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Un Banco de Sangre de calidad

      
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El Banco de Sangre de la Clínica León XIII es uno de los 93 con que cuenta el país y uno de los 12 del departamento de Antioquia.
¿Qué puede reemplazar la sangre? Nada. Pese a los adelantos científicos y ensayos clínicos, aún no existe un sustituto completo de ese líquido vital. Así que no es gratuito que ese lugar donde se conserva como un valioso tesoro se llame “banco”. Éste, sin embargo, es bastante diferente a sus homólogos porque, tal vez, su única tasa de interés es el altruismo.


“Cuando alguien dona sangre está entregando un pedacito de su vida para salvar otra” , dijo Grisel Vásquez Builes,coordinadora del Banco de Sangre Clínica León XIII, un servicio de extensión de la Escuela de Microbiología de la Universidad de Antioquia, que el 21 de septiembre del 2012, recibió del Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificación —ICONTEC—, la renovación de la certificación ISO 9001:2008, que reconoce su sistema de gestión de la calidad.


Este banco de sangre, uno de los 93 con que cuenta el país y de los 12 del departamento, recauda unas 1.200 unidades de sangre al mes. Aunque la cifra pareciera holgada, en ocasiones la demanda hospitalaria se desborda y es ahí donde el altruismo convierte a los donantes de sangre en héroes.


Sin embargo, esos héroes son buscados por otros héroes: los profesionales del Banco de Sangre, quienes diariamente visitan universidades y empresas de la ciudad y del Área Metropolitana, para “cazar” donantes.


“Puede haber personas interesadas en donar, pero no todas pueden venir hasta el Banco, así que nosotros vamos a buscarlos”, dijo Grisel. Esos donantes altruistas representan cerca del 70 por ciento de la captación mensual de sangre, el otro 30 es recogido gracias a los donantes por reposición, que son aquellos amigos o familiares de personas a las que les han realizado alguna transfusión.


“Lo que hacemos es pedirle a la familia de esa persona que invite a otras personas para que donen sangre y repongan ese inventario que ya teníamos”.


Hay dos métodos mediante los cuales se extrae la sangre de los donantes. El primero es el método convencional: al donante se le “pincha” el brazo y 450 milímetros de su sangre pasan a una bolsa. Es a ello a lo que se le llama una unidad de transfusión.


El otro método es la donación por aféresis. Éste, a diferencia del convencional, se hace en el Banco de Sangre mediante una máquina especializada que utiliza un equipo estéril para separar selectivamente las plaquetas de la sangre del donante. El aparato extrae ese hemocomponte y luego, el resto de la sangre retorna al donante. El procedimiento, que puede durar entre 60 y 90 minutos, permite salvar la vida de pacientes con leucemia, cáncer, trasplantes y cirugías cardiovasculares.

 
Una consignación muy preciada

Cuando alguien llega para donar sangre, 3 preguntas le siguen al saludo de quien lo recibe en la recepción del Banco de Sangre de la Clínica León XIII: ¿tiene su cédula? ¿Trasnochó la noche anterior? ¿Ha consumido licor previamente? Con ellos se busca que el donante esté en condiciones físicas estables durante la donación.


Si las respuestas son negativas, el procedimiento que sigue responde a estrictos estándares de calidad. Al donante, si es por el método convencional, se le extraen 450 mililitros de su sangre, en un formato se le pide información para determinar factores de riesgo y en otro, sobre la atención que recibió.


También se recogen dos muestras de su sangre. A una de ellas se le hacen pruebas biológicas en las horas posteriores, para determinar que el paciente no tenga VIH, hepatitis B y C, sífilis o chagras. En caso de tener una de estas enfermedades, el donante es contactado por el personal del Banco. Si no las tiene, a la bolsita de sangre se le pone un sello de calidad.


“Con ese sello sé que puedo hacer la transfusión casi con el 100 por ciento de seguridad. Y no digo 100 por ciento porque si alguno de los donantes  mintió durante la entrevista que le hacemos y está encubando un virus, las pruebas biológicas podrían salir negativas, porque para que den positivas tendría que haber un nivel de anticuerpos suficientemente alto en el organismo”, explicó Grisel.


La sangre no se transfunde tal cual como es extraída del donante. Los profesionales del Banco separan los hemocomponentes y luego, según la enfermedad del paciente, se le transfunde el componente requerido. Por ejemplo, las personas que sufren accidentes y tienen hemorragias intensas requieren glóbulos rojos, mientras que aquellos pacientes que tienen problemas en la coagulación de la sangre necesitan plaquetas.


Los glóbulos rojos son conservados a una temperatura de 4 grados centígrados y duran cerca de 42 días. El plasma es congelado a -18 grados y dura cerca de un año. Las plaquetas, por su parte, son más frágiles, deben conservarse en temperatura ambiente y estar en agitación constante.


Por ello, aunque el Banco de Sangre de la Clínica León XIII recibe unas 1.200 unidades de sangre al mes, transfunde en promedio 3 mil. “Porque de una sola donación podemos tener hasta 3 o 4 hemocomponentes, por eso nuestro lema es done sangre, salve tres vidas”, explicó Grisel.


De los 12 bancos de sangre de Antioquia, solo 3 están por fuera del Área Metropolitana: uno en Apartadó y 2 en Rionegro. Por esa razón, la sangre que obtiene el Banco de Sangre de la León XIII también es distribuida a la Clínica Universitaria Bolivariana, el Hospital Manuel Uribe Ángel y a la Clínica Sagrado Corazón.

 
Reconocimiento a la calidad

Según Grisel, Colombia es uno de los países de Latinoamérica donde hay más seguridad en las transfusiones de sangre, pues cuenta con una red nacional que tiene muy claras sus funciones y es estricta en los controles.


Sin embargo, pese al trabajo riguroso de los profesionales del Banco de Sangre, no siempre hay un final feliz para los pacientes a los que les transfunden sangre. Sin embargo, cuenta Grisel, su trabajo es muy valorado. “En septiembre falleció un paciente que utilizó nuestro servicio. Después de su muerte su hermana se comunicó con nosotros para darnos las gracias y ofrecernos su empresa para que fuéramos allá a hacer una jornada de donación”.


En otros casos, ese pedacito de vida que entregan los altruistas al donar su sangre, se convierte en un nuevo motor para que otros sigan en pie.


“Hace poco también dejamos de transfundirle a otro paciente porque ya se recuperó totalmente. Venía diariamente, casi sin poder caminar, muy delgado y pálido, por glóbulos rojos y plaquetas. Gracias a las transfusiones entró en una estabilidad que permitió un transplante de médula ósea. Ahora lleva una vida completament normal”, contó Grisel.


Además de esas ganancias diarias de ese banco del altruismo, la renovación de la certificación entregada por el Icontec representa un incentivo más para ejercer esa labor con una prenda de garantía: la calidad en sus procesos. “Nosotros tenemos claramente descritos nuestros procesos. Podemos rastrear claramente el momento, el donante y la persona a la que le fue transfundida la sangre. Eso nos permite prestar un servicio con mucha más calidad y seguridad”, dijo su coordinadora.

Otros dos servicios de extensión de la Escuela de Microbiología también recibieron  la renovación de la certificación. Se trata del  laboratorio clínico de mediano grado de complejidad, ubicado en la Sede Ambulatoria de la IPS Universitaria; y el laboratorio clínico de alto grado de complejidad de la Clínica León XIII.


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