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Burbuja energética, la otra crisis por venir

      
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Los expertos dicen que Colombia corre graves riesgos debido a la explotación de recursos naturales. Foto: Archivo privado
Si el mundo se decide a frenar el calentamiento global, los precios de la energía de origen fósil (carbón, gas y petróleo) caerían. Esto dejaría muy mal parados a países como el nuestro cuya estrategia de desarrollo depende de la venta de esos recursos naturales.

Así como estalló la burbuja financiera en el año 2008, es probable que a la vuelta de unos años estalle la energética. Se trata de un problema que ya está claramente definido, pero cuya solución requiere una voluntad política todavía inexistente.

Si la capa permanente de hielo en las tundras de Rusia y Norteamérica se derrite, entonces se liberaría una enorme cantidad de metano que aceleraría el proceso de calentamiento global. Incluso, sin llegar a esa temperatura, ya hemos sentido los múltiples efectos del calentamiento global y sabemos que son bastante severos: sequías o inviernos más prolongados, huracanes más destructivos, etc.

Según varias estimaciones, es posible que alcancemos el umbral de los dos grados Celsius cuando consumamos una tercera parte de las reservas conocidas de energía de origen fósil. ¿Qué va a pasar entonces con las otras dos terceras partes?


Más allá de las hipótesis

Muchas empresas han suscrito contratos y realizado préstamos e inversiones, etc., con base en la expectativa de que podrán explotar y vender todas las reservas que han descubierto.

Sin embargo, si nos tomamos el calentamiento global en serio, en algún momento alguien va a empezar a decirles que los activos que tienen en sus libros no valen tanto, por la sencilla razón de que no los van a poder poner en el mercado.

El problema no es solo de las empresas. A estos efectos, la vulnerabilidad de los Estados dueños de reservas de energía fósil es similar: la riqueza que tienen no vale tanto como ellos creen. La razón es muy sencilla: la mayor parte del carbón, gas y petróleo guardado en la Tierra, sobre la cual los Estados y las empresas de energía tienen un título, no va a poder ser vendida.

Este es un problema muy serio para países como Arabia Saudita, Irán, Venezuela y también para Colombia, donde la clase dirigente ha cifrado las expectativas de crecimiento en la explotación de recursos naturales. Esto que parece tan hipotético ya no lo es tanto.

Los efectos prácticos de la conexión que existe entre el calentamiento global, las reservas de energía de origen fósil y las finanzas ya están a la vista.

Un primer llamado de alerta se ha hecho escuchar desde la academia. El Instituto de Investigación Grantham, del London School of Economics, junto con la Carbon Tracker Initiative, ya publicó un primer informe en el cual da cuenta de que los activos de las empresas explotadoras de carbón, gas y petróleo están sobrevaluados.

Habrá quien diga: “sí, eso es lo que dicen unos académicos”. El problema es que unos banqueros y unas calificadoras de riesgo también han empezado a decir lo mismo. El Citibank les advirtió a quienes invierten en BHP Billiton y Río Tinto, empresas en el negocio de la explotación del carbón en Australia, que las cosas no pintaban bien.
 
A corto plazo no hay ninguna amenaza. Sin embargo, si los Estados se decidieran a detener el calentamiento global, el valor de sus activos podría caer a la mitad. Por su parte, Standard & Poor’s ha indicado que el riesgo de que se establezcan limitaciones a la explotación y consumo de energía de origen fósil conduciría a una baja de la calificación del crédito de las empresas involucradas en este negocio. ¿Qué decir de los Estados que han cifrado sus esperanzas en la explotación de estos recursos?
 

¿Sin riesgos?

Pero este es uno de los escenarios posibles. Hay otro en el cual los Estados deciden no actuar para contener el calentamiento global. Con grandes sumas de dinero en las campañas electorales, las empresas de carbón, gas y petróleo pueden hacer que el voto de los congresistas se incline a su favor. Con otro tanto pueden convencer a los Gobiernos de que tienen que velar por sus intereses.

Así las cosas, la gente no tendría que apresurarse a vender sus acciones, si las tiene, en Pacific Rubiales o en Ecopetrol. Aunque estas no han tenido un buen desempeño últimamente, el hallazgo de nuevas reservas y el consiguiente aumento de la explotación podrían volver a aumentar su cotización en la bolsa.

No obstante, si las cosas se tornan de castaño a oscuro,mejor sería que las sociedades se anticiparan y previnieran los riesgos. Por lo pronto, podemos servirnos de algunos buenos ejemplos. En el Ecuador, el presidente Correa frenó un proyecto de explotación de petróleo en una reserva natural a cambio de que la comunidad internacional invirtiera recursos que le permitieran a su país mantener enterrado en la Tierra el petróleo encontrado allí. La Iniciativa Yasuní ha logrado numerosos apoyos financieros, incluido el del Gobierno de Colombia.

De modo más general, en lo que concierne a la estrategia de desarrollo, conviene mencionar el ejemplo de la República de Mauricio. Este es un pequeño país ubicado en el Océano Índico, con muy pocos recursos naturales. No obstante, desde su independencia, en 1968, su crecimiento ha sido sostenido y ha alcanzado a la fecha niveles superiores a los de Colombia.

En Mauricio el gasto militar es igual a cero, toda la población tiene acceso a la educación y a la salud, la riqueza está mejor repartida, su economía está bastante diversificada y tiene fuertes lazos comerciales con varias naciones.

En Colombia, sin embargo, donde tantos se ufanan de la biodiversidad, hay quienes se enfadan por las restricciones ambientales, se asustan con las consultas a los grupos étnicos, le gritan vivas a la locomotora minera y se hacen los sordos frente a la desigualdad. Ya veremos qué dicen a la vuelta de unos años cuando estalle la burbuja.

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