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¿Se reforesta América Latina?

      
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En la mayoría de lugares, la reforestación es un efecto indirecto del cambio socioeconómico. Foto. Ingimage.com.
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El estudio, publicado en Biotropica el 3 de agosto, es el primero en analizar la reforestación y la deforestación regional simultáneamente.

Usando datos satelitales, los investigadores estudiaron la cobertura forestal de más de 16.050 municipios de los 45 países de América Latina y el Caribe. También analizaron la relación entre los cambios en la vegetación boscosa y las variables demográficas y medioambientales, como la migración y la urbanización.

Como se esperaba, la deforestación sigue siendo el proceso dominante: hay una pérdida de vegetación de cerca de 542.000 kilómetros cuadrados en el periodo 2001-2010.

De otro lado, los investigadores observaron reforestación en aproximadamente 362.000 kilómetros cuadrados, especialmente en las regiones demasiado áridas o abruptas para la agricultura. Es importante señalar que el estudio reveló que más del 40 por ciento de expansión de la vegetación boscosa ocurrió en el desierto o en áreas de matorrales xerófilos (muy secos).

T. Mitchell Aide, profesor de biología en la Universidad de Puerto Rico y autor principal del estudio, dijo a SciDev.Net que la reforestación ocurrió principalmente en las grandes áreas deforestadas, que son poco usadas, lo que permite, por lo tanto, que una pequeña proporción del área se recupere de forma natural.

Sin embargo, dijo no haber visto evidencia de que el proceso de reforestación haya sido estimulado por políticas de conservación o intervención humana directa.

“Colombia […] tenía el nivel más alto de reforestación [principalmente] en los Andes”, expresó Aide. “En esta región, la violencia fue un factor importante, porque causó la migración de millones de habitantes del campo. Parece que en la mayoría de lugares, la reforestación es un efecto indirecto del cambio socioeconómico”, añadió.

En los matorrales de los desiertos de Brasil y México, los factores demográficos —así como el aumento de los niveles de lluvia— conllevaron al aumento del bosque: en México, la violencia asociada al comercio ilegal de drogas fue un factor fuerte, mientras que en el noreste de Brasil, el descenso de la actividad agrícola en la región de Caatinga jugó un papel esencial.

No obstante, pasarán años antes de que los nuevos bosques puedan aportar tanta flora y fauna como las áreas no perturbadas.

“Este es un estudio útil e importante”, afirmó Dominick Spracklen , investigador de la Universidad de Leeds.

“Sin embargo, no creo que esté claro lo que está ocurriendo en esas regiones”, subrayó. Por ejemplo, dijo, es probable que la mayor precipitación regional de la pasada década sea parte de un ciclo natural potencialmente reversible y no de una tendencia a largo plazo.

“La relativa imperfección de las observaciones de los satélites usados aquí es también un problema potencial resaltado por los autores”, añadió Spracklen. “Estos datos de baja resolución pueden pasar por alto la agricultura de pequeña escala y la degradación forestal, lo que significa que las tasas brutas de deforestación pueden estar subestimadas. Esto también hace más difícil identificar qué está causando el aumento de la vegetación boscosa”, concluyó.

 






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