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Sismo de Armenia, hecho doloroso que le aportó a la ciencia

      
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Ese terremoto representó una ventana científica sin precedentes, porque nos permitió desarrollar estudios más profundos sobre las particularidades sísmicas de la región.
Así lo afirmó el geólogo caldense Carlos Alberto Vargas, quien desde ese 25 de enero de 1999, día de la tragedia, se empeñó en conocer mejor la tierra sobre la que se asientan las vulnerables ciudades de esa región.
 
Una de las particularidades del seísmo del Quindío fue la profundidad del epicentro del movimiento telúrico. Según Vargas, la falla ocurrió a 16 kilómetros, muy cerca de la superficie, a diferencia de los eventos registrados anteriormente, los cuales ocurrieron entre los 80 y 100 kilómetros en lo hondo de la Tierra.  

“Para los geólogos, ese terremoto representó una ventana científica sin precedentes, porque nos permitió desarrollar estudios más profundos sobre las particularidades sísmicas de la región. Por ejemplo, hoy se evalúa si la falla geológica Córdoba fue la que motivó realmente ese seísmo o si se trata de una nueva que estamos proponiendo (la falla Caldas Tear)”, explicó el experto de la UN de Colombia.

Vargas aseguró que sacudidas como la de Armenia eran impensables antes de 1999, pues los anteriores registros (años 1938, 1942, 1958, 1969, 1979 y 1995 tenían rasgos muy distintos). “Hoy existe una precepción de mayor vulnerabilidad ante seísmos de poca profundidad en la zona. Lo que hemos hallado, por lo pronto, es que la escala máxima que se podría presentar en la región es de 6.5 en la escala sismológica de Richter. Recordemos que la de Armenia fue de 6.2”, indicó a la Agencia de Noticias UN.

De todo hecho catastrófico salen aprendizajes; en el caso del Eje Cafetero fue la toma de conciencia de las autoridades locales de vigilar continuamente las señales sísmicas de la Tierra.

“A partir de ese hecho se generó un esfuerzo nacional y regional entre Ingeominas, la Corporación Autónoma Regional del Quindío, la Universidad del Quindío y la Universidad Nacional de Colombia, entre otras instituciones, para realizar estudios sistemáticos en la región. De hecho, después del terremoto se instalaron medidores sismológicos que desde hace 13 años entregan valiosa información”, destacó el geólogo.

Las investigaciones geológicas de este tipo, además de ayudar a conocer la morfología y peculiaridades de nuestro subsuelo, tienen como fin principal ayudar a generar conciencia sobre los riesgos a los que están expuestos los habitantes. Se necesitan construcciones más seguras, capacitaciones más frecuentes y generar una conciencia colectiva de que se vive en regiones vulnerables. Estas son tareas que les corresponde promover a las autoridades.


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