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'La arquitectura no tiene prisa'

      
Foto: Uniandes
Germán Samper Gnecco. Foto: Universidad de Los Andes
Quienes lo conocen dicen que es un ‘dibujante de miedo’, de los mejores. Su trazo ha reproducido la riqueza arquitectónica de templos budistas e hindúes, de mezquitas y palacios imperiales, de rascacielos neoyorquinos.

Son cuatro mil dibujos –croquis de viaje– que conserva en ediciones especiales y muestran lo aprendido en París con su maestro Le Corbusier. Germán Samper Gnecco cuenta cómo, con otros dos estudiantes de arquitectura, se preparó para revolucionar el diseño urbanístico de las ciudades colombianas desde 1960 hasta hoy. Le gusta Bogotá tanto como Kioto o Vancouver, pero revela que Venecia lo estremeció cuando la dibujó.

¿Quién le enseñó a dibujar?

– La práctica. Hay actividades en la vida que no son necesariamente de facilidades o disposiciones sino de pura práctica. Y quien me dijo “dibuje” fue Le Corbusier. Era 1949, yo trabaja en su taller, llegaron las vacaciones y se acercaba el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (Ciam), en Italia.

Con Rogelio Salmona preparábamos la presentación de Le Corbusier. Le contamos que íbamos, nos dijo que era un lindo país y me preguntó si tenía cámara. “Una más o menos buena”, le respondí y me aconsejó: “déjela. Los arquitectos deben saber dibujar porque la única manera de analizar y estudiar una pieza arquitectónica es cuando el lápiz la raya en un papel. Usted tiene que hacer, ahí, una operación de análisis de proporciones y de estructuras”.

Y tenía razón, en la fotografía usted hace clic y no le pasó nada por su cerebro. Yo dejé la cámara fotográfica y no tengo ni idea de manejar un aparato de esos, pero he hecho cuatro mil dibujos.

¿Fue la base para sus croquis de viaje?

Cuando usted viaja y está frente a un monumento arquitectónico, tiene que apreciarlo porque puede que no lo vea sino una vez en su vida. Le Corbusier fue autodidacta. Viajando, a los 18 años, se dio cuenta de que le gustaba la arquitectura, estuvo en la escuela de bellas artes y dijo: “Quiero ser arquitecto, pero no me gustan las escuelas. Voy a aprender arquitectura de la realidad”. Los dibujos de Le Corbusier eran muy interesantes porque no eran académicos. Él puso en práctica el puro croquis de viaje, el boceto. Conoció la arquitectura europea porque la anotó, la visitó. Mejoró la arquitectura que se hizo en el mundo a través de sus dibujos, de sus pensamientos, de sus croquis de viaje.

¿Sus primeros dibujos fueron los de Italia?
Sí. El sitio donde estaba el Ciam era Bérgamo. Y había una plaza muy hermosa y con una serie de innovaciones para mí: la plaza estaba cerrada con un edificio que tenía columnas en el primer piso, la gente atravesaba el edificio por debajo para llegar al segundo piso,donde se hacía el congreso. Ese dibujo lo hice en 1949 y lo tengo perfectamente claro en mi cabeza.

¿Cuál ciudad lo estremeció al dibujarla?
Una ciudad completa: Venecia. El automóvil –por tratarse de una ciudad en el agua, con canales– no la penetró y se quedó con los espacios definidos para el hombre y no para el automóvil. Las calles de Venecia tienen tres metros o tres y medio de ancho. Uno va caminando y de repente se encuentra con un puentecito. Es una ciudad absolutamente extraordinaria, hecha a escala del hombre.

¿La arquitectura actual está a escala del hombre?

Diría que no. Por lo menos la ciudad no. En general la arquitectura sí, porque diseñamos para el hombre con las dimensiones que conocemos. Pero la ciudad no, definitiva y claramente no. La ciudad hubo que diseñarla para el automóvil. Pensemos en la Avenida Eldorado, en Bogotá, que tiene 100 metros de ancho. ¿Cuántas calles como las del Venecia caben ahí? La ciudad se desbordó por la presencia del automóvil.

¿A usted le gusta Bogotá hoy?

Me encanta. Me gusta porque soy bogotano y me parece que hay buena arquitectura en relación con otras ciudades en el mundo. Hay ciudades magníficas: Vancouver, Río de Janeiro, pero me gusta Bogotá. Podría mejorarse con nuevos alcaldes y se ha mejorado, ha habido unos muy buenos que han hecho mu- cho por la ciudad. Ya está muy grande y tal vez le hace falta mejorar el transporte, pero Bogotá es una ciudad muy interesante.

¿Es renovadora la arquitectura bogotana?
Digamos la colombiana, no tanto la bogotana. Yo creo que en este momento hay una generación de arquitectos buena. Están demostrando capacidad de diseño… Me parece que a todos nos falta pensar un poco más en términos de ciudad, es decir, la arquitectura tiene hoy una tendencia, tal vez peligrosa, a ser individual, a ser de piezas únicas. Es grave porque es confundir la arquitectura con la escultura.

Lea la entrevista completa en la página Web de la Universidad de los Andes.


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