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Por falta de bosques con el agua al cuello

      
Y tras la <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/vida-universitaria/noticia/2008/06/02/242547/calentamiento-climatico-global-causas-efectos-retos.html target=_blank>deforestación</a></strong>, además de comprometer la oferta y calidad del agua, con el efecto de pavimento de las laderas, se ha alterado el ciclo hidrológico, incrementado la erosión y la sedimentación, y alternado sequias e inundaciones, tal cual lo presenciamos ahora. <br/><br/> Esto, porque a diferencia del Calentamiento cuya naturaleza es antrópica, tanto <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/publicaciones/noticia/2010/02/01/258525/nino-fenomeno-climatico-natural.html>El Niño como La Niña</a></strong>, no son desastres sino fenómenos naturales, que hacen que las dos temporadas climáticas de la Colombia andina, resulten secas con el primero y húmedas con la segunda. No obstante, habiendo arrasado los bosques en la mayoría de los escenarios rurales de la variada geografía del país, ahora estamos llegando a otros relictos como en el Área de Manejo Especial de la Macarena donde las pasturas superan la cuarta parte del millón cien mil hectáreas de su cobertura vegetal y los bosques un poco menos del 60%.<br/><br/> Y como el clima bimodal de la zona andina del país se acompasa con solsticios y equinoccios, ofreciendo con los primeros el inicio de sus temporadas secas y con los segundos el de sus húmedas, este invierno que debería ir desde el 21 de septiembre hasta el 22 de diciembre, para el primer trimestre del año entrante, de no atenuarse <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/tag/fen%C3%B3meno-del-Ni%C3%B1o/ target=_blank>el fenómeno de La Niña </a></strong>como factor de su mayor pluviosidad, tendríamos agua hasta junio. <br/><br/> A falta de bosques como sistemas de adaptación cuyas funciones comprenden beneficios como regular escorrentías, alimentar acuíferos y descargar las nubes, con el descontrol hídrico y pluviométrico, para la ocasión veremos<strong><a href=https://noticias.universia.net.co/tag/Desastres/ target=_blank> desastres y más desastres</a></strong>, que no solamente alcanzarán las zonas urbanas con sus riadas y deslizamientos, sino que degradaran la economía anegando fértiles valles y erosionando cordilleranas, y por lo tanto empobreciendo productores y encareciendo la canasta familiar. Solidaridad con los damnificados y con la frágil naturaleza. <br/><br/><strong>Por: Gonzalo Duque-Escobar<br/><a href=https://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales target=_blank>Desde el OAM, Ed. Circular RAC 58</a><a href=https://www.manizales.unal.edu.co/oam_manizales target=_blank>9 </a></strong><br/>
Y tras la deforestación, además de comprometer la oferta y calidad del agua, con el efecto de pavimento de las laderas, se ha alterado el ciclo hidrológico, incrementado la erosión y la sedimentación, y alternado sequias e inundaciones, tal cual lo presenciamos ahora.

Esto, porque a diferencia del Calentamiento cuya naturaleza es antrópica, tanto El Niño como La Niña, no son desastres sino fenómenos naturales, que hacen que las dos temporadas climáticas de la Colombia andina, resulten secas con el primero y húmedas con la segunda. No obstante, habiendo arrasado los bosques en la mayoría de los escenarios rurales de la variada geografía del país, ahora estamos llegando a otros relictos como en el Área de Manejo Especial de la Macarena donde las pasturas superan la cuarta parte del millón cien mil hectáreas de su cobertura vegetal y los bosques un poco menos del 60%.

Y como el clima bimodal de la zona andina del país se acompasa con solsticios y equinoccios, ofreciendo con los primeros el inicio de sus temporadas secas y con los segundos el de sus húmedas, este invierno que debería ir desde el 21 de septiembre hasta el 22 de diciembre, para el primer trimestre del año entrante, de no atenuarse el fenómeno de La Niña como factor de su mayor pluviosidad, tendríamos agua hasta junio.

A falta de bosques como sistemas de adaptación cuyas funciones comprenden beneficios como regular escorrentías, alimentar acuíferos y descargar las nubes, con el descontrol hídrico y pluviométrico, para la ocasión veremos desastres y más desastres, que no solamente alcanzarán las zonas urbanas con sus riadas y deslizamientos, sino que degradaran la economía anegando fértiles valles y erosionando cordilleranas, y por lo tanto empobreciendo productores y encareciendo la canasta familiar. Solidaridad con los damnificados y con la frágil naturaleza.

Por: Gonzalo Duque-Escobar
Desde el OAM, Ed. Circular RAC 589


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