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Luis Fernando García: el directivo, el científico, el académico

      
Universidad de Antioquia
Luis Fernando García, Director de la sede de investigación Universitaria SIU
Este reconocimiento a sulabor científica se suma a su primer aniversario como director de la SIU. UdeA Noticias habló con él sobre lo que representa hacer parte de la Academia y su balance como cabeza de un centro de investigación que cuenta con 36 grupos de investigación y más de 1200 personas trabajando por la ciencia. Su reto es hacer crecer un espacio que se quedó chico para el quehacer científico del Alma Máter.

Se podría decir que la Academia reúne la “crema y nata” de la ciencia en Colombia. ¿Qué le significa haber sido nombrado académico de número?

Indudablemente es algo muy honorífico. Un reconocimiento a lo que uno ha hecho durante toda la vida, tratando de hacer ciencia para que ésta tenga una presencia más activa en la Universidad y en al sociedad colombiana. Siempre he tratado de cumplir ese objetivo a través de publicaciones, de la formación de científicos en maestría y doctorado, de la participación en diferentes organismos que trabajan por la ciencia y la tecnología, y recientemente a través de la dirección de la SIU.

J
ustamente esta asignación llega cuando cumple un año al frente de la SIU. ¿Cómo ha sido la experiencia de timonear semejante centro de investigación?

Estoy satisfecho. Lo importante es que se ha recuperado la imagen institucional de la SIU y su reconocimiento al interior de la Universidad, como una dependencia de avanzada en su actividad científica. Hoy la SIU es la punta de lanza para esa visión del Plan de Desarrollo de la Universidad que busca que ésta sea la primera en investigación en el país. No es simplemente un edificio donde reúnen grupos de investigación de las mejores calidades, también demostramos que aquí hay toda una vida académica, de formación. Además hemos fortalecido el apoyo administrativo que le brindamos a los grupos de investigación, que van desde las ciencias sociales hasta la física y la química. La cantidad de trámites que se realizan para apoyarlos es bastante grande.

¿La Academia tiene algún peso frente a la orientación de las políticas públicas sobre ciencia y tecnología?


Pienso que la Academia podría jugar un papel mucho más activo, por la calidad y experiencia de la gente que hay allí; son personas con una gran trayectoria en políticas, en investigación, en formar investigadores. Así que las opiniones que emita la Academia tienen que tener peso. Por la ley que la creó, que no necesariamente se cumple, se dice que la Academia es consultora del gobierno en el tema de ciencia y tecnología.

¿Cuál es la labor entonces del Capítulo Antioquia?

Es un capítulo muy moderno. Hemos venido trabajando en divulgación, apoyando al Parque Explora en sus actividades; también nos hemos acercado a la Secretaría de Educación para apoyar la capacitación de maestros en el tema. Recientemente en el Parque Explora presentamos El Aceite de Lorenzo, la película sobre ciencia documentada que hizo el doctor Hernán Jaramillo, de la Universidad del Rosario. Además, nos hemos reunido con personas que están en la parte decisoria de las políticas de ciencia y tecnología, para escucharlos y opinar. Pero indudablemente sí podríamos tener un papel más activo en el tema.

Con el anuncio de la inversión de regalías para apoyar proyectos de ciencia y tecnología parece haber un futuro positivo en este tema…


En teoría es positivo, pero la realidad es incierta. Si bien se da esa oportunidad de que se entreguen más recursos para la ciencia y la tecnología, particularmente el famoso billón de pesos a partir de las regalías, quedan muchas incertidumbres. No parece haber unas políticas todavía suficientemente consistentes. Por ejemplo, la Ley de Ciencia, Tecnología e innovación creó el Fondo Francisco José de Caldas. El acto legislativo que define las regalías para ciencia y tecnología, no dice que estos recursos irán al Fondo Francisco José de Caltas, sino que crea otro fondo. Si bien el escenario es positivo, la realidad todavía es incierta. No sabemos si las regalías serán un factor de desarrollo o un nuevo factor de desilusión.

Pero Jaime Restrepo Cuartas, el director de Colciencias, se mostró muy optimista durante la inauguración de Expouniversidad…


Colciencias
se convierte en una secretaría técnica y la capacidad decisoria la toma otro organismo que está bajo el mando de Planeación Nacional. Por el otro lado se les dijo a los departamentos que todas las propuestas tienen que pasar por el nivel departamental. Eso aumenta la tramitología, porque una propuesta debe pasar por el Consejo Departamental de Ciencia y Tecnología, tener el visto bueno de la Comisión Regional de Competitividad, de ahí va a Colciencias y con el aval de ésta, decide un consejo rector de Planeación Nacional. Eso complica mucho las cosas. Todos esos vaivenes no necesariamente tienen un soporte científico y técnico, sino que dependen de decisiones más políticas. Aun así esperamos que con el Gobernador Fajardo, tengamos un Consejo Departamental de Ciencia y Tecnología que facilite el proceso.

En ese escenario, ¿cuál es el gran reto de la SIU?


Crecer. Muchos grupos que están en la SIU tienen limitado su crecimiento porque el espacio se agotó. Y hay muchos grupos de la universidad que están avanzando con sus proyectos y merecen tener acceso a todas las facilidades que tiene la SIU. Por eso en este momento la propuesta es que nuestra vecina, la Facultad Nacional de Salud Pública, se desplace a un nuevo sitio y, donde está en este momento, construir una nueva torre para el crecimiento de la infraestructura de investigación de la Universidad

¿Cuándo estará listo este nuevo espacio?


El proyecto se elaboró y hace unas semanas lo presentamos al Banco de Proyectos de Planeación Departamental. El sueño es que podamos conseguir algunos recursos de regalías pero ahí hay mensajes confusos de si se pueden o no utilizar esos recursos para infraestructura. Sin embargo, las directivas de la Universidad han dicho que el proyecto hay que seguirlo haya regalías o no. Esperamos lograr ese sueño, tener un crecimiento del 58 por ciento y otros 20 mil metros cuadrados en laboratorios e infraestructura para investigación.

Toda esa gestión de trámite le quita espacio al científico que es usted, ¿no extraña los laboratorios?


Indudablemente. Esto se volvió un doble trabajo porque uno no puede olvidar lo que ha hecho toda la vida. Además tengo compromisos de proyectos, de laboratorio, tengo tres estudiantes de doctorado. ¿Qué hago? Subo a raticos al laboratorio, aunque a cada rato me bajen de allá por cosas de la oficina. Me reúno en horas extremas con los estudiantes: en la mañana o en la tarde, y me pasan sus artículos para revisarlos cuando tengo tiempo. Sí, claro que la parte como científico se resiente un poco, pero hay momentos en la vida en los que uno tiene que hacer ciertas cosas. Cuando el rector de la Universidad me llamó y me dijo que me necesitaba acá, no podía decir que no, pues yo había participado en la conceptualización de la SIU en todas sus etapas. Así que aquí me tienen.


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