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Informalidad, trabajo que cuesta

      
Foto: Universidad de los Andes
En su análisis señalan que en Colombia la informalidad laboral afecta a 60 por ciento de las personas con empleo (2009). Es decir, carecen de afiliación a seguridad social, de un contrato y de cubrimiento de las leyes laborales.
Para Jhon Marín, comunicador social de 45 años, lo más complejo de su situación es vivir del salario de su esposa. Trabajó durante 16 años en tres empresas editoriales del país, ganaba más de tres salarios mínimos, tenía prestaciones y bonificaciones, pero desde hace cinco años no ha tenido empleo ni salario fijo.

Desesperado por la crisis y con la ayuda de su esposa, creó su propio negocio: un sitio de Internet en el que publica noticias regionales de Caldas. Pese a sus esfuerzos y tras seis meses de trabajo, no ha logrado producir ni siquiera un salario mínimo. “No cotizo pensión. Para hacer mis pagos al sistema de salud, como independiente, mi señora me da los 85 mil pesos mensuales que pago por ley”, comenta. Su experiencia ilustra la realidad de seis millones de personas en Colombia, quienes viven del rebusque en la informalidad, fenómeno atribuido, en parte, a los costos que asumen los empresarios por cada empleado contratado.

Basados en esta problemática, Fabio Sánchez Torres y Oriana Álvarez Vos, del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede), de la Facultad de Economía de Los Andes, elaboraron Un diagnóstico de la informalidad laboral y los costos laborales en Colombia y una propuesta de política para incentivar la formalización laboral.

En su análisis señalan que en Colombia la informalidad laboral afecta a 60 por ciento de las personas con empleo (2009). Es decir, carecen de afiliación a seguridad social, de un contrato y de cubrimiento de las leyes laborales. “Puede que tengan salud a través del Sisbén, pero el tema –subraya Sánchez– es si el trabajo les provee seguridad social”. Contrario a esto, solo cuatro millones de colombianos tienen un empleo formal (la muestra fue tomada en las 13 principales ciudades del país): cuentan con los pagos del empleador a la seguridad social (salud y pensión), transporte, primas, vacaciones y costos adicionales como parafiscales o contribuciones al Sena, ICBF y cajas de compensación.

El efecto negativo de estos costos es determinante en el aumento de la informalidad laboral, según Sánchez y Álvarez. “Un empresario calcula cuánto produce una persona si la emplea y lo compara con cuánto le cuesta”, explica Sánchez. La persona que no logra un empleo formal –agrega–, recurre a la informalidad, a emplearse como trabajador por cuenta propia, en un puesto en la calle, en un pequeño taller o en empresas familiares pequeñas. Son escenarios de baja productividad, sin tecnología ni innovación y con salarios bajos.

Sánchez considera que la incapacidad de los trabajadores no calificados para vincularse al sector moderno es determinante. En Colombia es muy alta la informalidad por empresas que tienen de uno a diez empleados. “Las microempresas no tienen capacidad de innovar. Este hecho inhibe. Lo que hay que promover es que las personas se vinculen a empresas grandes donde hay innovación”. A su juicio, incentivar la creación de microempresas o famiempresas reproduce el rezago.

Continúe leyendo el artículo en la página web de la Universidad de los Andes
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