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Estrés afecta la memoria, según estudio de la U. Nacional

      
No es gratuito que mucha gente pase noches enteras de desvelo repasando lo suficiente para ese examen final, y cuando llega el día –justo frente a la hoja– la mente quede ¡totalmente en blanco! Eso ocurre con más frecuencia de lo que se cree y la explicación es sencilla: “Cuando se recibe información bajo estrés, fácilmente se olvida lo aprendido”, así lo afirma Alejando Múnera, director del <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/publicaciones/noticia/2009/03/25/238141/grupos-investigacion-realizan-estudio-ambiental-empresas-publicas-medellin.html target=_blank>Grupo de Investigación en Neurofisiología Comportamenta</a></strong>l de la Universidad Nacional.<br/><br/> Y lo dice con argumentos científicos, pues junto a sus colegas lleva seis años investigando los <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/en-portada/noticia/2010/09/27/503892/estres-enfermedad-comun-universitarios.html target=_blank>efectos del estrés</a></strong> agudo sobre el funcionamiento de la memoria. Algunos de sus resultados revelan que, cuando se induce tensión en alguna de las fases del proceso de aprendizaje (motivación, conocimiento, comprensión, aplicación, validación), los efectos sobre la retención del conocimiento son adversos. <br/><br/><strong><a href=https://noticias.universia.net.co/tag/ratas/ target=_blank><font size=2>Roedores estresados</font></a></strong><br/> En la primera fase de estudio, las ratas fueron inducidas a instrucciones empleando una herramienta psicológica denominada Laberinto de Barnes, que sirve para medir el aprendizaje espacial y la memoria. <br/><br/> Se trata de un armazón redondo elevado a 90 centímetros del suelo, en el que se introduce el roedor. “La idea es que el animal busque un refugio oculto que tiene este sistema. Para inducirlo a la exploración, se somete a estímulos que lo hacen sentir vulnerable, como luz y niveles de ruido por encima de los 90 decibeles”, afirma el <strong><a href=https://noticias.universia.net.co/tag/INVESTIGADOR/ target=_blank>investigador</a></strong>. <br/><br/> A este proceso se sometieron dos grupos de ratas. Uno, antes de ingresar al laberinto, fue expuesto a periodos largos de estrés (entre 1 y 4 horas). “Esta reacción del organismo la logramos encerrándolas entre tubos de plástico. Allí solo podían respirar y mover sus patas. Sabemos que se tensionan, porque al medir en su sangre la corticosterona, hormona del estrés que se produce tanto en ratas como en humanos, los niveles se elevan: pasan de 80 nanogramos por mililitro, que es lo normal, a 250 ó 300”, agrega Múnera. <br/><a href=https://noticias.universia.net.co/tiempo-libre/noticia/2010/03/01/258291/formacion-online-aprendizaje-web-2-0.html target=_blank><font size=2><strong><br/> Agilidad en el aprendizaje</strong></font></a><br/> El Laberinto de Barnes cuenta con 18 orificios situados a su alrededor. Por 17 de ellos el animal puede asomar su cabeza pero no conducen a una vía de escape, tan solo uno cuenta con una “caja de salida”, donde puede refugiarse para no sentir el ruido ni la luz. Al comienzo de la prueba, las ratas estresadas se demoraron casi cuatro minutos para encontrar el agujero con la caja de escape. Aquellas que no lo lograron fueron ayudadas por los investigadores. Esta prueba se repitió ocho veces, con intervalos de cinco minutos. “A esta secuencia la denominamos sesión de aprendizaje”, especifica el investigador. <br/><br/> De esta manera, se detectó que con cada repetición disminuía el tiempo que empleaban las ratas en buscar la caja y refugiarse allí. Mientras en la primera secuencia tardaron 240 segundos en encontrarla, en la última emplearon 60 segundos nada más. Adicionalmente, se redujo el número de errores (así se denomina cuando meten la cabeza en los agujeros que no las conducen a la salida); de 15 en promedio bajaron a 5 al final. <br/><br/> Según Múnera, al día siguiente se repitió la sesión con los dos grupos de roedores (los que habían sido estresados y los que no): “Observamos que las ratas recordaban perfectamente cómo salir del laberinto y desalojaron el lugar en menos de un minuto, con menos de cinco errores. Lo que no es claro es si aprendieron realmente dónde quedaba el agujero correcto”. <br/><br/> Para complicarles la prueba, le quitaron la caja al agujero refugio. Así, todos los hoyos de la plataforma quedaron iguales. Luego pusieron a los dos grupos de roedores allí ocho veces más para completar la secuencia de aprendizaje, al tiempo que contaron el número de veces que metían la nariz en cada uno de los huecos. “Observamos que las ratas que el día anterior no habían sido sometidas a estrés insistían en meter la nariz en el agujero que antes tenía la caja. Esto indica que no olvidaron que estaba ahí el hoyo de salida. Por el contrario, aunque las ratas estresadas aprendieron a salirse del laberinto, cuando les quitamos la caja buscaron la salida por igual en todos los hoyos. Así, quedó claro que los animales estresados no recordaban con claridad la salida, contrario al grupo control, que lo hizo con rapidez”, afirma el investigador. <br/><strong><font size=2><br/><a href=https://noticias.universia.net.co/tag/Efectos/ target=_blank>No todo es negativo</a></font></strong><br/> Aunque el estrés prolongado puede generar daños en sistemas y órganos como el cerebro, de este análisis surge algo positivo. Según el neurofisiólogo, el estrés se convierte en una herramienta fundamental para modificar experiencias anteriores y aprender rápidamente nuevas. Cuando los animales adquirieron satisfactoriamente la tarea espacial fueron sometidos a estrés agudo 24 horas después del entrenamiento y antes de evaluar su capacidad de recordar la tarea aprendida. “Lo que observamos acá es que la extinción de esa memoria o recuerdo es más rápida en los animales estresados que en los animales control. Estos resultados muestran que el estrés sí interfiere parcialmente en la evocación de memorias previamente adquiridas, y a la vez las hace mucho más susceptibles de ser modificadas” advierte Múnera. <br/><br/> Pero en este punto el investigador aclara que esto no es malo, pues “el estrés se convierte en una herramienta fundamental para modificar la experiencia anterior y aprender rápido en nuevas circunstancias. Entonces concluimos que el estrés dificulta la adquisición de conocimiento y hace que este sea más volátil, pero también hace que yo pueda cambiar más rápido, lo que significa que genera en el individuo la capacidad de adaptarse en la vida, y eso es fundamental para sobrevivir”, concluye el investigador. <br/><br/>
No es gratuito que mucha gente pase noches enteras de desvelo repasando lo suficiente para ese examen final, y cuando llega el día –justo frente a la hoja– la mente quede ¡totalmente en blanco! Eso ocurre con más frecuencia de lo que se cree y la explicación es sencilla: “Cuando se recibe información bajo estrés, fácilmente se olvida lo aprendido”, así lo afirma Alejando Múnera, director del Grupo de Investigación en Neurofisiología Comportamental de la Universidad Nacional.

Y lo dice con argumentos científicos, pues junto a sus colegas lleva seis años investigando los efectos del estrés agudo sobre el funcionamiento de la memoria. Algunos de sus resultados revelan que, cuando se induce tensión en alguna de las fases del proceso de aprendizaje (motivación, conocimiento, comprensión, aplicación, validación), los efectos sobre la retención del conocimiento son adversos.

Roedores estresados
En la primera fase de estudio, las ratas fueron inducidas a instrucciones empleando una herramienta psicológica denominada Laberinto de Barnes, que sirve para medir el aprendizaje espacial y la memoria.

Se trata de un armazón redondo elevado a 90 centímetros del suelo, en el que se introduce el roedor. “La idea es que el animal busque un refugio oculto que tiene este sistema. Para inducirlo a la exploración, se somete a estímulos que lo hacen sentir vulnerable, como luz y niveles de ruido por encima de los 90 decibeles”, afirma el investigador.

A este proceso se sometieron dos grupos de ratas. Uno, antes de ingresar al laberinto, fue expuesto a periodos largos de estrés (entre 1 y 4 horas). “Esta reacción del organismo la logramos encerrándolas entre tubos de plástico. Allí solo podían respirar y mover sus patas. Sabemos que se tensionan, porque al medir en su sangre la corticosterona, hormona del estrés que se produce tanto en ratas como en humanos, los niveles se elevan: pasan de 80 nanogramos por mililitro, que es lo normal, a 250 ó 300”, agrega Múnera.

Agilidad en el aprendizaje

El Laberinto de Barnes cuenta con 18 orificios situados a su alrededor. Por 17 de ellos el animal puede asomar su cabeza pero no conducen a una vía de escape, tan solo uno cuenta con una “caja de salida”, donde puede refugiarse para no sentir el ruido ni la luz. Al comienzo de la prueba, las ratas estresadas se demoraron casi cuatro minutos para encontrar el agujero con la caja de escape. Aquellas que no lo lograron fueron ayudadas por los investigadores. Esta prueba se repitió ocho veces, con intervalos de cinco minutos. “A esta secuencia la denominamos sesión de aprendizaje”, especifica el investigador.

De esta manera, se detectó que con cada repetición disminuía el tiempo que empleaban las ratas en buscar la caja y refugiarse allí. Mientras en la primera secuencia tardaron 240 segundos en encontrarla, en la última emplearon 60 segundos nada más. Adicionalmente, se redujo el número de errores (así se denomina cuando meten la cabeza en los agujeros que no las conducen a la salida); de 15 en promedio bajaron a 5 al final.

Según Múnera, al día siguiente se repitió la sesión con los dos grupos de roedores (los que habían sido estresados y los que no): “Observamos que las ratas recordaban perfectamente cómo salir del laberinto y desalojaron el lugar en menos de un minuto, con menos de cinco errores. Lo que no es claro es si aprendieron realmente dónde quedaba el agujero correcto”.

Para complicarles la prueba, le quitaron la caja al agujero refugio. Así, todos los hoyos de la plataforma quedaron iguales. Luego pusieron a los dos grupos de roedores allí ocho veces más para completar la secuencia de aprendizaje, al tiempo que contaron el número de veces que metían la nariz en cada uno de los huecos. “Observamos que las ratas que el día anterior no habían sido sometidas a estrés insistían en meter la nariz en el agujero que antes tenía la caja. Esto indica que no olvidaron que estaba ahí el hoyo de salida. Por el contrario, aunque las ratas estresadas aprendieron a salirse del laberinto, cuando les quitamos la caja buscaron la salida por igual en todos los hoyos. Así, quedó claro que los animales estresados no recordaban con claridad la salida, contrario al grupo control, que lo hizo con rapidez”, afirma el investigador.

No todo es negativo

Aunque el estrés prolongado puede generar daños en sistemas y órganos como el cerebro, de este análisis surge algo positivo. Según el neurofisiólogo, el estrés se convierte en una herramienta fundamental para modificar experiencias anteriores y aprender rápidamente nuevas. Cuando los animales adquirieron satisfactoriamente la tarea espacial fueron sometidos a estrés agudo 24 horas después del entrenamiento y antes de evaluar su capacidad de recordar la tarea aprendida. “Lo que observamos acá es que la extinción de esa memoria o recuerdo es más rápida en los animales estresados que en los animales control. Estos resultados muestran que el estrés sí interfiere parcialmente en la evocación de memorias previamente adquiridas, y a la vez las hace mucho más susceptibles de ser modificadas” advierte Múnera.

Pero en este punto el investigador aclara que esto no es malo, pues “el estrés se convierte en una herramienta fundamental para modificar la experiencia anterior y aprender rápido en nuevas circunstancias. Entonces concluimos que el estrés dificulta la adquisición de conocimiento y hace que este sea más volátil, pero también hace que yo pueda cambiar más rápido, lo que significa que genera en el individuo la capacidad de adaptarse en la vida, y eso es fundamental para sobrevivir”, concluye el investigador.


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