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El país: condenado a una educación superior de segunda

      
Foto: Unimedios
En la presentación de la política de educación superior, el MEN expuso estrategias que no dimensionan la importancia de este sector como un asunto estratégico del Estado colombiano.
Lo anterior lleva a dos escenarios: por un lado, sin desconocer el impacto positivo que los créditos del Icetex han tenido en jóvenes de los estratos 1, 2 y 3, especialmente de ciudades intermedias y regiones de menor desarrollo, las cifras indican que el 80,3% de los beneficiarios durante el periodo 2003–2008 estaban en instituciones privadas y el 19,7%, en públicas. En este sentido, aumentar los créditos que pocas personas utilizan en las IES estatales definitivamente no cambiará el panorama presupuestal.

Por otro lado, el apoyo a la tímida reforma planteada a la Ley 30 no resuelve el problema estructural de financiación. Así, las universidades deberán hacer más esfuerzos en formación e investigación, aumentando sus gastos pero funcionando con la misma cantidad de recursos que vienen percibiendo desde la promulgación de dicha norma en 1992.

Este déficit continuo y creciente seguirá impactando de tres formas: 1) impidiendo un mayor dinamismo en la construcción y ampliación de infraestructura, bibliotecas, dotación de laboratorios, equipamiento tecnológico y redes, 2) limitando el acceso de los sectores más pobres a enseñanza de calidad y 3) obstaculizando la generación de conocimientos significativos al desarrollo social, dejando serias dudas frente al cumplimiento de las metas planteadas en la nueva política, e incluso en elPlan Nacional de Desarrollo 2010-2014.

En suma, el gobierno nacional ha desaprovechado la oportunidad para cambiar el rumbo. En una combinación de profundo desconocimiento de los detalles del sector y una falta de visión estratégica a largo plazo sobre la importancia de la educación y la investigación en el marco de la sociedad del conocimiento, se han planteado una serie de estrategias tímidas y continuistas que condenan al país a seguir pensándose como subdesarrollado y proyectándose como consumidor pasivo y deficiente del saber científico y tecnológico, con todo lo que esto implica para mantener un bajo nivel de desarrollo económico, político, social y ambiental.

Discusiones aplazadas

Si el Estado no concibe la educación superior y la investigación científica y tecnológica como un asunto estratégico (acompañada de recursos nuevos distribuidos con los incentivos correctos), problemas como la calidad, la pertinencia y la financiación están lejos de ser resueltos.

Entonces, surge la pregunta: ¿por qué es tan difícil abordar discusiones esenciales para el desarrollo social y económico? El futuro desafortunadamente no es incierto: sin cambios profundos, realizados con la participación y el apoyo de toda la sociedad, el país quedará realmente rezagado y separado de las regiones más dinámicas y prósperas del mundo.

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