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Entrevista

"A nuestra cultura política le falta todavía creer más en las mujeres", opinó Lya Yaneth Fuentes

      

Profesora Lya Yaneth Fuentes

Directora del Proyecto de Fortalecimiento de la Equidad de Género en la Educación Superior (FEGES) e investigadora del Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos (IESCO) de la Universidad Central.

1. De acuerdo a datos de la ONU, Latinoamérica es la región con más mujeres en el poder (1 parlamentaria por cada 4 hombres), ¿podríamos considerar que Latinoamérica está a la vanguardia en el tema de paridad entre hombres y mujeres en la esfera política?

Según la ONU, las Américas es la región del mundo que cuenta con la mayor participación de mujeres en espacios parlamentarios. Se estima que el 25,7 % de esos puestos son ocupados por mujeres, frente a un 74,3 % de hombres. Un porcentaje significativo si nos comparamos con regiones compuestas por un mayor número de países desarrollados.

Aunque hemos tenido avances importantes en los últimos años, aún tenemos camino por recorrer, pues las mujeres siguen teniendo una participación que no se acerca a la paridad de 50-50, así que, por lo menos, debemos luchar por un 40 % de participación femenina, que se podría traducir en una incidencia efectiva.

Contar con estos espacios en los parlamentos de la región es relevante porque allí se toman las decisiones más significativas, y en esa toma de decisiones las mujeres ya podemos tener una masa crítica. Es decir, ya podemos conformar bancadas que actúen en favor de los intereses de las mujeres, a través, por ejemplo, de una legislación que nos beneficie. 

 

2. ¿Cómo se logró esa participación?

Este logro es, en parte, una consecuencia del movimiento feminista que se expresó al respecto en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, en la cual se dio un lineamiento global en términos de referente normativo internacional para fortalecer la participación de las mujeres en la política. A partir de entonces se adoptaron leyes de cuotas que, en cierta forma obligaban, a los países a involucrar a las mujeres en la vida política.

Hasta el momento, 15 países latinoamericanos han introducido este tipo de leyes de cuotas, que imponen que haya una mayor participación de las mujeres en la política, en algunos casos con un límite, que es el 30 %. La iniciativa ha dado buenos resultados, pero creo que todavía falta un camino por recorrer.


3. ¿Puede mencionarnos algunos ejemplos de esa participación?

Hoy tenemos una mayor presencia de las mujeres en la política y este hecho indica que independientemente de su raza, su partido político o su ideología, las líderes políticas han permitido que exista un modelo y un referente de identificación para las mismas mujeres.

Este es el caso de Margaret Thatcher en Gran Bretaña; Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina; Michelle Bachelet, en Chile; Dilma Rousseff, en Brasil; Laura Chinchilla Miranda, en Costa Rica; y Portia Simpson-Miller, en Jamaica, quienes estaban ejerciendo como presidentas de sus países en junio de 2014.

El hecho de que contemos con referentes de identificación significa que las nuevas generaciones de mujeres ya pueden soñar no solamente con ser amas de casa o reinas de belleza, sino que pueden aspirar a ocupar altos cargos, dirigir los destinos de sus países e incidir en las decisiones y en los procesos de cambio.


4. ¿Por qué considera que es importante que las mujeres gobiernen o ejerzan sus cambios con una perspectiva de género?

Es importante porque están en capacidad de liderar movilizaciones con respecto a leyes y políticas públicas que tengan en cuenta las demandas e intereses específicos de las mujeres.

Las políticas públicas deben tener una mirada diferencial por las necesidades y demandas distintas que tenemos en torno a temas emblemáticos como los derechos sexuales y reproductivos. Históricamente, al ser madres, se nos ha asociado con la reproducción, la crianza, la educación y las labores propias del hogar, lo que representa una enorme carga para ser llevada por una sola persona. Otros asuntos son el embarazo adolescente y la posibilidad de tener control sobre el cuerpo.

En este aspecto, las políticas públicas deben ser debates impulsados por líderes mujeres, que gobiernen o ejerzan sus cargos con una conciencia de su condición de mujeres. Si no tienen visión de género, de nada sirve, porque no van a poner en la agenda temas que convoquen nuestros intereses.

Otro tema emblemático que está en las agendas internacionales y nacionales, y en el caso de Colombia, en la agenda de los diálogos de paz, es la violencia contra las mujeres. Esta es una violación de los derechos de las mujeres que se ha agudizado con los años, especialmente en países islámicos y africanos. En estas regiones hay casos de cientos de niñas y adolescentes que son secuestradas, violadas, torturadas y obligadas a casarse y embarazarse. Situación dramática que ocurre en el marco de conflictos y de guerras donde el componente religioso es muy fuerte.


5. ¿Cuáles cree que han sido las condiciones claves para que las mujeres puedan contender por un puesto político en Latinoamérica y en el mundo?

Hay dos vías para que las mujeres lleguen a ocupar cargos públicos. Mediante elección popular o cargos de libre nombramiento y remoción.

Si hablamos de puestos políticos como la presidencia de un país o los parlamentos, se trata de cargos de elección popular. En este caso es importante tener en cuenta que nuestra cultura política es todavía machista. Por un lado, los políticos tradicionales tienen una forma de hacer política que cierra los espacios para las mujeres, con prácticas como el clientelismo y la reafirmación del mito de que las mujeres no son idóneas para ocupar cargos de este tipo.

También tenemos un electorado que no vota mucho por las mujeres. En el caso de Colombia, por ejemplo, existe una gama de mujeres líderes muy importantes, algunas de las cuales han resultado electas con altas votaciones, tales como Claudia López o Gilma Jiménez.

En razón de lo anterior, las mujeres llegan más fácilmente a ocupar cargos de libre nombramiento y remoción cuando hay una apuesta por la meritocracia como se dio en la administración de Antanas Mockus, en Bogotá. Durante su primer gobierno, el gabinete representado por mujeres ascendió un 34 o 35 %. Con Enrique Peñalosa se alcanzó la paridad, con un 48 % de participación femenina.

En la segunda administración de Mockus se alcanzó el 60 %; y no estamos hablando de cargos típicamente femeninos, sino cargos que habían ocupado históricamente los hombres.

Finalmente, los gabinetes de Luis Eduardo Garzón y de Gustavo Petro han estado conformados en un 40 % por mujeres. Esto me permite concluir que las mujeres tienen más posibilidad de llegar a estos espacios por sus méritos profesionales que por elección popular.

 

6. ¿Cómo percibe la sociedad a las mujeres como líderes?

A nuestra cultura política le falta creer más en las mujeres. Aunque en la región existen varias mujeres presidentas, y otro grupo que ocupa puestos en los parlamentos, si bajamos la escala podríamos preguntarnos, ¿cuántas mujeres alcaldesas hay?

En la región se reduce al 10% el porcentaje de mujeres alcaldesas, y el número de mujeres en los consejos locales es todavía menor. La razón de este fenómeno es que se trata de espacios muy dominados por los hombres porque la política ha sido un espacio masculino, con normas y reglas de juego establecidas por los hombres.

Una situación que deben enfrentar las mujeres cuando llegan a ocupar cargos políticos es que por ser mujeres se les exige el triple. Esto significa que las mujeres deben esforzarse más porque tienen que convencer más que los hombres.

 

7. ¿Cree que será posible lograr una paridad absoluta entre hombres y mujeres no solo en la esfera política, sino en la académica, científica, empresarial, etc.? ¿Qué hace falta para lograrlo?

Existe una mayor presencia de las mujeres en la política que en la academia, la ciencia y la empresa privada. En esos últimos campos, la participación de las mujeres es aún escasa.

A nivel global las mujeres que están liderando grandes empresas transnacionales o emporios económicos son muy pocas. En los últimos años, organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, han involucrado mujeres en altos cargos, pero no con gran porcentaje de participación. Este aspecto nos preocupa porque muchas de las grandes decisiones se toman en espacios económicos antes que en los políticos, y como lo señalaba Norma Lerner, el mercado desplazó el lugar central que tenía la política.

Por otro lado, en el mundo académico y científico, por poner esta estadística, en promedio en la región –y en un país como Colombia- de cada 100 docentes, 30 son mujeres. No tenemos mujeres rectoras de colegios o universidades, y si las hay, son muy pocas. Por ejemplo, una universidad pública como la Universidad Nacional nunca ha tenido una mujer rectora, y una universidad privada como la Universidad Central, tampoco.

Una de las razones por las que a las mujeres se les dificulta conquistar el ámbito académico y científico es que muchas tienen una gran carga en el cuidado de sus hijos y en la atención de sus hogares, por lo que no suelen hacer carreras tan rápidas, vertiginosas y exitosas como las que logran desarrollar los hombres.

 
8. ¿A quiénes podríamos considerar como figuras clave de liderazgo femenino en la actualidad?

En Colombia puedo mencionar a varias mujeres que hacen parte del amplio espectro político, es decir, de todos los partidos: Ángela María Robledo, Clara López, Marta Lucía Ramírez, Noemí Sanín, Piedad Córdoba o María Emma Mejía. Aunque ya no están en la palestra de la política, fueron importantes gestoras en su momento.



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