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Entrevista

"Los jóvenes desconocen sus oportunidades de ahorro para la vejez", opinaron académicos de la Universidad Santo Tomás

      

Ligia Susana Gómez Villegas - Pablo Guerrero Ospina

Ligia Susana Gómez Villegas: Psicóloga, Magíster en Psicología Clínica y de Familia.  Docente Universitaria. Psicoterapeuta y Consultora Clínica de Familias. Pablo Guerrero Ospina: Psicólogo.  Magíster en Educación.  Docente Universitario. Director de los Servicios de Atención Psicológica - IPS de la Universidad Santo Tomás.

  • En el país ¿Qué tanto va a aumentar la población de la tercera edad en 35 años? 

Dados los avances de la medicina, de la cultura del autocuidado en relación con hábitos alimentarios, el ejercicio físico y en general de conductas saludables, así como el desarrollo de las tecnologías en relación con la prevención y promoción de la salud, se puede predecir que aumentará la expectativa de vida de los individuos.  

En ese orden de ideas, consideramos que la población de tercera edad seguirá aumentando de manera progresiva como lo ha hecho hasta ahora.  De igual manera, la reducción en el número de hijos por familia, predice que se dará un aumento en la población de tercera edad en relación con los jóvenes y niños. 

 

  • ¿Los jóvenes del país están preparados, en cuestión económica, de salud, previsión, emociones, para la vejez? 

La preparación de los jóvenes depende de sus experiencias y aprendizajes previos en los contextos de desarrollo como la familia, la escuela y las organizaciones en las que participa.  Considero que a mayor educación, mayor conocimiento y aprendizaje de conductas preventivas para incrementar su calidad de vida y su expectativa de vida.  A menor educación, los jóvenes se ven más expuestos a participar de situaciones violentas propias de las diferentes formas del conflicto nacional, disminuyendo así sus expectativas de vida, pues asumen riesgos dados sus niveles de autoeficacia propios de la edad. 

A nivel económico: los jóvenes desconocen sus oportunidades de ahorro para la vejez, hay una tendencia a la inmediatez (a vivir y disfrutar el aquí y ahora, sin considerar el futuro), les resulta difícil pensarse en un proyecto de vida a largo plazo, y además, tienen la creencia de un Estado que no respalda a la vejez, estos serían factores de riesgo para afrontar su propia adultez y vejez.  Por otra parte, se encuentran jóvenes de clases favorecidas que tienen mayor oportunidad para aprender otras formas de proyectarse económicamente y por lo tanto, están más optimistas frente a su futuro y a los recursos con los que cuentan para afrontar el estado de la vejez.  

Con respecto a la salud: no se puede obviar que nuestro sistema de seguridad social es inequitativo, ya que a mayores posibilidades económicas, mayores posibilidades de acceder a mejores servicios y oportunidades de atención y de autocuidado (medicinas prepagadas, gimnasios, dietas balanceadas, suplementos alimenticios, programas de gestación, entre otros), lo cual incrementa la percepción de bienestar y la expectativa de vida.  

Las conductas saludables son reforzantes por sí mismas, lo cual incrementa la probabilidad de permanencia en el tiempo de vida del individuo.  En este sentido, y al igual que en los aspectos anteriores, se observa una polarización al interior de este grupo poblacional en relación con su expectativa de vida. 

Con respecto a las emociones: se ha encontrado que a mayor sentido de optimismo frente a sus capacidades de respuesta y adaptación, mayor será su expectativa de vida y su capacidad para controlar emociones que puedan ir en detrimento de la misma.  Con base en lo anterior, se encuentran grupos de jóvenes que consideran su desarrollo de una manera natural y legítima, aceptando los cambios y desafíos que se presenten.  

No obstante, se encuentra otro grupo de jóvenes que son vulnerables a los cambios sociales, familiares y biológicos dados sus dificultades para responder ante la frustración, sin un aprendizaje para la contención emocional (desbordándose en la tristeza, la rabia, la ansiedad y el miedo en la búsqueda de su identidad), sumado a esto el desarrollo de las comunicaciones dificulta el desarrollo de habilidades sociales y la consolidación de una real red de apoyo social.

 

  • ¿Cómo será la calidad de vida a la que se enfrentarán? 

Con los avances tecnológicos y oportunidades a la educación formal, se puede predecir que la juventud de hoy podrá acceder a recursos que mejorarán la calidad de vida del grupo poblacional de tercera edad, siempre y cuando cuenten con el respaldo económico que les permitirá adherirse a ellos.  Dada la migración de los jóvenes de las zonas rurales a las urbanas en nuestro país y de las capitales de nuestros departamentos a las grandes capitales del mundo, la percepción de calidad de vida ha ido cambiando y está puesta en acceso a bienes materiales y de servicios y no a la compañía social como se puntuaba hace unos años en nuestro país.  Esta misma percepción nos ha enmarcado en la tendencia a construir proyectos de vida individualistas y a obviar el proyecto de familia, tanto así que las configuraciones familiares han ido cambiando y evolucionando con estas tendencias.

 

  • ¿Se están tomando las medidas necesarias por parte de la administración pública para atender a ese sector en el futuro?

Políticamente Colombia es un país polarizado en donde los planes de gestión pública dependen de la ideología del gobierno de turno, el cual hará mayor énfasis en lo capitalista o lo social.  Siguiendo este planteamiento se observa una mayor conciencia acerca de la inversión de la pirámide poblacional, pero no se ha definido unos lineamientos a largo plazo que cubra las necesidades de ella, las acciones son inmediatistas.
 

  • ¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta el sector de la tercera edad en el país (falta de oportunidades, abandono, etc.) y qué tanto cambiarán en el futuro?

Las políticas para hacer de esta población una prioridad social no son efectivas en las acciones de quienes deben gestionarlas y ejecutarlas. Siendo así que el trato preferencial a esta población es discrecional para el funcionario que está a cargo de cualquiera de los servicios que ellos requieren (por ejemplo transporte público, el diseño arquitectónico y la planeación de las ciudades no son pensadas en esta población y menos si se encuentran en situación de incapacidad o de discapacidad, la falta de cultura ciudadana para respetar a la persona mayor dificulta su bienestar y participación, el acceso a las pensiones y a servicios de salud cuando fueron trabajadores independientes, el trato digno). 

Es evidente la exclusión de las personas de este grupo etario en posibilidades laborales y en obtener ingresos salariales que compitan con los de personas que pertenecen a otros grupos etarios.  Las familias no están preparadas para afrontar las vicisitudes propias del desarrollo en esta etapa de vida (deterioro de la salud física y mental), apareciendo diferentes formas de violencia y maltrato, pues la convivencia con un anciano se percibe como fuente de tensión y de conflicto entre sus cuidadores.  

Con base en las respuestas anteriores se puede inferir que el panorama no va a cambiar sustancialmente dado que aún no se están dando las condiciones de educación para generar nuevas formas culturales de vernos como adultos mayores y las implicaciones que de ello se derivan. 

Además, el culto a la individualidad y a las relaciones virtuales más que presenciales, reduce las posibilidades de configurar redes de apoyo social que favorezcan el bienestar y la calidad de vida.  Posiblemente en la medida en que haya un cambio cultural y de valores, las oportunidades también serán más posibilitadoras y generativas.

 



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