text.compare.title

text.compare.empty.header

Noticias

Parálisis facial cambia células nerviosas del cerebro

      
Imagen relacionada
Parálisis facial cambia células nerviosas del cerebro.
Las células en la corteza motora primaria cambian dramáticamente como resultado de una lesión periférica del nervio facial. Así lo aseguran Alejandro Múnera, de la Facultad de Medicina, y Julieta Troncoso, del Departamento de Biología, quienes, durante los últimos seis años, han trabajado en un modelo de parálisis facial en ratas.

“Los cambios dramáticos se traducen en que las células reducen el tamaño de sus ramificaciones, aumenta su excitabilidad y no responden a estímulos sensoriales de la cara. Además, incrementan la expresión de ciertas proteínas o dejan de producir algunas”, explicó el experto.

Agregó que las dendritas (prolongación de las neuronas) se retraen y presentan cambios en cuanto a la expresión de ciertas proteínas. Asimismo, las neuronas adquieren la capacidad de producir proteínas, algo que normalmente solo hace la glía (el otro tipo de célula del sistema nervioso). El único antecedente que se tiene en el cual ocurre esto es en el cerebro de personas con el mal de Alzheimer.

“Tenemos todo un panorama acerca de que las células de la corteza tienen un cambio dramático: no solo las neuronas lo hacen, pues sus compañeras, la glía y la microglía, también se activan”, precisó el profesor.

Aunque los investigadores desconocen las causas y los efectos de estos cambios, señalan que probablemente se dan porque, cuando hay una lesión en las fibras del nervio facial, algunas células del núcleo facial mueren, pero la mayoría hacen retraer sus dendritas, por lo cual las células de la corteza se quedan sin células sobre las cuales actuar. “Estas pierden dianas sinápticas y, si eso pasa, entonces las células de la corteza están obligadas a encontrar otras. Por eso, por ejemplo, ellas sintetizan proteínas, para hacer terminales sinápticas”, explicó Múnera.
 

Modelo de investigación

En su modelo, los profesores Múnera y Troncoso les paralizan los bigotes a las ratas, de forma provisional o definitiva. Por medio de estos, los animales son capaces de detectar las texturas del medio que las rodea. Así, los investigadores analizan los cambios que se producen en el sistema central como respuesta a una lesión periférica.

Lo que hacen, explicó el profesor, es mirar qué cambios hay en el sistema nervioso central después de la parálisis, pues muchas personas quedan con secuelas. “Esto se hace fundamentalmente para entender cuál es el sustrato de las dificultades que quedan a largo plazo en las personas con parálisis facial. Tradicionalmente, esas consecuencias han sido atribuidas a un defecto en la regeneración de las fibras nerviosas dentro del nervio. Pero, además de eso, se observan cambios drásticos en la corteza cerebral, que pueden ser el sustrato de algunas de las secuelas que tienen las personas con lesiones del nervio facial”, advirtió.

Agregó que, aunque en el modelo no se daña la capacidad sensorial de los bigotes, las ratas pierden la capacidad de detectar la información táctil, lo que genera un desbalance, que es la razón más probable para que las dendritas se retraigan.

“Al dejar de recibir esa información, lo que más les conviene a estas células es disminuir su arborización porque no la necesitan, no les resulta útil. Y, probablemente, la activación de la glía se da para ayudar a las células a deshacerse de esas ramificaciones, que ahora son superfluas, y a remodelarse”, explicó el investigador.

Múnera añadió que, aunque las células se vuelven más excitables, cuando las lesiones son irreversibles hay una menor respuesta a los estímulos de los bigotes.

“Lo que estamos demostrando es que, además, es necesario estudiar la plasticidad de la corteza motora porque esta puede resultar contraproducente para que, posteriormente, se recupere correctamente el movimiento de la cara. No hay que prestarle solo atención a lo que ocurre en el nervio, pues lo que pasa en la corteza es un aporte fundamental. Hay que buscar, entonces, maneras para asegurar que esas alteraciones corticales sean mínimas, de tal forma que los procesos de recuperación de la función motora tengan mayor éxito”, concluyó.

 



Tags:

Aviso de cookies: Usamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para análisis estadístico y para mostrarle publicidad. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.