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¿Cuánto de europeo, amerindio y africano hay en sus genes?

      
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Caras vemos, genes no sabemos.
El rostro de una persona puede ser revelador. Sus rasgos no solo tienen que ver con la concepción de belleza, sino que además pueden dar pistas sobre su pasado.¿Qué tanto porcentaje de amerindio, africano o europeo tienen los colombianos en sus genes? Esa es una pregunta que hace más de diez años se vienen haciendo los integrantes del Grupo de Investigación en Genética Molecular de la Universidad de Antioquia.

Desde hace 2 años, los investigadores, al mando del profesor Gabriel Bedoya, se embarcaron en Candela ―Consorcio para el Análisis de la Diversidad y Evolución de Latino América―. Se trata de un pacto entre investigadores de México, Argentina, Perú, Chile, Brasil y Colombia, que con el apoyo de The Leverhulme Trust del Reino Unido, buscan calcular el porcentaje genómico en estos paises, puesto que fueron conformados por una mezcla de tres poblaciones continentales: europea, amerindia y africana.

Hasta el momento, cerca de 1.300 personas han pasado por la pesa y el metro de Candela Colombia; les han medido sus labios, su rostro, su cintura y cadera; han posado para varias fotografías; con un aparato les han medido el color de la piel; han llenado una encuesta que pregunta por sus antepasados; y extendieron el brazo para que después de un pinchazo puedan desenmarañar su ADN. Los investigadores esperan llegar a los 1.700 voluntarios, la misma cifra que será analizada en los otros países.

“Vamos a hacer un barrido genómico. Eso nos va a dar una idea muy buena de genes que intervengan, por ejemplo, en los pómulos altos o bajos, el ojo rayado, el lóbulo pegado a la oreja o la calvicie. Esas cosas no se estudian normalmente”, dijo Bedoya.

Esta información fortalecerá el estudio de los genes implicados en rasgos que presenten diferencias entre las tres poblaciones ancestrales, sean normales como el color de la piel o la forma de la cara, hasta rasgos patológicos como la diabetes, la hipertensión, el cáncer, la obesidad o enfermedades psiquiátricas. Además, los datos que allí se recojan serán insumo para investigaciones y aplicaciones que tienen que ver con la mezcla genética ancestral en campos como la fármaco-genética, la epidemiología, las ciencias forenses y la historia demográfica.

Fenómenos sociales como la esclavitud dejaron manchas atroces en la historia. Aún hoy impera el racismo y la segregación social en Latinoamérica. Por ello, Bedoya y su grupo de investigadores creen que su estudio también tendrá consecuencias sociales en cuanto a los conceptos de raza, identidad y autodeterminación.

“Este nuevo conocimiento de la historia genética ha de servir para dirimir los cuestionamientos asociados a raza, nación y etnicidad que aún existen, pues la gran mayoría de los habitantes de América Latina tenemos un genoma conformado por diferentes porcentajes de europeo, amerindio y africano, que no siempre concuerda con el color de la piel”, explicó Bedoya.
 

Un camino de hallazgos

Aunque esta investigación está en marcha hace casi 2 años, el grupo de investigación Genmol ya tiene un importante recorrido en el tema. “A partir del Genoma del Desarrollo Humano, que se concretó en el 2001, se inició un trabajo muy fuerte sobre el tema. Lo que se busca es mirar el origen molecular de enfermedades comunes. Para estudiar eso hay que conocer muy bien a las poblaciones”.

Uno de los pioneros de este grupo fue el profesor Andrés Ruiz Linares, quien ahora es docente en la University College of London. Aunque Ruiz se desplazó a Londres desde 1998, mantuvo contacto con el grupo y además fue el creador del consorcio Candela.

En 2001 los integrantes de Genmol se dieron a la tarea de averiguar cuál era el porcentaje de linajes paternos europeos en los antioqueños. El hallazgo: la población antioqueña está primordialmente formada por hombres españoles europeos y cerca del 90 por ciento por mujeres amerindias.

Esta conclusión le permitió al grupo de investigación presentar a Antioquia como una población genéticamente especial. “Antioquia se funda a finales del siglo XVI y empieza a crecer desde adentro. Se ve mucho la endogamia, o matrimonios consanguíneos. Y dos siglos después trajeron españoles para blanquear la población. Así se fue diluyendo el colorcito café”, explicó Bedoya.

En las poblaciones genéticamente especiales se encuentran genes involucrados con enfermedades, puesto que se da el llamado efecto fundador. “Es el caso, por ejemplo, del Alzheimer. Viene un español, funda y se riega ese gen y no entran otros genes diferentes”, contó Bedoya.

Genmol también ha trabajado con los habitantes de San Basilio de Palenque. Sin embargo, allí y en general en la zona del Chocó, un análisis genético semejante es complejo pues en la época en que traían a los primeros esclavos, de distintas regiones de África, éstos eran mezclados para que no pudieran comunicarse entre sí. “En Palenque vamos a empezar un trabajo fuerte para ver esa variedad de linajes, porque no logramos dilucidar de qué parte de África específicamente son sus habitantes”.

Lo que sí lograron los investigadores es secuenciar el ADN de cerca de 90 medellinenses, escogidos al azar, que hacen parte de una gran base de datos mundial llamada 1.000 Genomas. Este proceso puede costar cerca de 300 mil dólares por persona, una inversión nada despreciable que entrega información con benéficas aplicaciones, por ejemplo, prevenir enfermedades como el cáncer.

El conocimiento que estos investigadores han logrado sobre las raíces genéticas de los antioqueños, les está permitiendo enfocarse en diversas mutaciones de los paisas: el Parkinson, Alzheimer, hipertensión arterial, lepra y la obesidad en adultos y adolescentes, por ejemplo.
 
 
¿Cómo participar en Candela?

Para participar en Candela es necesario que el voluntario sea colombiano, de padres o de abuelos colombianos; tenga entre 18 a 40 años; si es mujer no debe estar en embarazo; no puede tener cirugías plásticas extremas en el rostro (se permiten rinoplastias); y no debe haber sufrido accidentes graves que hayan modificado la anatomía normal de la cara.

Toda la información que se obtenga en el estudio es completamente confidencial, pues su nombre será reemplazado por un código. Además, los voluntarios obtendrán como resultado su porcentaje de mezcla de ancestría amerindia, europea y africana.





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