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Analizan plantas con antioxidantes que sirven para evitar enfermedades cardiovasculares

      
El GISB inició la acreditación de sus servicios de la evaluación y análisis de actividad antioxidante en alimentos y productos naturales, para ubicarse como el primero en el país en ofrecerlos con altos estándares de calidad internacionales.
El GISB inició la acreditación de sus servicios de la evaluación y análisis de actividad antioxidante en alimentos y productos naturales, para ubicarse como el primero en el país en ofrecerlos con altos estándares de calidad internacionales.
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Después de una investigación en la que se invirtieron más de cuatro años de desarrollos científicos, el Grupo de Investigación en Sustancias Bioactivas —GISB—, adscrito a la Facultad de Química Farmacéutica de la Universidad de Antioquia, no solo logró detallar el modus operandi de moléculas con capacidad antioxidante, sino que también evidenció su potencial para el tratamiento de enfermedades cardiovasculares. La investigación desarrolló diferentes modelos in vitro y un modelo in vivo en ratones de experimentación.

Los investigadores del GISB evidenciaron, a través de estudios químicos y moleculares, los efectos positivos que pueden tener plantas con grandes cualidades antioxidantes como el madroño o Garcinia madruno, cuya distribución está restringida al norte de Sudamérica y de la que no se conocían científicamente sus bondades para el tratamiento cardiovascular.

Lo que se ha logrado, explicó el investigador y biólogo Oscar Javier Lara Guzmán, es extraer flavonoides, unas moléculas especiales que por su capacidad antioxidante podrían contribuir a la reducción en la incidencia de enfermedades cardiovasculares.

Después de la extracción y la caracterización química de las moléculas, el grupo se dedicó al desarrollo de modelos in vitro para observar los mecanismos de acción y la implementación de un modelo animal de enfermedad cardiovascular, con el fin de confirmar el efecto protector de las moléculas caracterizadas.

Para esta última fase de investigación se trabajó en colaboración con el Grupo de Inmunomodulación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia y, por primera vez en el país, fue necesario importar animales transgénicos carentes de una proteína involucrada en el metabolismo lipídico, que permite la generación de placas de grasa en las arterias, llamadas ateromas.

Esa metodología permitió observar detalladamente el riesgo que representa la acumulación de lípidos y el comportamiento celular del sistema inmune en la pared arterial. Este análisis en conjunto, dejó al descubierto importantes revelaciones sobre la formación de la placa ateroesclerótica, de cuya condición depende la generación de trombos o ataques cerebro cardiovasculares.
 
 

La solución viene de la naturaleza

Las moléculas que podrían ayudar a reducir los efectos de las alteraciones metabólicas de estas grasas son los polifenoles, un grupo de sustancias químicas que están presentes en las plantas y que constantemente son incorporados a la dieta.

Otro ejemplo a resaltar de la actividad de estas moléculas investigadas por el GISB, se ha llevado a cabo a través de la colaboración conjunta de proyectos interinstitucionales, con la participación del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural —MADR—, y empresas procesadoras de fruta, para mejorar la capacidad funcional de productos como el jugo de mandarina clementina. De acuerdo con los avances logrados, el jugo de esta fruta tiene efectos benéficos en la reducción de la placa ateroesclerótica, actividad que fue comprobada por los investigadores a través de la experimentación con animales.

Por ello, es grande el interés en desarrollos investigativos en plantas como el madroño, la pequeña y deliciosa mandarina clementina —científicamente llamada Citrus reticulata—, productos como el café y el cacao, entre otros. Según dijo el investigador Lara Guzmán, “no se trata solo de caracterizar químicamente matrices alimenticias, sino también de reconocer los beneficios nutricionales, obtener efectos funcionales de sus cualidades antioxidantes y evidenciar otros ateroprotectores. Este conocimiento es uno de los principales logros del GISB, porque se trascendió desde lo químico hasta lo biológico”.

Lo que sigue es aprovechar esas caracterizaciones químicas y biológicas, para contribuir al desarrollo de productos funcionales, participar en la generación de fitoterapéuticos y validar el conocimiento etnobotánico, es decir aquel saber ancestral que pocas veces se sustenta mediante análisis científicos.

El investigador y líder del grupo de investigación, el profesor Edison Javier Osorio Durango, indicó que el GISB trabaja no solo en nuevos proyectos científicos, sino también en consolidar su capacidad en investigación química que trascienda a lo funcional.

Con los avances logrados se ha generado una experticia alrededor de pruebas de interés para la industria alimentaria, especialmente. La meta ahora es acreditar la plataforma de servicios ante la NTC-ISO-17025, enfocada a la evaluación de la actividad antioxidante, la caracterización química a través de cromatología líquida o gaseosa y de otros procedimientos que realizan con modernos equipos y personal altamente calificado.

“Nuestra meta es lograr ese aval y, de ese modo, convertirnos en el único laboratorio con la acreditación para la evaluación de antioxidantes en el país y segundo en Latinoamérica, después del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos INTA, de la Universidad de Chile”, convinieron los científicos.


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