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En EAFIT, el perro es el mejor amigo del hombre

      
Desde hace tres meses, Sandra Aguirre Buitrago asiste a sus clases del pregrado en Música con una nueva amiga. Es su compañera para recorrer los pasillos y las cafeterías de la <strong><a href=https://estudios.universia.net/colombia/institucion/universidad-eafit-medellin target=_blank>Universidad EAFIT</a></strong>, acompañarla a los salones, hacer fila en las fotocopiadoras, visitar el Centro Cultural Biblioteca Luis Echavarría Villegas y el Auditorio Fundadores. Todo lo hace en sus cuatro patas.<br/><br/> Se llama Kyra y es una perra de raza labrador, color chocolate que, a diferencia de las demás mascotas, fue entrenada para guiar a su propietaria a través de la ciudad, ayudándole a evadir a las personas con las que pueda chocar y los obstáculos que surgen en el camino. <br/><br/> Cada mañana, en su casa en el barrio Aranjuez, Sandra se despide de sus papás y sus dos hermanos, le pone el arnés a Kyra y camina con ella un par de cuadras para tomar la ruta integrada. Luego, abordan el metro en la estación Tricentenario, se bajan en La Aguacatala y se dirigen hacia la <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/tag/universidad/ target=_blank>Universidad</a></strong>. El mismo trayecto lo hacen todos los días. <br/><br/> La llegada de la labradora le cambió la vida completamente a su dueña. “Me ha ayudado a tener autonomía. Antes tenía que esperar a que mis papás me trajeran o me recogieran y dependía mucho del tiempo de las otras personas”, cuenta la <strong><a href=https://estudiantes.universia.net.co/ target=_blank>estudiante eafitense</a></strong>, quien pudo dejar el bastón y ahora se desplaza por las instalaciones del campus, precedida siempre por su compañera. <br/><br/> Kyra tiene también tiene una excusa para ir a esos lugares donde tradicionalmente le ha sido prohibida la entrada a los animales, como el metro, las bibliotecas o las cafeterías. Asiste con su ama a clase y se acuesta a dormir tranquilamente debajo de la silla, también es común encontrarla en el Parque de los Pimientos, echada a sus pies. Sandra afirma en tono de broma que ha capturado más la atención de sus amigos. “Ya ni siquiera me hablan a mí, sino a ella”, comenta entre carcajadas. <br/><font size=2><strong><br/> La música es el proyecto de vida de Sandra</strong></font><br/> Esta soprano en formación tiene claro desde ya que quiere especializarse en música antigua, por eso su mayor sueño, después de terminar su carrera, es viajar a Suiza para realizar su posgrado, sin embargo por ahora, se dedica a perfeccionar su canto. Sandra dio sus primeros pasos en <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/tiempo-libre/noticia/2010/10/19/645620/opera-parque-2010.html target=_blank>el mundo de la música</a></strong> desde que era una niña. En el coro, donde estaba, descubrió que cantar no era solo un hobbie, sino la profesión a la que quería dedicarse durante toda la vida, por eso comenzó a perseguir con ahínco su sueño. <br/><br/> Se presentó a diferentes convocatorias tratando de conseguir una beca, hasta que finalmente recibió el apoyo de una fundación bogotana que le dio el aval para que comenzara sus estudios en la <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/busqueda-avanzada/11427/universidad_universidad-eafit---medell%C3%ADn/ target=_blank>Universidad EAFIT</a></strong>. Su limitación visual no ha sido un impedimento, al contrario, ha sido un aliciente más para demostrar sus capacidades. “Qué le vamos a hacer. No puedo encerrarme en la casa ni dejarme amedrentar por esta condición”, expresa con una sonrisa. <br/><br/> La Universidad le brinda semanalmente la asesoría de un músico, quien durante tres horas le dicta las partituras y documentos de estudio, de esta manera ella puede transcribirlas al braile, para después estudiarlas y practicarlas en clase. <br/><br/>
Desde hace tres meses, Sandra Aguirre Buitrago asiste a sus clases del pregrado en Música con una nueva amiga. Es su compañera para recorrer los pasillos y las cafeterías de la Universidad EAFIT, acompañarla a los salones, hacer fila en las fotocopiadoras, visitar el Centro Cultural Biblioteca Luis Echavarría Villegas y el Auditorio Fundadores. Todo lo hace en sus cuatro patas.

Se llama Kyra y es una perra de raza labrador, color chocolate que, a diferencia de las demás mascotas, fue entrenada para guiar a su propietaria a través de la ciudad, ayudándole a evadir a las personas con las que pueda chocar y los obstáculos que surgen en el camino.

Cada mañana, en su casa en el barrio Aranjuez, Sandra se despide de sus papás y sus dos hermanos, le pone el arnés a Kyra y camina con ella un par de cuadras para tomar la ruta integrada. Luego, abordan el metro en la estación Tricentenario, se bajan en La Aguacatala y se dirigen hacia la Universidad. El mismo trayecto lo hacen todos los días.

La llegada de la labradora le cambió la vida completamente a su dueña. “Me ha ayudado a tener autonomía. Antes tenía que esperar a que mis papás me trajeran o me recogieran y dependía mucho del tiempo de las otras personas”, cuenta la estudiante eafitense, quien pudo dejar el bastón y ahora se desplaza por las instalaciones del campus, precedida siempre por su compañera.

Kyra tiene también tiene una excusa para ir a esos lugares donde tradicionalmente le ha sido prohibida la entrada a los animales, como el metro, las bibliotecas o las cafeterías. Asiste con su ama a clase y se acuesta a dormir tranquilamente debajo de la silla, también es común encontrarla en el Parque de los Pimientos, echada a sus pies. Sandra afirma en tono de broma que ha capturado más la atención de sus amigos. “Ya ni siquiera me hablan a mí, sino a ella”, comenta entre carcajadas.

La música es el proyecto de vida de Sandra

Esta soprano en formación tiene claro desde ya que quiere especializarse en música antigua, por eso su mayor sueño, después de terminar su carrera, es viajar a Suiza para realizar su posgrado, sin embargo por ahora, se dedica a perfeccionar su canto. Sandra dio sus primeros pasos en el mundo de la música desde que era una niña. En el coro, donde estaba, descubrió que cantar no era solo un hobbie, sino la profesión a la que quería dedicarse durante toda la vida, por eso comenzó a perseguir con ahínco su sueño.

Se presentó a diferentes convocatorias tratando de conseguir una beca, hasta que finalmente recibió el apoyo de una fundación bogotana que le dio el aval para que comenzara sus estudios en la Universidad EAFIT. Su limitación visual no ha sido un impedimento, al contrario, ha sido un aliciente más para demostrar sus capacidades. “Qué le vamos a hacer. No puedo encerrarme en la casa ni dejarme amedrentar por esta condición”, expresa con una sonrisa.

La Universidad le brinda semanalmente la asesoría de un músico, quien durante tres horas le dicta las partituras y documentos de estudio, de esta manera ella puede transcribirlas al braile, para después estudiarlas y practicarlas en clase.


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