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Lo que por agua se va...

      
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Agua: un recurso que debe ser cuidado.
Jenny Rocío Cortés tiene 18 años y estudia grado undécimo en la Institución Educativa Departamental El Carmen, de Guasca, Cundinamarca. Su vida transcurre en las labores de la finca de la cual sus padres están encargados y su estudio. Aunque su cotidianidad parece la misma desde hace varios años, algo ha cambiado. Jenny ahora hace parte del grupo de cincuenta estudiantes cuyo trabajo transforma la conciencia de todo el municipio sobre el manejo del agua.

Guasca está en la región del Guavio, zona de páramo con reservas acuíferas que proveen la zona aledaña y cerca del 60% del líquido que llega a Bogotá. Sin embargo y a pesar de la riqueza de agua de la región, sequía y problemas administrativos han hecho que la sustentabilidad no esté asegurada por mucho tiempo si no se toman medidas.

“En Guasca, desde que tengo memoria, existió la idea de que el agua es nuestra porque nace acá y podemos hacer con ella lo que queramos. Se dejaban abiertas las llaves en los baños y los tubos rotos duraban días sin arreglo. Desperdiciamos un recurso por el que se paga mucho en otros lugares”, afirma Juan Pablo Rodríguez, profesor del Colegio El Carmen.
 

Lo que pasó

Para cambiar la cultura de manejo del agua en Guasca, un grupo de estudiantes y profesores de las universidades Minuto de Dios y Los Andes, pertenecientes a Ingenieros sin Fronteras (ISF), comenzó a trabajar con cien alumnos de El Carmen, entre ellos Jenny, en un proyecto que lleva siete meses en ejecución.

Su misión:medir diariamente del consumo de agua en sus hogares según su contador y aplicar estrategias para de ahorro en talleres de capacitación. Las cifras serían recibidas a diario en una plataforma de recepción y emisión de mensajes de texto. Las tabulaciones semanales serían llevadas por Lina Díaz, capacitadora de la iniciativa, para el control por parte de los estudiantes y el ajuste al consumo para reducir sus proporciones.

La labor no fue fácil. De 100 estudiantes inscritos, al finalizar la recolección de datos cuatro meses después quedaban 50. Además, de acuerdo con Lina Díaz, un sector de la comunidad creyó que era una investigación de compañías de servicios públicos para aumentar sus tarifas, de espionaje gubernamental o de alguien con ganas de apropiarse del agua de Guasca. Con el tiempo, los talleres y el testimonio de quienes recogían los datos, la oposición se convirtió en apoyo.

Los hogares disminuyeron su consumo en 65,4 litros de agua por semana, en promedio, juntando a las familias de alto y bajo uso del líquido. “Los hogares de mayor consumo disminuyeron en 14% y los de menor consumo, en 11%”, explica Díaz
.

Con estas cifras, el ahorro de agua de quienes participaron llegó a 21,2 metros cúbicos en tres meses, el equivalente a 21.200 botellas de agua de 1 litro o 35.334 botellas de 600 mililitros.

Al respecto, Jenny considera que con esta primera fase se logró algo que tanto jóvenes como adultos creían irrealizable: sensibilizar a amplios sectores de la población más allá de los estudiantes y las familias comprometidos. “Aprendimos a ahorrar el agua, a ser responsables con ella y a notar que lo que hagamos con ella no es solo nuestro problema, sino que afecta a muchos. Además de nuestras familias, lo más satisfactorio fue contar con vecinos, conocidos y hasta dueños de fincas de recreo que no residen en la región”, añade Cortés.

Para Catalina Ramírez, la labor se centra en logros con labores sencillas que no necesariamente involucran procesos complejos de ingeniería sino tareas fáciles de adoptar y replicar.

“Aunque en lugares como Guayabal de Síquima mejoramos la calidad del agua mediante filtros y capacitaciones, en Guasca, centro de abastecimiento de toda la región, era importante comenzar porque la gente fuera consciente. Era necesario explorar estrategias de gestión”, cuenta Ramírez.
 
 
Otros proyectos

Guayabal de Síquima (Cundinamarca) ISF intervino en la zona rural del municipio (acueductos veredales), para aplicar un filtro de arena lento purificador de agua. Además de la instalación de los filtros, se capacitó a la comunidad para su mantenimiento y la réplica de la iniciativa.

Icononzo (Tolima) En una alianza con la Universidad del Tolima, ISF aplicó el filtro de arena lento y capacitó a la comunidad. Con esto se mejoró la calidad del agua que recibe este municipio, pues sus acueductos veredales no garantizaban la potabilidad del líquido.

Ciudad Bolívar (Bogotá) En el Mochuelo Bajo y en el marco de la iniciativa Vivienda saludable del Centro de Estudios en Vivienda de Interés Social, ISF desarrolló proyectos de saneamiento básico, recolección y manejo de agua e implantó una segunda versión del filtro de arena, mejorada gracias a investigaciones en Uniminuto. En 2011 se evaluó el piloto en laboratorio para analizar la potabilidad del agua luego de la instalación de los filtros.
 

Investigadores

Equipo IS F Universidad de los Andes que trabajó en Guasca:
María Catalina Ramírez (coordinadora), Juan Camilo Cárdenas (profesor), Lina María Díaz y Miguel Ángel González (coordinadores y capacitadores del proyecto) y Luis Camilo Caicedo (asistente de investigación).



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