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Lecciones más allá del rescate de la mina

      
No ha sido un asunto providencial o del azar sino un triunfo de la ciencia y la técnica, y por lo tanto una proeza tecnológica resultado de sumar conocimientos, esfuerzos y voluntades en torno a una tarea humanitaria, de la cual los héroes han sido las propias víctimas, los socorristas y los operarios y expertos que se emplearon durante la prolongada y exitosa fase de la compleja emergencia. <br/><br/> Lo interesante del asunto, además de lo que pudo enseñarnos el pueblo chileno con un hecho sin precedentes que pone a prueba su resiliencia y sentido patrio, dado que esos acontecimientos se dieron cuando apenas se intentaba emerger de las ruinas superando el desastre del terremoto de la madrugada del 26 de febrero de este año- evento que se suma a una historia de grandes terremotos en las costas sudamericanas como el de Valdivia de 1960-, es que también el gobierno chileno anuncia cambios estructurales en materia de controles y normas para implementar la seguridad industrial y erradicar esas condiciones oprobiosas de trabajo para el país austral, las que en Colombia suelen perdurar.<br/><br/> Y lo digo porque lo triste del caso es que hoy en Colombia, cuando el sector minero del país repunta y el auge del oro ha llevado a que las exportaciones se ubiquen por encima de las de café, se vive un drama similar por dos mineros atrapados 70 m bajo tierra, consecuencia del derrumbe ocurrido el lunes en la mina La Esperanza del municipio de Tasco en Boyacá, y esto justo cuando la lección por las 73 víctimas de la explosión ocurrida el pasado 16 de junio en una mina de carbón de Amagá en Antioquia debió estar aprendida, ya que se trató de nuestra peor tragedia minera de los últimos años, y de un accidente comparable en magnitud a otro evento de 1977 en el que perdieron la vida 86 mineros en el mismo lugar y por la misma causa. <br/><br/> Es hora de aprender la lección inspirados en lo aprendido de los Chilenos viendo más allá del rescate, ya que en Colombia parece que no alcanzamos a sorprendernos por lo que ocurre en una actividad plagada de problemáticas sociales y ambientales, así se trate de la vida misma. Y no para hacerlo solamente con el sector minero, ni para justificarlo con la premisa de que: es que los riesgos para los mineros persisten en todo el mundo. Contrariamente, lo que se debe hacer en la minería es lo que anuncia Chile, pero igualmente extendido al sector de la construcción y al del transporte donde la situación de riesgo laboral resulta ser igual, y por lo tanto su solución también tiene que ser un imperativo. <br/><br/> Desde el OAM, Gonzalo Duque-Escobar
No ha sido un asunto providencial o del azar sino un triunfo de la ciencia y la técnica, y por lo tanto una proeza tecnológica resultado de sumar conocimientos, esfuerzos y voluntades en torno a una tarea humanitaria, de la cual los héroes han sido las propias víctimas, los socorristas y los operarios y expertos que se emplearon durante la prolongada y exitosa fase de la compleja emergencia.

Lo interesante del asunto, además de lo que pudo enseñarnos el pueblo chileno con un hecho sin precedentes que pone a prueba su resiliencia y sentido patrio, dado que esos acontecimientos se dieron cuando apenas se intentaba emerger de las ruinas superando el desastre del terremoto de la madrugada del 26 de febrero de este año- evento que se suma a una historia de grandes terremotos en las costas sudamericanas como el de Valdivia de 1960-, es que también el gobierno chileno anuncia cambios estructurales en materia de controles y normas para implementar la seguridad industrial y erradicar esas condiciones oprobiosas de trabajo para el país austral, las que en Colombia suelen perdurar.

Y lo digo porque lo triste del caso es que hoy en Colombia, cuando el sector minero del país repunta y el auge del oro ha llevado a que las exportaciones se ubiquen por encima de las de café, se vive un drama similar por dos mineros atrapados 70 m bajo tierra, consecuencia del derrumbe ocurrido el lunes en la mina La Esperanza del municipio de Tasco en Boyacá, y esto justo cuando la lección por las 73 víctimas de la explosión ocurrida el pasado 16 de junio en una mina de carbón de Amagá en Antioquia debió estar aprendida, ya que se trató de nuestra peor tragedia minera de los últimos años, y de un accidente comparable en magnitud a otro evento de 1977 en el que perdieron la vida 86 mineros en el mismo lugar y por la misma causa.

Es hora de aprender la lección inspirados en lo aprendido de los Chilenos viendo más allá del rescate, ya que en Colombia parece que no alcanzamos a sorprendernos por lo que ocurre en una actividad plagada de problemáticas sociales y ambientales, así se trate de la vida misma. Y no para hacerlo solamente con el sector minero, ni para justificarlo con la premisa de que: es que los riesgos para los mineros persisten en todo el mundo. Contrariamente, lo que se debe hacer en la minería es lo que anuncia Chile, pero igualmente extendido al sector de la construcción y al del transporte donde la situación de riesgo laboral resulta ser igual, y por lo tanto su solución también tiene que ser un imperativo.

Desde el OAM, Gonzalo Duque-Escobar

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