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El feminicidio se agrava cada vez más en Colombia

      
El feminicidio se agrava cada vez más en Colombia
En la sociedad colombiana persiste el número elevado de casos de violencia contra la mujer. Fuente: Flickr. Autor: kennyrivas.
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Pese a las campañas para combatir la violenciacontra la mujer, el panorama es alarmante. De eso da cuenta el asesinato de 645 mujeres en el primer semestre de 2012, según el Instituto de Medicina Legal.

Las pesquisas, en su gran mayoría, conciernen a crímenes relacionados con violencia sexual
. No en vano el país se sitúa en los primeros lugares en América en feminicidios. Muestra de ello son los 1.415 homicidios de mujeres registrados en el año 2011, sin contar los maltratos y discriminaciones, entre otros abusos, de los cuales son víctimas.

Según Yolanda Puyana, profesora de la Escuela de Estudios de Género de la UN, la violencia contra la mujer ha sido una tradición histórica que hasta ahora se está evidenciando más fuertemente. “Ahora la sociedad y el Estado son más conscientes de este fenómeno”, afirma.

Manifiesta que estos feminicidios tienen unas características muy especiales que hay que revisar. Es una forma de asesinato relacionada con la pasión, con la necesidad de los hombres de hacerlas su propiedad o de vengarse porque ese cuerpo ya no le pertenece.

En otras palabras, se trata de una forma de amor que es compulsivo, en el que la mujer no tiene derecho a pensar ni a sentir.

“Esto tiene que ver con una forma de pensar patriarcal muy antigua, pero también con los conflictos que ahora se presentan cuando las mujeres son más independientes y los hombres no aceptan ese cambio”, cuenta.

Para Miryam Jimeno, profesora del Departamento de Antropología e investigadora del CES de la UN, la actual situación contrasta con algunos sucesos recientes, entre ellos tres noticias que llaman la atención, dos en Colombia y una en Argentina.

La primera es que, en dicho país, fue aprobada en la última semana la ley contra la muerte por razones de género, contra el feminicidio, cuya pena, tras un largo debate, es la cadena perpetua.

“Esta situación es similar a la colombiana, en el sentido de la persistencia de la violencia contra las mujeres, del asesinato de mujeres a mano de sus parejas”, señala.

La segunda es la interesante normativa del Ministerio de Defensa que busca sancionar y educar para prevenir la violencia sexual contra la mujer por parte de los miembros de las fuerzas armadas.

La tercera es que se demostró la injusticia que se cometió en el caso de Ana Rodríguez, una campesina antioqueña que pagó y sufrió seis años de cárcel tras ser acusada de la muerte de su bebé.

“Son tres eventos que muestran un lado preocupante. En la sociedad colombiana persiste el número elevado de casos de violencia contra la mujer, incluso de los que llamamos crímenes pasionales. Pero, a su vez, se vislumbra un trabajo de sectores de la sociedad civil que va dando frutos en normativas y en educación, para disminuir y, en lo posible, sancionar de manera drástica todas las formas de violencia relacionada con la condición de ser mujer”, asegura.

Para ella, no es clara la idea de que sea útil usar al feminicidio como una categoría penal. Sin embargo, cree que todo lo que se haga en la sociedad para educar a hombres y a mujeres en lo inaceptable del uso de la violencia es indispensable.

“En eso, los medios, la universidad, los investigadores y los profesores cumplimos un papel fundamental. La clave no es tanto que adoptemos o no el término, sino que nos sintamos todos en la condición de educar a quienes están a nuestro alrededor en lo inaceptable del uso de la violencia, especialmente contra las mujeres”, indica.

Señala que es fundamental crear condiciones en las cuales sea inadmisible e inaceptable ejercer violencia contra alguien por el hecho de ser mujer, para someterla u obligarla a hacer algo que no quiere (por ejemplo, la intimidación sexual como arma de guerra, tal como la han usado en Colombia los diferentes bandos armados).

Yolanda Puyana expresa que la academia tiene que hacer un planteamiento que sugiera un cambio profundo de todos los imaginarios que legitiman la violencia contra la mujer, con los cuales tristemente se establece una relación “amorosa”, pero que están más bien cargados de tortura y maltrato permanente.

“Debe haber un cambio cultural profundo que evite esas formas de venganza en las relaciones de pareja”, asevera.

Finalmente, manifiesta que hay que tomar más medidas para que las cárceles en verdad ejerzan su función como medios efectivos de control.

“La idea es que no se repita el caso de Rosa Elvira Celi, cuyo asesino había estado en la cárcel por maltrato contra las mujeres y no pasó nada, porque hay una impunidad total”, afirma.

Y agrega: “más que nuevas leyes, se requiere más control y cambios educativos; que el sistema de justicia haga cumplir sus normas, porque es absolutamente ineficaz”.

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