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Muchos ciudadanos son indiferentes a los problemas medioambientales producto de la educación actual

      
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Política  |  Fuente: Andrés Almeida / Unimedios

A través del diálogo de saberes, El estudiante de maestría de laU.N. Manizales, Juan Carlos Toro, responde algunas preguntas que se crean durante la concepción de la agenda ambiental municipal.

 

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Su tesis encierra el concepto de estética, a partir del sentir de lo ambiental, interpretado desde su complejidad, pensando no solamente que la naturaleza es un recurso natural que se utiliza para fines económicos, como lo hacen algunas corrientes modernas.

 
Después de revisar la agenda de la ciudad, Toro encontró diez puntos fundamentales, organizados en tres grandes tensiones: política, educación y económica.

 
“Desde la política no se están formulando propósitos para la ciudad; en términos educativos, se deben considerar los estándares del desarrollo sostenible y en lo económico, habría que reducir la explotación de los recursos naturales”, argumenta el estudiante.

 
Vale la pena entender la complejidad de dicho pensamiento, cuando no se limita a la creación de esferas a partir del trabajo interdisciplinar.

 
“La agenda ambiental actual es un fracaso completo porque queda plasmada a un libro que nadie lee, producto de una interdisciplinariedad que genera mucha tensión, pues cada profesión se encarga de su parte para luego no trascender”, explica Toro.

 
Ante esta problemática, se hace necesario analizar la situación no desde un campo específico, sino desde un diálogo de saberes.

 
Toro propone que el comportamiento del ciudadano es indiferente, producto de la educación actual, pues está hecha para mostrarle que todo está fraccionado desde los saberes, lo que conlleva a un pensamiento simplificado.

 
En consecuencia, insiste en la importancia de un cambio en la concepción ambiental desde la educación, ya que, por lo general, el tema está sujeto a la biología y a lo “verde”. Esa la consecuencia de una interpretación lineal, que repercute en los documentos públicos.

 
El estudiante también cuestiona a la academia, en el sentido de que se habla de recursos naturales con fines económicos. En este momento, el llamado progreso se critica porque es un concepto incoherente con el andamiaje, pues se ve a través de lo infinito, pero somos finitos.


Finalmente, el autor plantea que la agenda no puede ser discriminatoria y que la academia debe ser parte de su construcción, no solamente para resolver problemas. “No vamos para ningún lado si la política mundial sigue siendo el desarrollo sostenible, ya que continuaríamos sosteniendo el mismo desarrollo avasallador sobre el planeta”.


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