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Clarinero lacrimoso, nueva ave colombiana

      
Foto: Universidad de los Andes
?Clarinero lacrimoso? (Anisognathus lacrymosus yariguierum): es una tángara de montaña que habita los Andes desde Perú hasta Colombia y Venezuela. Se destaca por su amarillo brillante, las alas azules y las ?lágrimas? debajo de sus ojos.

El  importante hallazgo llama la atención de las autoridades ya que la conservación se enfoca generalmente en especies y no en subespecies, podríamos “estar perdiendo nuestra diversidad biológica sin saber siquiera que existía”.

De las cerca de diez mil especies de aves que habitan el planeta, Colombia es el país que mayor número alberga con aproximadamente 1.900. Sin embargo, pese a la creencia (compartida por sectores de las autoridades ambientales) de que ya todo se conoce, hay regiones inexploradas en el país que albergan potenciales especies y subespecies por describir, aún no registradas.

A esto le apuntó Jorge Enrique Avendaño, estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes, quien, junto con Thomas Donegan del Consejo de la Fundación ProAves, descubrió recientemente una nueva subespecie de tángara de montaña, endémica de la Serranía de los Yariguíes, un macizo aislado ubicado en el noroccidente de la Cordillera Oriental en el departamento de Santander.

Avendaño explica que en los últimos años se han descrito nuevas especies y subespecies de aves en Suramérica, pero desde hace más de dos décadas no se describía una nueva subespecie de tángara, aves muy vistosas y de las que se suponía conocer bastante bien su taxonomía.
Su hábitat, vital

El criterio de conservación, además de los ecosistemas, siempre se ha enfocado en especies y no en subespecies, que son parte importante de la diversidad biológica de una región. Algunos científicos, incluso, han propuesto que constituyen distintos estados de diferenciación hacia el proceso de formación de las especies.

Este hallazgo, explica Avendaño, tiene importantes implicaciones en la ciencia y la conservación. Al ser una subespecie endémica de la Serranía de los Yariguíes, resulta necesario garantizar la preservación de su hábitat de páramo (localmente restringido a altitudes por encima de los 3.200 mts), uno de los ecosistemas más amenazados en Colombia por deforestación y pastoreo.

“Esto llama la atención de las autoridades ambientales del país porque podemos estar perdiendo nuestra diversidad biológica sin saber siquiera que existía”, dice Avendaño.

Carlos Daniel Cadena, director del grupo Biología Evolutiva de Vertebrados del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes, explica la importancia de conservar la biodiversidad en varios niveles, no sólo el de las especies sino también el de las subespecies porque pueden definirse como poblaciones diferentes de otras y con un ámbito de distribución específico.

“Al conservar las subespecies conservamos la variación geográfica que existe dentro de las especies, que es la materia prima de la evolución. En muchos casos, las subespecies pueden verse como especies incipientes. Además, debido a que la variación geográfica que distingue a las subespecies a menudo ha sido el resultado de adaptación mediante selección natural, conservarla representa preservar procesos evolutivos históricos y actuales. Finalmente, muchos estudios recientes han demostrado que poblaciones de aves que han sido nombradas como subespecies resultan ser especies diferentes una vez se hacen estudios detallados”, dice Cadena.

Por otra parte, teniendo en cuenta que la diversidad biológica es parte del patrimonio natural, esta nueva subespecie cumple un papel muy importante en el ecosistema que habita. Al ser frugívora cumple con la función de dispersar semillas y contribuye con la regeneración de los bosques, aspecto clave no solo para asegurar su supervivencia sino la de otras. Es decir, contribuye a que los bosques se mantengan y a que estos actúen como sumideros de carbono con el fin de limpiar el aire y proveer oxígeno.


Conservación y cambio climático

Aunque esta especie no se encuentra amenazada, si se evalúa el estado actual de conservación de la nueva subespecie descubierta calificaría en estado vulnerable según las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esto debido a que el área donde se encuentra es menor a 100 km2 y se conoce en menos de cinco localidades, es decir, en el caso de esta subespecie sólo se conoce en tres localidades en el Parque Nacional los Yariguíes.

Además, hay que tener en cuenta que es un habitante del páramo y del bosque alto andino y estos dos ecosistemas muy posiblemente se verían afectados por el cambio climático que actualmente vive el planeta. De hecho, Stuart Pimm, profesor de la Universidad de Duke y una de las autoridades del mundo en la biología de la conservación especialmente en prevención de la extinción de especies, menciona a Colombia como uno de los más diversos del mundo, pero también como uno de los países más propensos a pérdida de biodiversidad debido a los efectos del calentamiento global.

En la conferencia ‘Cambio climático y especies amenazadas’, dictada por Pimm en la Universidad Javeriana el pasado 24 de junio, dijo que de todas las especies de aves, las más vulnerables ante el calentamiento global son las que tienen distribuciones pequeñas o de rango restringido. En Suramérica estas especies se encuentran concentradas en los Andes, y Colombia, al tener, una topografía tan compleja (tres cordilleras, la Sierra Nevada de Santa Marta, entre otros accidentes geográficos), alberga la mayoría de esta avifauna.

Según Pimm, con un incremento de la temperatura de dos grados centígrados se puede afectar la supervivencia de las aves andinas porque las especies tienen requerimientos ecológicos específicos como rangos de tolerancia de temperatura, los cuales una vez son sobrepasados pueden afectar su fisiología y comportamiento. Esto puede causar desplazamientos altitudinales debido a que las especies buscan la temperatura óptima y les toca vivir en ambiente de estrés, entran en conflicto con otras especies y, en este contexto, predomina la que mejor se adapte.
Nuevo Parque Nacional

Por otra parte, además de la descripción de esta nueva ave, Avendaño explica que otros resultados obtenidos durante su investigación sirvieron para sustentar la declaración de la Serranía de los Yariguíes como un nuevo Parque Nacional, que tiene entre sus objetivos conservar las poblaciones de especies de fauna y flora endémicas y amenazadas en los distintos hábitats naturales dentro del área protegida.

De hecho, estos estudios reportaron en la Serranía de los Yariguíes y alrededores 583 especies de aves: 35 migratorias, dos introducidas y 546 residentes nativas. De estas, 13 están amenazas: Pauxi pauxi, Crax alberti, Odontophorus strophium, Amazilia castaneiventris, Coeligena prunellei, Hapalopsittaca amazonina, Capito hypoleucus, Scytalopus rodriguezi, Clyctotantes alixii, Thryothorus nicefori, Dendroica cerulea, Dacnis hartlaubi y Macroagelaius subalaris.
Taxonomía del Anisognathus lacrymosus yariguierum

Avendaño, quien realizó esta investigación financiada por la Facultad de Ciencias de Los Andes mediante la beca Proyecto Semilla –que se otorga a estudiantes de posgrado con el fin de apoyarlos en la adquisición de equipos y desarrollo de actividades de campo y laboratorio involucradas en sus trabajos de grado– explica que la taxonomía sirve para clasificar las distintas formas vivientes en categorías.

La principal categoría es la de especie, dentro de la cual pueden o no haber variaciones geográficas conocidas como subespecies (o razas geográficas), las cuales pueden distinguirse unas de las otras por diferencias en morfometría, plumaje, cantos e incluso ADN. De esta manera, el nombre científico de esta nueva ave es Anisognathus lacrymosus yariguierum.

‘Clarinero lacrimoso’ (Anisognathus lacrymosus yariguierum): es una tángara de montaña que habita los Andes desde Perú hasta Colombia y Venezuela. Se destaca por su amarillo brillante, las alas azules y las ‘lágrimas’ debajo de sus ojos.

Para hacer la descripción taxonómica y el respectivo reporte científico de esta ave conocida también como ‘Clarinero lacrimoso’ en el Bulletin of the British Ornithologists’ Club, Avendaño colectó varios especímenes y los comparó con ejemplares depositados en la Colección de ornitología del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, entre otros museos del país.
Serranía de los Yariguíes, no de los ‘Cobardes’

Otro de los aportes que pretende este estudio es recuperar la memoria de los Yariguíes, etnia colombiana extinta que habitó la serranía y que con la llegada de los españoles y sus atropellos acordó un suicidio masivo. La etnia se lanzó desde un precipicio y los colonos bautizaron ese territorio como ‘Serranía de los Cobardes’.

Lo que se pretende a través de “todos los reportes científicos donde se menciona este territorio es que se reconozca como Serranía de los Yariguíes y no de los Cobardes, como una forma de recuperar nuestra memoria cultural”, dice Avendaño, quien actualmente trabaja en la descripción de otras nuevas subespecies y especies endémicas de Colombia, en colaboración con otros investigadores uniandinos.


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