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Los estilos pedagógicos de los profesores universitarios

      
Un análisis de las perspectivas desde las cuales se ha abordado la práctica docente en la universidad permite apreciar la ausencia de una reflexión pedagógica, de una toma de conciencia de lo que se hace como profesor, ya que la misma es postergada ante la necesidad de resolver situaciones prácticas de la cotidianeidad. Con frecuencia los profesores consideran que es urgente actuar en un sentido técnico, desarrollar actividades innovadoras, sin detenerse a pensar por qué actúan así y cuáles son los resultados que obtienen.

Ir más allá de los enfoques centrados en la adquisición de conocimientos y de habilidades que miran solo lo exterior del proceso educativo, implica considerar los estilos pedagógicos de los profesores, entendidos como la manera propia y particular como el docente asume la mediación pedagógica para contribuir al desarrollo intelectual, ético, moral, afectivo y estético de sus estudiantes.

Es una manera característica de pensar el proceso educativo; una forma preferida de realizar la práctica y de poner en juego conocimientos, procedimientos, actitudes, sentimientos y valores. Es la forma en que el docente responde a su compromiso, orienta su labor e interrelaciona las experiencias educativas, personales y sociales propias con las de los estudiantes, dentro de un contexto específico. Por esta razón es posible hablar de variedad de estilos pedagógicos, ya que cada persona lo construye y lo expresa de manera diferente al de sus pares.

Aunque el trabajo como docente tiene un carácter eminentemente práctico, no debe ser solo eso. Detrás de la práctica debe haber un cuerpo teórico que explique en qué fundamento se basa, pues en la intervención social de interacción con otras personas (alumnos, colegas), influyen las concepciones ideológicas personales, para juzgar los procesos de enseñanza y aprendizaje que se realizan, así sea una ideología elemental y de práctica inconsciente. Es necesario considerar que el conocimiento profesional no es el resultado de decisiones libres y conscientes de los profesores, es la consecuencia del proceso de adaptación y socialización de éstos a la cultura tradicional educativa, al referente disciplinar del currículo, a los modelos de formación y a los estereotipos sociales dominantes en la educación universitaria.

Los estilos pedagógicos involucran cuatro dimensiones fundamentales: el saber (concepciones), el saber hacer (práctica pedagógica), el saber comunicar (comunicación didáctica) y el saber ser (práctica ética).

El saber hace referencia, de una parte, al dominio de la disciplina que enseña y al desarrollo de las capacidades para investigar y para construir conocimiento en el campo específico en el que realiza la labor docente. El estilo forma parte del contenido que es compartido con los estudiantes tanto como los hechos, teorías, argumentaciones e ideas del tema que se enseña.


El saber hacer significa la capacidad para utilizar el saber en contextos específicos, para interactuar con la realidad en la que vive, para interpretarla, descubrirla, posibilitar su consolidación y transformación. Es necesario entonces, pensar en la práctica como algo construido. Aunque quizá estemos acostumbrados a pensar en la práctica como una mera actividad, puede demostrarse que el sentido y la significación de la práctica educativa se construye en los planos social, histórico y político, y que solo puede entenderse de forma interpretativa y crítica. En este sentido, es posible analizar las relaciones entre los estilos pedagógicos y las estrategias de enseñanza propuestas por los profesores, ya que a través de su realización se expresarán intencionalidades y se obtendrán logros diferentes de acuerdo con los estilos.

El saber comunicar tiene que ver con la interacción dialógica, en los procesos de enseñanza y aprendizaje, donde sus actores se reconocen como interlocutores válidos y se apoyan en los acuerdos, en el intercambio de significados y experiencias y en su participación crítica y activa en contextos comunicativos.

El saber ser se relaciona con la responsabilidad del docente de contribuir a la formación integral del estudiante, al desarrollo global de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia y sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual, espiritualidad. Todos los seres humanos deben estar en condiciones, en particular gracias a la educación recibida, de dotarse de un pensamiento autónomo y crítico y de elaborar un juicio propio para determinar por sí mismos qué deben hacer en las diferentes circunstancias de la vida.

En los estilos pedagógicos se expresan virtudes morales como la honestidad, el respeto, la fiabilidad, la amplitud de criterio e intelectuales como la humildad, la creatividad, la actitud reflexiva, la imparcialidad, todas las cuales son propias del proceso educativo. Por consiguiente, el estilo pedagógico da cuenta de una manera de vincularse con los alumnos, entendiendo que pensar en la enseñanza es pensar en la comprensión de los alumnos y donde la práctica moral, en tanto ética de la misma práctica se construye en una relación que expresa como cualquier otra los vínculos solidarios, respetuosos de las diferencias y de los contextos en los cuales las prácticas se inscriben.

En esta perspectiva, se debe superar la concepción del profesor universitario como técnico y promover su construcción como un práctico reflexivo, un profesional crítico, comprometido con determinados valores y con la transformación de la sociedad. La construcción del conocimiento profesional en esta nueva perspectiva implica entonces, la integración de los problemas prácticos con las explicaciones teóricas formales y las estrategias de acción que se proponen reconociendo la complejidad del proceso en una visión crítica, que estimule el desarrollo de valores de autonomía, cooperación, solidaridad, respeto y participación a partir de los intereses de los profesores y desde sus estilos pedagógicos.


A la vista de lo anterior, en el desarrollo de un proyecto sobre la renovación de los estilos pedagógicos, se asumió como opción metodológica la investigación - acción, ya que ella permite a los profesores ser sujetos de su propio cambio, en la medida que participan de la definición de un problema educativo a partir del estudio de los estilos pedagógicos que están orientando su acción; elaboran, ejecutan y evalúan una alternativa didáctica, la cual asumida en la perspectiva de investigación desarrolla la capacidad para analizar y modificar su práctica al fusionar elementos teóricos con las nuevas experiencias que se están desarrollando y favorece la renovación de los estilos pedagógicos de los profesores implicados en el proceso.

El diseño de la investigación, incluyó las siguientes fases:

• Caracterización de los estilos pedagógicos de los profesores a partir del estudio sobre sus concepciones y prácticas

• Elaboración y desarrollo de proyectos de investigación - acción por cada uno de los profesores participantes.

• Evaluación de los cambios logrados en los estilos pedagógicos de los profesores

• Socialización y problematización a la comunidad universitaria

Los principios generales que orientaron la investigación son:

• La integración del saber y el hacer. Un proceso de construcción de significados en torno a problemas y dilemas relevantes, que pretende favorecer en los profesores la toma de conciencia crítica de las ideas, los procedimientos y valores que orientan su práctica docente, así como de las dificultades asociadas a ellos y que, a través del contraste argumentado y riguroso con otras fuentes de información, pretende hacerlas evolucionar.

• La problematización del aprendizaje y de la enseñanza. La investigación trata de promover la transición desde concepciones y actuaciones más simples (cotidianas, espontáneas) hacia otras progresivamente más complejas y que concibe los puntos de vista de los profesores como sistemas de ideas en evolución y la realidad con la que interactúan como un conjunto dinámico de sistemas naturales, sociales y culturales. La fase de problematización a partir de la caracterización de los estilos pedagógicos permite la reflexión, y la de innovación el formular las hipótesis curriculares que pueden ser objeto de experimentación.


• La Incertidumbre característica de los cambios. Se muestra en las múltiples perspectivas del conocimiento y de la realidad para abordar la enseñanza universitaria y ante las cuales es difícil dar una respuesta sencilla y única. Esa multiplicidad de perspectivas convierte a los profesores en indagadores permanentes de su saber y de su práctica, buscando de manera continua preguntas, problemas y ámbitos de indagación de sus estilos pedagógicos frente a la complejidad del saber y la diversidad de estilos de aprender de los estudiantes.

• La autenticidad y complejidad de los proyectos. El proceso tiene el interés de promover determinadas actitudes y valores, tales como el espíritu crítico, la autonomía, el respeto a la diversidad, la cooperación, la creatividad y la comprensión del entorno, para proponer problemas relevantes desde lo social, lo personal, lo institucional y lo ambiental, con el propósito de vincular la construcción de significados de los estudiantes con la práctica y el mundo de la experiencia. Reconocer las diferentes concepciones, creencias, estilos, prácticas y proyecciones desde las cuales se adelanta el ejercicio educativo, es esencial en el proceso de investigación, pues permite comprometer a los profesores, tanto con la construcción de la pedagogía y la didáctica de los saberes, como con la dimensión estética, claramente relacionada con el contenido sensible que conduce al disfrute de la práctica docente vinculada a un modo de ser que se corresponde con su proyecto de vida.

En conclusión podemos resaltar que:

• La diversidad de estilos pedagógicos encontrados en la caracterización inicial muestra la complejidad y riqueza de alternativas que orientan los procesos de formación en la universidad, las cuales además de ser reconocidas, son susceptibles de cambio cuando se asume una perspectiva crítica y profesional que permita de manera progresiva transformar la educación superior.

• El Seminario permanente de Investigación-acción realizado durante el proceso, permitió consolidar colectivos interdisciplinares de profesores comprometidos con una reflexión crítica sobre la práctica pedagógica universitaria y enriquecer tanto conceptual como metodológicamente el saber específico y su didáctica.


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