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Qué es la inteligencia emocional y cómo aplicarla en el aula

      

¿Por qué hay personas con alta inteligencia que no logran triunfar en la vida, mientras que otras personas “menos inteligentes” alcanzan el éxito? Esta es la respuesta que se plantea el psicólogo estadounidense Daniel Goleman en La inteligencia emocional, un libro publicado en 1995 que ha alcanzado la categoría de best seller mundial.

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En esta aclamada obra, Goleman define a la inteligencia emocional como la capacidad de una persona de reconocer su propio estado emocional y manejarlo de la forma más adecuada, por medio de habilidades como “el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental”. Para el autor, estas conductas son las que definen “rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social”.

 En resumen, la inteligencia emocional está compuesta por cinco claves: aprender a reconocer las emociones, aprender a manejarlas y controlarlas, aprender a crear motivaciones propias, aprender a reconocer las emociones de los demás (empatía) y, por último, aprender a gestionar las relaciones interpersonales.

 

Cómo aplicar la inteligencia emocional en el aula

Los psicólogos Mario Pena Garrido y Sara Lozano, según expusieron en el V congreso internacional “Educación y sociedad”, remarcan la importancia de desarrollar una educación emocional desde edades tempranas. En primer lugar, como docentes o padres, se debe tratar a los niños “como le gustaría que le tratasen los demás”, siendo conscientes de cómo se controlan las propias emociones y qué actitudes se tienen con los demás, para así comenzar a enseñar al niño en estas conductas.

Por otra parte, se debe tratar con especial énfasis la habilidad de resaltar los aspectos positivos por encima de los negativos y los objetivos alcanzados antes que las insuficiencias. Lozano y Pena destacan la importancia de desarrollar programas diseñados para enseñar e inculcar estas competencias socio-emocionales.

Reconocer y nombrar las diferentes emociones, realizar ejercicios prácticos para desarrollar la empatía con sus familiares y compañeros de clase, fomentar el diálogo y la apertura, y enseñar recursos para controlar la ira y la rabia son algunas de las estrategias que pueden seguir los docentes para fomentar la inteligencia emocional de sus alumnos.

Si quieres saber más sobre educación emocional, mira el siguiente documental sobre Educación Emocional realizado en el instituto de educación inicial Sagrada Familia de Gavà, en España:


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