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Organismo que revoluciona el estudio biológico

      
En su paso por la Universidad Nacional de Colombia, Martin Chalfie, <strong><a href=https://www.universia.net.co/disenio20/jsp/busquedaGoogle.jsp?cx=017682973629904574954%3Apc0fyvx8ity&cof=FORID%3A9&ie=ISO-8859-15&q=Premio+Nobel&sa.x=5&sa.y=12&sa=Buscar&siteurl=www.universia.net.co%2F#973 target=_blank>premio Nobel de Química</a></strong> 2008, aseguró que si no hubiera sido por ese gusano microscópico, para él habría sido más complicado llevar a cabo sus investigaciones sobre la expresión genética de las células, en particular entender la mecánica que tienen las neuronas para desarrollar, por ejemplo, el sentido del tacto.<br/><br/> El primero en recurrir a este nematodo (así se llama a este tipo de gusanos que comprende unas 25 mil especies) fue el biólogo sudafricano Sydney Brenner, premio Nobel de Medicina 2002, quien, según relata Chalfie, quiso apartarse del tradicional uso de ratones y peces. <br/><br/> “Hay muchas razones para emplearlo. Es de fácil observación en el <strong><a href=https://www.universia.net.co/disenio20/jsp/busquedaGoogle.jsp?cx=017682973629904574954%3Apc0fyvx8ity&cof=FORID%3A9&ie=ISO-8859-15&q=microscopio&sa.x=0&sa.y=0&sa=Buscar&siteurl=www.universia.net.co%252F#1070 target=_blank>microscopio de electrones</a></strong>. Como es transparente, uno puede ver cómo se divide cada una de sus 959 células. Ahora sabemos que tiene exactamente 302 células nerviosas y cómo están conectadas entre sí. De hecho, es el único animal del que conocemos cada división celular, desde la fertilización del huevo hasta la etapa adulta, así como el diagrama completo de las conexiones de esas células”. <br/><br/> Cuando Chalfie habla de C. elegans y las posibilidades que este gusanito ofrece para el entendimiento del humano mismo, se evidencia su emoción. Él asegura que este “bicho” ha llevado a comprender con mayor claridad procesos como la muerte celular y la forma como se manifiestan ciertas<strong><a href=https://www.universia.net.co/disenio20/jsp/busquedaGoogle.jsp?cx=017682973629904574954%3Apc0fyvx8ity&cof=FORID%3A9&ie=ISO-8859-15&q=enfermedades&sa.x=6&sa.y=3&sa=Buscar&siteurl=www.universia.net.co%252F#1018 target=_blank> enfermedades</a></strong>. “Sé que gracias a C. elegans vendrán grandes nuevos descubrimientos”. <br/><br/> Precisamente, el Nobel de Química que Chalfie se ganó en 2008 en parte se debió a que utilizó este “bicho” microscópico para darle un uso práctico a la Proteína Verde Fluorescente (GFP, por sus siglas en inglés), una sustancia biológica descubierta por el japonés y también Nobel Osamu Shimomura. <br/><br/> “En una conferencia me di cuenta de que existía la GFP y de inmediato mi mente se iluminó. Siempre quise ver a los genes en acción, pero eso era imposible hacia 1989. Aunque había métodos que permitían identificar en dónde se encontraba un gen activo, se debía primero preparar la célula o el tejido y eso significaba matarlo, arreglarlo, permeabilizarlo para que el agente entrara y se pudiera ver qué sucedía. Resultó un panorama muy estático del gen, no se podían apreciar sus cambios en vivo”, afirma el Nobel. <br/><br/> ¿Qué pasaría si se incorporara el gen de la proteína verde fluorescente a las neuronas del tacto de C. elegans para que toda su descendencia nazca con esa marca en sus moléculas? ¿Se les podrá seguir la pista, paso a paso, a esos puntos marcados con la GFP? Esas fueron las preguntas que inspiraron a Chalfie y le permitieron generar respuestas que aún hoy sigue evaluando. <br/><br/> En la actualidad, C. elegans se sigue estudiando en varios laboratorios del mundo, pues es uno de los organismos modelo de investigación científica que siguen entregando datos clave sobre cómo funciona el sistema nervioso en el reino animal. <br/><br/>
En su paso por la Universidad Nacional de Colombia, Martin Chalfie, premio Nobel de Química 2008, aseguró que si no hubiera sido por ese gusano microscópico, para él habría sido más complicado llevar a cabo sus investigaciones sobre la expresión genética de las células, en particular entender la mecánica que tienen las neuronas para desarrollar, por ejemplo, el sentido del tacto.

El primero en recurrir a este nematodo (así se llama a este tipo de gusanos que comprende unas 25 mil especies) fue el biólogo sudafricano Sydney Brenner, premio Nobel de Medicina 2002, quien, según relata Chalfie, quiso apartarse del tradicional uso de ratones y peces.

“Hay muchas razones para emplearlo. Es de fácil observación en el microscopio de electrones. Como es transparente, uno puede ver cómo se divide cada una de sus 959 células. Ahora sabemos que tiene exactamente 302 células nerviosas y cómo están conectadas entre sí. De hecho, es el único animal del que conocemos cada división celular, desde la fertilización del huevo hasta la etapa adulta, así como el diagrama completo de las conexiones de esas células”.

Cuando Chalfie habla de C. elegans y las posibilidades que este gusanito ofrece para el entendimiento del humano mismo, se evidencia su emoción. Él asegura que este “bicho” ha llevado a comprender con mayor claridad procesos como la muerte celular y la forma como se manifiestan ciertas enfermedades. “Sé que gracias a C. elegans vendrán grandes nuevos descubrimientos”.

Precisamente, el Nobel de Química que Chalfie se ganó en 2008 en parte se debió a que utilizó este “bicho” microscópico para darle un uso práctico a la Proteína Verde Fluorescente (GFP, por sus siglas en inglés), una sustancia biológica descubierta por el japonés y también Nobel Osamu Shimomura.

“En una conferencia me di cuenta de que existía la GFP y de inmediato mi mente se iluminó. Siempre quise ver a los genes en acción, pero eso era imposible hacia 1989. Aunque había métodos que permitían identificar en dónde se encontraba un gen activo, se debía primero preparar la célula o el tejido y eso significaba matarlo, arreglarlo, permeabilizarlo para que el agente entrara y se pudiera ver qué sucedía. Resultó un panorama muy estático del gen, no se podían apreciar sus cambios en vivo”, afirma el Nobel.

¿Qué pasaría si se incorporara el gen de la proteína verde fluorescente a las neuronas del tacto de C. elegans para que toda su descendencia nazca con esa marca en sus moléculas? ¿Se les podrá seguir la pista, paso a paso, a esos puntos marcados con la GFP? Esas fueron las preguntas que inspiraron a Chalfie y le permitieron generar respuestas que aún hoy sigue evaluando.

En la actualidad, C. elegans se sigue estudiando en varios laboratorios del mundo, pues es uno de los organismos modelo de investigación científica que siguen entregando datos clave sobre cómo funciona el sistema nervioso en el reino animal.


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