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Decana de Enfermería recibió el premio Susan Pollock

      
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El Premio Susan Pollock a un trabajo de investigación fue para la tesis doctoral presentada por María Elisa Moreno Fergusson y la doctora Pilar Amaya Rey.
Una idea que cobra aún más vida si pensamos en que las personas que sufren una lesión de la médula espinal –en un accidente, por ejemplo– presentan una alteración irreversible de las vías nerviosas, motoras, sensitivas y del sistema nervioso autónomo, que llevan la información al cerebro y de allí hacia el resto del cuerpo.

Es un cambio de tal magnitud, que en un instante les altera completamente la vida. Esto significa,  estar metidos en un cuerpo que no se mueve ni se siente como antes, pasar de ser productivos y autónomos a ser dependientes de otras personas y necesitar mucha ayuda para realizar las actividades básicas (por lo menos en la primera etapa), necesitar de equipos y aditamentos, para realizarlas, debido a la  pérdida completa de la sensibilidad, el movimiento voluntario por debajo de la lesión,  y el control de esfínteres.

Lo cierto es que a partir de su experiencia con el cuidado de personas con lesión medular en  la Clínica de la Universidad de La Sabana, ella, junto con la doctora Amaya, se dieron a la tarea de hacer una exhaustiva revisión bibliográfica y encontraron  muchas investigaciones emprendidas desde el campo de la medicina y la farmacología, enfocadas en cómo lograr que las neuronas se regeneren; en tratamientos que buscan restablecer esa comunicación perdida en las neuronas para aliviar las secuelas (tono muscular, control de esfínteres, fisioterapia), y en comprender la experiencia y el impacto social propio de una condición de discapacidad.

En este camino, encontraron los planteamientos de filósofos han hablado del tema, como Heidegger y  Merleau-Ponty, e interesantes planteamientos vistos desde una perspectiva antropológica, en la que desde entonces se afirma que el cuerpo es el vehículo del ser en el mundo.

Sin embargo, en esta búsqueda no encontraron estudios sobre cómo perciben su cuerpo las personas con lesión medular, razón que las motivó a elaborar el trabajo en mención, pero en especial porque es una mujer enamorada de la enfermería y consciente del alcance que pueden tener muchos cuidados sencillos o una orientación fundamentada. “Para nosotras las enfermeras esta información es muy importante porque a través de los cuidados de enfermería los podemos ayudar a re- conocer su cuerpo que ha cambiado y a descubrir una nueva normalidad, a partir de lo que perciben y sienten. Es una oportunidad inmensa que tenemos para poderlos ayudar”, recalca.
 
 
Hacia una nueva normalidad

‘Cuerpo y corporalidad en la paraplejia: una teoría de enfermería’ es un estudio cualitativo, que contempla entrevistas de profundidad, producto de las cuales se genera una información que se somete a un proceso de codificación y categorización. Es como armar un rompecabezas con los datos suministrados por los participantes, para hacer una teoría fundamentada.

“Escogimos personas que tuvieran una paraplejia, pero que no tuvieran ningún trauma cerebral asociado, quienes me contaron su experiencia de cómo volvieron a aprender a conocer su cuerpo”, dice la doctora Moreno.

¿A qué se refiere? El cuerpo les da una serie de pistas diferentes, que con el tiempo aprenden a interpretar y a controlar:

En la primera etapa o fase de shock medular no hay actividad refleja por debajo del nivel de la lesión, es decir que el tono muscular se pierde, lo que puede traer inconvenientes en términos de úlceras de presión y otras complicaciones  por reposo prolongado. Al perderse la percepción de cansancio al estar en una misma posición, hay que hacer consciencia de ello y del tiempo que permanecen así las partes del cuerpo, para cambiarlas y evitar problemas de salud asociados.

Pero una vez pasa esta fase, ellos empiezan a percibir sensaciones. “Uno de los participantes del estudio nos decía que él comenzó a sentir hormigueo, que un día descubrió que esa sensación se asociaba con el deseo de ir al baño y que así logró controlar la eliminación; o algo tan sencillo como bañarse, que adquiere una connotación especial cuando se hace consciente del placer que produce el agua sobre la piel. Todo ayuda en su proceso”, explica María Elisa.

Obviamente, es un proceso que varía de acuerdo con cada paciente.
Para muchos, los tres primeros años son muy difíciles, pero hay personas a las que les toma más tiempo adaptarse a la condición y, además, no es un proceso lineal, sino que a veces hay eventos que los hacen volver a vivir momentos críticos y la dificultad de no poder hacer las cosas por si mismos, como las actitudes de la gente o enfrentarse a una situación nueva, que puede ser muy bonita, como tener un hijo, pero que no se puede vivir de la manera que se había soñado.

Lo cierto es que en la medida en que se reducen las complicaciones –continúa Moreno– se evitan estancias prolongadas de hospitalización, disminuyen costos de salud y lo más importante: se favorece todo el proceso de rehabilitación.

 
Tres conclusiones del estudio

La capacidad de adaptación que tiene el ser humano. Es admirable cómo las personas logran superar las situaciones adversas y darle continuidad a la vida que llevaban antes de un accidente de este tipo.

La necesidad urgente de entender el cuerpo no como un objeto, sino como aquel vivido por la persona. En la medida que el personal de salud y en particular las enfermeras comprendan muy bien esto, cambia la perspectiva de la atención, que pasa a un plano más humano. Según la autora, es muy importante que en los equipos de rehabilitación, que deben ser interdisciplinarios, participe una persona en condición de discapacidad, porque más allá del conocimiento teórico y de la habilidad, es necesario tener presente el día a día que ellos viven.
 
En el templo de las barreras arquitectónicas. Nos falta hacer consciencia de este tema. Para no ir tan lejos, en todos los parqueaderos hay estacionamientos para personas con discapacidad, que terminan ocupados por embarazadas, personas con muletas o bebés con coches, y resulta que llega alguien en silla de ruedas y no puede utilizar el espacio. Está la normatividad, pero no se cumple (salvo en algunas excepciones), y el resultado son escaleras que impiden el paso, difíciles desplazamientos en bus, puentes peatonales aterradores, puertas estrechas, etcétera. “Si ellos no encontraran estos impedimentos, no tendrían ninguna limitación para ser lo que quieran, además porque son personas sobresalientes”, asegura la decana de Enfermería de la Universidad de La Sabana, quien está convencida de que a veces tiene uno más limitaciones que ellos.
 
 
El Premio Susan Pollock

La Asociación de Adaptación de Roy (RAA) es una sociedad de enfermería que busca avanzar en la práctica de esta profesión mediante el desarrollo de los conocimientos de enfermería básica y clínica basada en el Modelo de Adaptación de Roy. Fue fundada en 1991 y está conformada por médicos, académicos, investigadores, estudiantes e instituciones.

Vale la pena destacar que Callista Roy es una teórica de enfermería, creadora del Modelo de Adaptación, que dice que las personas están en continua interacción con el ambiente y se adaptan a las diferentes circunstancias. En este contexto, la Facultad de Enfermería de la Universidad de La Sabana adoptó dicho modelo como un referente para el desarrollo de las asignaturas en el Plan de Estudios, por lo que desde hace muchos años hace parte de la Roy Adaptation Association.

En cuanto a la distinción, la RAA anualmente otorga el Premio Susan Pollock a un trabajo de investigación, tras someterlo a la evaluación de un jurado internacional. En su última entrega, en la que se presentaron cerca de 20 propuestas de diversos países, este reconocimiento fue para la tesis doctoral presentada por María Elisa Moreno Fergusson, decana de la Facultad de Enfermería y rehabilitación de la Universidad de La Sabana, y la doctora Pilar Amaya Rey, profesora titular de la Universidad Nacional de Colombia, el cual le sirvió para recibir su título como doctora en Enfermería de esa institución.
 

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