que la Universidad del Rosario podría aplicar el Sistema de Gestión Ambiental en el largo plazo si lo considera necesario, y seguramente lo será.

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