text.compare.title

text.compare.empty.header

Noticias

La reforma a la justicia, cacofonía del desastre

      
reforma-justicia-colombia-universia-colombia
Antonio Barreto. Doctor en derecho de la Universidad de Yale. Profesor y director del Observatorio Constitucional de la Universidad de los Andes.
Esta historia, la de la reforma a la justicia, siempre tuvo tropiezos. Nació, se desarrolló y terminó accidentada. Anteriormente, escribí que esta reforma era un popurrí, pero ahora solo puedo decir que es una cacofonía desastrosa en su peor versión.

¿Por qué se llegó a este punto? Hay varias explicaciones. En primer lugar, un gran pulso coyuntural político entre el presidente Santos y el expresidente Uribe y otro, aún más grande, entre quienes defienden la Constitución de 1991 y quienes quieren explícita o veladamente desmontarla.

Lo que ocurrió estaba anunciado. Hay un grupo que no quiere la Constitución, entre ellos quienes abogan desde el extremo del uribismo diciendo que debe haber una nueva Asamblea Nacional Constituyente, otros políticos más velados y, también, oportunistas y delincuentes que aprovechan las fisuras para salirse con la suya, asestar un golpe de corrupción y ganar millones sin importar que, para ello, deban retorcer el tronco de la Constitución.

Ante este panorama –una modificación burda– contra la Constitución, el presidente Santos salió al paso para enfrentar a quienes querían que se le quitara competencia al fiscal para investigar a los aforados,como ordena la Constitución de 1991, y que se desmontaran o quitaran las inhabilidades como causal para perder la investidura, figuras que son incómodas para algunos y han permitido la muerte política de decenas de congresistas destituidos.

En cuanto a la Corte Suprema de Justicia, con la reforma se le quitaría la capacidad de investigar a los congresistas. Por esa corte han pasado la yidispolítica, la parapolítica, Agro Ingreso Seguro y otros temas fuertes y esa competencia fue introducida precisamente por la Constitución de 1991 para controlar al Congreso, en un momento en que esa institución ya estaba desprestigiada, era necesario fortalecerla y se quería que llegaran personas adecuadas.

Sería inconveniente que esta reforma a la justicia entrara en vigencia. Ya vimos que solo con la expectativa de su funcionamiento varios abogados del caso Agro Ingreso Seguro empezaron a solicitar liberaciones y suspensiones de procesos por la incertidumbre de la norma. Eso lleva, a largo plazo, a que los términos se extiendan y terminen pidiendo la libertad de sus defendidos, así sean culpables. Con esto se podría avecinar algo muy grave. 1500 personas están siendo investigadas por la Fiscalía y, si se le quita esa competencia, quedarían con expectativas de salir libres, contra lo que dicta la Constitución.

Además de los aspectos que ya he mencionado, hay dos cosas más que no se han debatido en la opinión pública y son importantes: el santanderismo del país y la polarización.

Sobre la primera, nuevamente vemos cómo este país se sobrejuridifica, es santanderista, en el sentido peyorativo de esa palabra. Proyectos y propuestas que debían terminar en un fin concreto se enredan en la cara más fea del derecho con demandas, litigios y vericuetos jurídicos y nunca se ejecutan las obras. Carreteras y vías públicas terminan en procesos con montañas inmensas de papeles y nunca se construyen.

¿No se supone que se iba a reformar la justicia para bien de los ciudadanos de a pie? La descongestión judicial es algo técnico, cuestión de incorporar TIC y sistemas y no hemos podido hacerlo. Todo eso es subconstitucional. La reforma tenía aspectos buenos como crear juzgados en todos los municipios. ¿Cómo acabamos hablando de prevaricatos y cuestiones leguleyas? En vez de la justicia, terminamos pensando en qué ocurriría si se anula el acta por la cual el presidente convoca a sesiones extraordinarias. Se coparon los medios de comunicación, los analistas y las mentes de los gobernantes en un tema que no le va a servir de nada al país.

Con respecto al segundo tema, preocupa ver que iniciativas como el ‘Frente contra el terrorismo’ propuesto por el Centro de Pensamiento Primero Colombia de José Obdulio Gaviria o la ‘Marcha patriótica’ de Piedad Córdoba toman fuerza y se polarizan cada vez más los extremos que ya eran opuestos. Se polariza, junto con el país político, el ilegal (guerrilla, autodefensas y bandas criminales), protagonistas de otro fenómeno infortunado de nuestro país: la conexión velada entre centros políticos y grupos armados.

Ese coctel tampoco me gusta.





Tags:

Aviso de cookies: Usamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para análisis estadístico y para mostrarle publicidad. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.