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Bogotá estudiada como un organismo viviente

      
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El futuro de la sustentabilidad ambiental de la capital del país. Foto: Agencia Nacional de Noticias de la UN.
Esta bitácora corresponde a su tesis de maestría: “Metabolismo de la ciudad de Bogotá D. C.”, en la que determinó conceptualmente y en cifras agregadas la trasformación del casco urbano. Dichos números, a 2010, fueron obtenidos a partir de una serie de cálculos propios y de fuentes institucionales diversas. “Es un compendio global con el que la ciudad no contaba”, asegura el investigador.

El concepto de metabolismo urbano permite pensar y analizar los centros urbanos como seres vivos que crecen, que se desarrollan y que, en algún momento, pueden morir. Esta comprensión tiene sus orígenes en el trabajo pionero de Abel Wolman (1965) sobre el metabolismo de las ciudades (The Metabolism of Cities), en el cual intentó dar respuesta al porqué de la pérdida de la calidad del agua y del aire en los centros urbanos de Norte América.

En ese sentido, la investigación de Díaz muestra el metabolismo de la ciudad en varios aspectos. En primer lugar, el agua facturada (8,6 m3/s), desperdiciada (6 m3/s) y vertida (16,4 m3/s). En segundo, la energía total liberada (125,8 tera-BTU/año; el equivalente a 4,5 millones de toneladas de carbón quemado) y el consumo de combustibles fósiles: gasolina, diesel, GN, GLP y carbón (2,4 millones de toneladas). Y, finalmente, el consumo de alimentos (2.800.000 de toneladas): 51% del cual fue suministrado por la central de abastos (Corabastos) y el 49%, por las cadenas de almacenes.

El estudio tuvo en cuenta el contexto económico y político en relación con la dinámica poblacional, durante seis momentos históricos de la capital colombiana: fundación, época colonial, época republicana, bogotazo, crecimiento urbano del siglo XX y ciudad extendida del siglo XXI.

Con estos antecedentes históricos, se elaboró un registro fotográfico (cualitativo y cuantitativo) del gran cambio que ha sufrido Bogotá en el tiempo y se logró hacer una proyección para el 2025.

De acuerdo con Díaz, en este estudio de la ciudad como un organismo vivo, la conceptualización, cálculo y análisis de las principales pérdidas corresponde a un proceso termodinámico de la ciudad que permite prever la magnitud de su gasto energético y de las implicaciones ambientales que este tendría sobre los sistemas naturales que la abastecen.


El estudio

Según el estudio, la cuantificación (entre los  años 1980 y 2010) muestra que el consumo total de alimentos y de energía se ha incrementado durante las últimas tres décadas, mientras que el de agua se ha mantenido constante, debido a las restricciones de abastecimiento del año 1997 y a la implementación de políticas públicas en ese sentido.

Para el año 2025, se espera que el consumo de todos los factores estudiados se incremente, lo que crea condiciones de alta presión sobre la infraestructura urbana y sus alrededores y expone a la ciudad a un riesgo de desabastecimiento que puede llevarla a un colapso.

Finalmente, asegura que el panorama calculado para dentro de quince años es crítico y no prevé condiciones ambientales favorables ni para la ciudad ni para los sistemas naturales y productivos de sustento. Por tal razón, plantea que las nuevas propuestas de sostenibilidad urbanadeben contemplar la reutilización de los materiales de desecho, el uso de formas renovables de energía y la aplicación de instrumentos de política ambiental. Medidas apremiantes para enfrentar las consecuencias del cambio climático.
 

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