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Hora de pensar, hora de actuar

      
En el texto, que tiene como objetivo responder a preguntas sobre la efectividad de las políticas antidroga, cuantificar temas de producción y consumo, tratar temas sobre la conducción de la política internacional o la prevención, se abordan la economía de la producción, las políticas para la reducción del consumo y la disminución de la oferta durante el Plan Colombia, las políticas para evitar el lavado de activos, la conexión entre el tráfico de drogas y la parapolítica y las estrategias contra el crimen organizado, entre otros.<br/><br/> En Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos se recogen investigaciones de académicos de diferentes disciplinas como Daniel Mauricio Rico, Adriana Camacho, Catherine Rodríguez, Carlos Zorro, Jorge Larreamendy-Joerns, María Fernanda Vence, Sandra Borda, Muriel Laurent, Arlene Tickner, Carolina Cepeda, Julieta Lemaitre, Mauricio Albarracín, Manuel Iturralde, Libardo José Ariza, Carlos Caballero, Alfonso Amaya, Álvaro Camacho, Miguel García, Juan Carlos Echeverry, María Paula Gómez, Diego García, Catalina Arreaza y el ex presidente César Gaviria.<br/><br/> La recopilación estuvo a cargo de Daniel Mejía, PhD en Economía de Brown University y profesor de Los Andes, y de Alejandro Gaviria, PhD en Economía de la Universidad de California (San Diego) y decano de Economía de Los Andes.<br/><br/> – ¿Cómo considera que han sido las políticas antidroga en Colombia hasta ahora? <br/><br/> Daniel Mejía: Ha habido de todo. Desde políticas exitosas que logran desmantelar grandes carteles y peligrosas estructuras criminales, hasta la ausencia casi total de políticas de prevención y tratamiento del consumo. En la mitad encontramos una política exterior ‘narcotizada’ (basada casi exclusivamente en el tema antinarcóticos); políticas de prevención de lavado de activos que han funcionado para que no se haga a través del sistema financiero, pero que han descuidado otros posibles canales; políticas de erradicación de cultivos que casi nada han hecho para reducir los de coca y políticas de interdicción que han funcionado para golpear el negocio del narcotráfico.<br/><br/> Pero más allá de la efectividad y los costos de cada política, lo que ha caracterizado las políticas antidroga en Colombia es la falta de coordinación entre los entes del Estado encargados de su diseño e implementación. Esto, en gran parte, se debe a la inoperancia casi total de la Dirección Nacional de Estupefacientes (organismo rector de la política antidroga en Colombia), entidad que en los últimos años ha sido señalada por escándalos de corrupción en el manejo de los bienes incautados al narcotráfico y que carece de la capacidad técnica para diseñar políticas basadas en la evidencia y coordinar los esfuerzos que realizan diferentes entidades del Estado como la Policía Antinarcóticos, Acción Social, el Ministerio de Protección Social, Cancillería, etc.<br/><br/> – ¿Cuál debería ser el rumbo de las políticas antidroga en Colombia <br/><br/> – Basarse en la evidencia científica acerca de qué funciona, qué no, y a qué costo. Los éxitos no se pueden medir por los aumentos en el precio de la cocaína en las calles de Estados Unidos o por el número de personas encarceladas o asesinadas. Le pongo un ejemplo concreto del error en el que caen las autoridades al suponer que un aumento del precio de la cocaína es señal de éxito de las políticas antidroga: supongamos que uno observa un aumento de los precios de la cocaína en las principales ciudades de Estados Unidos y que dicho aumento es producto de las políticas antidroga implementadas en Colombia. A pesar de que visto de manera estática el aumento de los precios puede estar señalando una caída en la oferta, esto va a aumentar los márgenes de ganancia del narcotráfico y va a inducir a que más personas quieran vincularse con este negocio en el mediano plazo.<br/><br/> También, vale la pena recordar que los niveles de violencia asociados al narcotráfico son directamente proporcionales al tamaño de este mercado ilegal y a sus rentas. Con esto, aumentos en el precio de la cocaína pueden generar más producción, violencia y costos para combatir este negocio. Por el contrario, si las políticas se enfocan en reducir el consumo (mediante estrategias de prevención basadas en campañas exitosas de educación, por ejemplo), los precios bajarían y no por mayor oferta sino por menor demanda. Más aún, la caída en los precios tiene un efecto colateral positivo sobre los países productores y de tránsito: baja las rentas asociadas al narcotráfico, haciendo que menos personas se quieran vincular y disminuye la violencia.<br/><br/> – ¿Debería Colombia independizarse de la opinión de Estados Unidos para generar políticas?<br/><br/> – Sí. Colombia tiene el conocimiento y la autoridad para diseñar e implementar políticas antidroga más efectivas. El mismo general Naranjo lo dijo con mucha valentía y honestidad en un debate que organizamos en mayo de 2010 en la Universidad de Los Andes: las políticas antidroga en Colombia han estado hipotecadas a los intereses de Estados Unidos durante los últimos años. Ahora, si presionarlos por el diseño de políticas antidroga más efectivas y menos costosas para el país (no sólo en términos económicos sino también de vidas) significar perder la ayuda económica para la implementación de políticas antidroga, el país tendrá que pensar en fuentes alternativas.<br/><br/> – ¿La legalización de la droga es la solución?<br/><br/> – Depende. Para drogas fuertes como la cocaína y la heroína, la legalización, a mi juicio, es una salida simplista y errónea. En el caso de estas drogas la mejor opción es implementar políticas enfocadas en reducir consumo mediante estrategias educativas efectivas sobre los riesgos y los daños por el consumo. Para drogas más suaves, como la marihuana, la legalización con controles y regulación activa sí puede ser la salida. Sé que este es un tema que causa mucha controversia, especialmente en críticos acérrimos de cualquier cambio en la legislación sobre el consumo, pero los argumentos de estos sectores están basados más en posturas ideológicas preconcebidas y en la manipulación de información errónea que en resultados de investigaciones académicas serias.<br/><br/> – ¿Ha funcionado la guerra estadounidense contra las drogas?<br/><br/> – Definitivamente no. La postura netamente prohibicionista y enfocada en la criminalización de los consumidores ha fracasado. El consumo de drogas en Estados Unidos crece de manera permanente, hay nuevas y más potentes drogas, más jóvenes encarcelados por el porte de unos gramos de marihuana y la violencia en los países productores y de tránsito sigue recrudeciéndose. Si esto no es una señal clara de que necesitamos abrir un debate informado sobre el tema en el mundo, no sé cuál es la señal que están esperando los gobiernos para hacerlo.<br/><br/> – ¿Cuál es el objetivo del libro ‘Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos’?<br/><br/> – Contribuir a un debate más vivo que nunca: el diseño y la implementación de políticas antidroga más efectivas, menos costosas y que se basen más en la evidencia sobre qué funciona y qué no y menos en posturas ideológicas preconcebidas con poca evidencia científica.<br/><br/> – ¿Cuál es su balance final al ver el libro terminado?<br/><br/> – Muy positivo. Logramos abarcar muchas dimensiones de primer orden sobre las políticas antidroga en Colombia. Más importante aún, logramos el objetivo de formular recomendaciones de política concretas que deberían ayudar a formular políticas más efectivas en el largo plazo.<br/><br/>
En el texto, que tiene como objetivo responder a preguntas sobre la efectividad de las políticas antidroga, cuantificar temas de producción y consumo, tratar temas sobre la conducción de la política internacional o la prevención, se abordan la economía de la producción, las políticas para la reducción del consumo y la disminución de la oferta durante el Plan Colombia, las políticas para evitar el lavado de activos, la conexión entre el tráfico de drogas y la parapolítica y las estrategias contra el crimen organizado, entre otros.

En Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos se recogen investigaciones de académicos de diferentes disciplinas como Daniel Mauricio Rico, Adriana Camacho, Catherine Rodríguez, Carlos Zorro, Jorge Larreamendy-Joerns, María Fernanda Vence, Sandra Borda, Muriel Laurent, Arlene Tickner, Carolina Cepeda, Julieta Lemaitre, Mauricio Albarracín, Manuel Iturralde, Libardo José Ariza, Carlos Caballero, Alfonso Amaya, Álvaro Camacho, Miguel García, Juan Carlos Echeverry, María Paula Gómez, Diego García, Catalina Arreaza y el ex presidente César Gaviria.

La recopilación estuvo a cargo de Daniel Mejía, PhD en Economía de Brown University y profesor de Los Andes, y de Alejandro Gaviria, PhD en Economía de la Universidad de California (San Diego) y decano de Economía de Los Andes.

– ¿Cómo considera que han sido las políticas antidroga en Colombia hasta ahora?

Daniel Mejía: Ha habido de todo. Desde políticas exitosas que logran desmantelar grandes carteles y peligrosas estructuras criminales, hasta la ausencia casi total de políticas de prevención y tratamiento del consumo. En la mitad encontramos una política exterior ‘narcotizada’ (basada casi exclusivamente en el tema antinarcóticos); políticas de prevención de lavado de activos que han funcionado para que no se haga a través del sistema financiero, pero que han descuidado otros posibles canales; políticas de erradicación de cultivos que casi nada han hecho para reducir los de coca y políticas de interdicción que han funcionado para golpear el negocio del narcotráfico.

Pero más allá de la efectividad y los costos de cada política, lo que ha caracterizado las políticas antidroga en Colombia es la falta de coordinación entre los entes del Estado encargados de su diseño e implementación. Esto, en gran parte, se debe a la inoperancia casi total de la Dirección Nacional de Estupefacientes (organismo rector de la política antidroga en Colombia), entidad que en los últimos años ha sido señalada por escándalos de corrupción en el manejo de los bienes incautados al narcotráfico y que carece de la capacidad técnica para diseñar políticas basadas en la evidencia y coordinar los esfuerzos que realizan diferentes entidades del Estado como la Policía Antinarcóticos, Acción Social, el Ministerio de Protección Social, Cancillería, etc.

– ¿Cuál debería ser el rumbo de las políticas antidroga en Colombia

– Basarse en la evidencia científica acerca de qué funciona, qué no, y a qué costo. Los éxitos no se pueden medir por los aumentos en el precio de la cocaína en las calles de Estados Unidos o por el número de personas encarceladas o asesinadas. Le pongo un ejemplo concreto del error en el que caen las autoridades al suponer que un aumento del precio de la cocaína es señal de éxito de las políticas antidroga: supongamos que uno observa un aumento de los precios de la cocaína en las principales ciudades de Estados Unidos y que dicho aumento es producto de las políticas antidroga implementadas en Colombia. A pesar de que visto de manera estática el aumento de los precios puede estar señalando una caída en la oferta, esto va a aumentar los márgenes de ganancia del narcotráfico y va a inducir a que más personas quieran vincularse con este negocio en el mediano plazo.

También, vale la pena recordar que los niveles de violencia asociados al narcotráfico son directamente proporcionales al tamaño de este mercado ilegal y a sus rentas. Con esto, aumentos en el precio de la cocaína pueden generar más producción, violencia y costos para combatir este negocio. Por el contrario, si las políticas se enfocan en reducir el consumo (mediante estrategias de prevención basadas en campañas exitosas de educación, por ejemplo), los precios bajarían y no por mayor oferta sino por menor demanda. Más aún, la caída en los precios tiene un efecto colateral positivo sobre los países productores y de tránsito: baja las rentas asociadas al narcotráfico, haciendo que menos personas se quieran vincular y disminuye la violencia.

– ¿Debería Colombia independizarse de la opinión de Estados Unidos para generar políticas?

– Sí. Colombia tiene el conocimiento y la autoridad para diseñar e implementar políticas antidroga más efectivas. El mismo general Naranjo lo dijo con mucha valentía y honestidad en un debate que organizamos en mayo de 2010 en la Universidad de Los Andes: las políticas antidroga en Colombia han estado hipotecadas a los intereses de Estados Unidos durante los últimos años. Ahora, si presionarlos por el diseño de políticas antidroga más efectivas y menos costosas para el país (no sólo en términos económicos sino también de vidas) significar perder la ayuda económica para la implementación de políticas antidroga, el país tendrá que pensar en fuentes alternativas.

– ¿La legalización de la droga es la solución?

– Depende. Para drogas fuertes como la cocaína y la heroína, la legalización, a mi juicio, es una salida simplista y errónea. En el caso de estas drogas la mejor opción es implementar políticas enfocadas en reducir consumo mediante estrategias educativas efectivas sobre los riesgos y los daños por el consumo. Para drogas más suaves, como la marihuana, la legalización con controles y regulación activa sí puede ser la salida. Sé que este es un tema que causa mucha controversia, especialmente en críticos acérrimos de cualquier cambio en la legislación sobre el consumo, pero los argumentos de estos sectores están basados más en posturas ideológicas preconcebidas y en la manipulación de información errónea que en resultados de investigaciones académicas serias.

– ¿Ha funcionado la guerra estadounidense contra las drogas?

– Definitivamente no. La postura netamente prohibicionista y enfocada en la criminalización de los consumidores ha fracasado. El consumo de drogas en Estados Unidos crece de manera permanente, hay nuevas y más potentes drogas, más jóvenes encarcelados por el porte de unos gramos de marihuana y la violencia en los países productores y de tránsito sigue recrudeciéndose. Si esto no es una señal clara de que necesitamos abrir un debate informado sobre el tema en el mundo, no sé cuál es la señal que están esperando los gobiernos para hacerlo.

– ¿Cuál es el objetivo del libro ‘Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos’?

– Contribuir a un debate más vivo que nunca: el diseño y la implementación de políticas antidroga más efectivas, menos costosas y que se basen más en la evidencia sobre qué funciona y qué no y menos en posturas ideológicas preconcebidas con poca evidencia científica.

– ¿Cuál es su balance final al ver el libro terminado?

– Muy positivo. Logramos abarcar muchas dimensiones de primer orden sobre las políticas antidroga en Colombia. Más importante aún, logramos el objetivo de formular recomendaciones de política concretas que deberían ayudar a formular políticas más efectivas en el largo plazo.


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