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Tras el concierto de las ranas

      
Foto: Agencia de Noticias UN - Unimedios - Palmira
El Grupo de Investigación en Recursos Zoogenéticos de la UN se ha preocupado por preservar esta especie en peligro y realiza desde hace dos años un programa de monitoreo de anfibios en esta reserva nacional, con el objetivo de evaluar su cambio poblacional.
En medio de la espesa vegetación de la Reserva Nacional Forestal Bosque de Yotoco (propiedad de la Sede Palmira), mora un anfibio que ha vivido por millones de años, incluso antes de que los humanos existiéramos y que ha sido inspiración para cuentos y canciones infantiles: las ranas. Estos animales, también conocidos como anuros, son considerados una fuente importante de alimento para algunos depredadores del bosque.

Pequeños en tamaño pero grandes controladores de insectos, actualmente se encuentran en la lista roja de las especies en peligro de extinción a nivel mundial, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), debido a la destrucción de su hábitat, el cambio climático y un potente hongo que las está matando en gran parte del planeta.

El Grupo de Investigaciónen Recursos Zoogenéticos de la UN se ha preocupado por preservar esta especie en peligro y realiza desde hace dos años un programa de monitoreo de anfibios en esta reserva nacional, con el objetivo de evaluar su cambio poblacional. Árboles de más de diez metros de longitud, abundantes enredaderas de monte, serpientes, arañas y mosquitos son algunos de los obstáculos que este grupo de investigadores debe sortear para seguir el canto de las ranas y conocer qué esta pasando con sus poblaciones en este importante relicto de bosque del Valle del Cauca.

El recorrido en busca de los coloridos anuros puede comenzar en las primeras horas de la mañana o en las primeras de la noche, pues es cuando más se escucha su croar. Los exploradores prefieren la noche porque en medio del silencio es más fácil diferenciar el canto de las ranas. “Recorremos el bosque entre las cinco de la tarde y las doce de la madrugada, una jornada que resulta en ocasiones aterradora, sobre todo por los extraños ruidos de la selva y los ojos de algunos animales que sobresalen en la oscuridad”, comenta Elizabeth Mora, estudiante de Zootecnia.

A pesar del miedo y las dificultades que trae la noche, su atención debe permanecer en los sonidos que solo las ranas macho tienen el privilegio de emitir desde la profundidad de sus cobijos. Sin embargo, su canto podría llevarlos al paradero exacto de su objetivo, o al extravío en medio de la tenebrosa vegetación.

“En uno de los recorridos, por seguir el croar que parecía estar cerca, tres que encabezaban la fila siguieron adelante dejándonos a cuatro compañeros atrás sin iluminación. Cuando caímos en cuenta, estábamos perdidos en la oscuridad de la selva, sintiendo la presencia de los animales que nos miraban como si fuéramos su presa”, recuerda Eva Ramírez, una de las investigadoras.

Ese día, luego de permanecer cerca de dos horas sumergidos en el bosque tratando de encontrar con la luz de la luna el camino de regreso, los estudiantes llegaron sanos y salvos a las dos de la madrugada a la casa de la reserva. ¡Un gran susto! La crónica completa en Matices. Historias detrás de la investigación.

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