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La difusión de tecnología para las Pymes: Es hora de concebir nuevos mecanismos

      
¿De quién aprenden las empresas pequeñas y medianas (Pymes) para innovar en tecnología?<br/> Para hacerlo, las Pymes más sobresalientes visitan ferias internacionales y empresas avanzadas del exterior. También negocian licencias para explotar patentes. Apelan a los proveedores locales de equipos y de materias primas. Acuden a diseñadores y fabricantes de máquinas sobre medidas.<br/><br/> Buscan, sobre todo, a empresas similares. En forma mínima, se apoyan en universidades y centros de investigación, aunque las firmas de base tecnológica y científica se nutren de investigación y por ello se apoyan en la academia con mayor frecuencia. Sin duda, la Internet está siendo de ayuda para ubicar tecnologías, aunque se conocen pocos estudios sobre sus resultados concretos.<br/><br/> Las Pymes menos sobresalientes - la inmensa mayoría - buscan a tientas acceder a la tecnología. Cuentan con muy pocos ingenieros en sus filas. No todo es un camino de rosas para ellas. Abundan los llaneros solitarios que pretenden hacerlo todo aislados dentro de sus cuatro paredes. Recuerdo una Pyme de alimentos que no podía almacenar su producto sino por unos pocos días, pues literalmente éste se le malograba. Duró más de diez años para descubrir que su producto poseía una elevada acidez. <br/><br/> El problema de su producto - un alto PH - hubiera podido ser descubierto por un químico principiante, pero se perdieron tiempo y dinero en pálpitos empíricos. Como muchas otras Pymes, no sabía dónde acudir y de quién aprender tecnología.<br/><br/> En Colombia, como en América Latina, es preocupante la debilidad de las estructuras de difusión de tecnología para las Pymes. Los diagnósticos contratados por el BID sobre sistemas nacionales de innovación en varios países así lo demuestran. Una faceta de este problema es la brecha que todavía prevalece entre universidades y empresas, pese a los esfuerzos notables de algunas universidades. Se inculpa con frecuencia a los centros de investigación de guardar en sus gavetas los resultados y de su bajo impacto en la sociedad.<br/><br/> En diversos países, sobre todo del primer mundo, no se deja la difusión de tecnología a la buena de Dios. Al contrario, han hecho de ello una prioridad de su desarrollo económico. Los llamados sistemas de extensión tecnológica acompañan por lo regular a las Pymes en su camino hacia la innovación tecnológica.<br/><br/> Mirar al Canadá sigue siendo reconfortante en este campo, porque cuenta con el Industrial Research Assistance Program (IRAP), institución considerada como la mejor práctica mundial en extensión tecnológica. Canadá ha diseñado e implementado en los últimos treinta años un sistema de extensión tecnológica que busca activamente clientes potenciales entre las pequeñas y medianas empresas con las cuales entabla un diálogo constructivo para identificar sus necesidades tecnológicas específicas y luego se vale de una serie de instrumentos de política, bajo el control directo del IRAP, para atacar los problemas identificados. <br/><br/> Desde su creación, el IRAP ha sido diseñado para suministrar una cobertura nacional y para relacionarse con todos los sectores de la manufactura y de las industria canadiense.<br/><br/> El IRAP es un servicio de extensión que aconseja a las empresas y que funciona en red. Sus oficiales de campo (250 aproximadamente), conocidos como consejeros técnicos industriales (ITAs), se localizan en las regiones de cada Provincia y operan en cerca de ciento diez ciudades y localidades, a lo largo y ancho del Canadá. Cerca de un tercio son empleados de las organizaciones e instituciones provinciales.<br/><br/> Cuarenta por ciento son ingenieros, consultores y especialistas de las universidades y de institutos de educación superior, de centros tecnológicos sectoriales privados y públicos e incluso de asociaciones industriales.<br/><br/> El Programa Nacional del IRAP, les reembolsa a las organizaciones que emplean a los Consejeros Técnicos, los costos en que incurren de acuerdo con una tasa negociada por persona /año, incluyendo costos de viaje más un overhead que cubre el soporte administrativo. El resto son empleados del Consejo Nacional de Investigación del Canadá, que es responsable de la gestión del programa.<br/><br/> El servicio es libre de costos para las empresas. Los Consejeros Técnicos proporcionan a la industria información, orientación y asistencia para incrementar su conciencia tecnológica, resolver problemas técnicos, motivar el uso de nueva tecnología y acceder a otros programas públicos relacionados.<br/><br/> Una importante función de los Consejeros Técnicos (ITAs) es iniciar el contacto con clientes potenciales entre las empresas pequeñas y medianas del Canadá, puesto que muchas no buscan activamente ayuda. <br/><br/> El programa se enfoca hacia Pymes menores de 500 empleados y atiende cerca de 12.000 firmas por año. Malasia, Tailandia y Singapur, se cuentan entre los países que han adoptado mecanismos basados en el IRAP. <br/><br/> Algo similar fue recomendado a Colombia desde 1996 en un estudio preparado por Mullin Consulting Ltda. para el DNP, con auspicio del Banco Mundial, además corroborado por una misión técnica al Canadá en 1997, auspiciada por Colciencias/Sena y coordinada por TECNOS.<br/><br/> Han pasado casi diez años de estos informes, pero las soluciones siguen embolatadas. ¿Por qué no echar mano de dichos estudios y experiencias para implantar un sistema de extensión en Colombia, como lo hacen los asiáticos que quieren ir a la vanguardia de la innovación tecnológica?<br/><br/><br/>
¿De quién aprenden las empresas pequeñas y medianas (Pymes) para innovar en tecnología?
Para hacerlo, las Pymes más sobresalientes visitan ferias internacionales y empresas avanzadas del exterior. También negocian licencias para explotar patentes. Apelan a los proveedores locales de equipos y de materias primas. Acuden a diseñadores y fabricantes de máquinas "sobre medidas".

Buscan, sobre todo, a empresas similares. En forma mínima, se apoyan en universidades y centros de investigación, aunque las firmas de base tecnológica y científica se nutren de investigación y por ello se apoyan en la academia con mayor frecuencia. Sin duda, la Internet está siendo de ayuda para ubicar tecnologías, aunque se conocen pocos estudios sobre sus resultados concretos.

Las Pymes menos sobresalientes - la inmensa mayoría - buscan a tientas acceder a la tecnología. Cuentan con muy pocos ingenieros en sus filas. No todo es un camino de rosas para ellas. Abundan los "llaneros solitarios" que pretenden hacerlo todo aislados dentro de sus cuatro paredes. Recuerdo una Pyme de alimentos que no podía almacenar su producto sino por unos pocos días, pues literalmente éste se le malograba. Duró más de diez años para descubrir que su producto poseía una elevada acidez.

El problema de su producto - un alto PH - hubiera podido ser descubierto por un químico principiante, pero se perdieron tiempo y dinero en pálpitos empíricos. Como muchas otras Pymes, no sabía dónde acudir y de quién aprender tecnología.

En Colombia, como en América Latina, es preocupante la debilidad de las estructuras de difusión de tecnología para las Pymes. Los diagnósticos contratados por el BID sobre sistemas nacionales de innovación en varios países así lo demuestran. Una faceta de este problema es la brecha que todavía prevalece entre universidades y empresas, pese a los esfuerzos notables de algunas universidades. Se inculpa con frecuencia a los centros de investigación de guardar en sus gavetas los resultados y de su bajo impacto en la sociedad.

En diversos países, sobre todo del primer mundo, no se deja la difusión de tecnología a la buena de Dios. Al contrario, han hecho de ello una prioridad de su desarrollo económico. Los llamados "sistemas de extensión tecnológica" acompañan por lo regular a las Pymes en su camino hacia la innovación tecnológica.

Mirar al Canadá sigue siendo reconfortante en este campo, porque cuenta con el Industrial Research Assistance Program (IRAP), institución considerada como la mejor práctica mundial en extensión tecnológica. Canadá ha diseñado e implementado en los últimos treinta años un sistema de extensión tecnológica que busca activamente clientes potenciales entre las pequeñas y medianas empresas con las cuales entabla un diálogo constructivo para identificar sus necesidades tecnológicas específicas y luego se vale de una serie de instrumentos de política, bajo el control directo del IRAP, para atacar los problemas identificados.

Desde su creación, el IRAP ha sido diseñado para suministrar una cobertura nacional y para relacionarse con todos los sectores de la manufactura y de las industria canadiense.

El IRAP es un servicio de extensión que aconseja a las empresas y que funciona en red. Sus oficiales de campo (250 aproximadamente), conocidos como "consejeros técnicos industriales" (ITAs), se localizan en las regiones de cada Provincia y operan en cerca de ciento diez ciudades y localidades, a lo largo y ancho del Canadá. Cerca de un tercio son empleados de las organizaciones e instituciones provinciales.

Cuarenta por ciento son ingenieros, consultores y especialistas de las universidades y de institutos de educación superior, de centros tecnológicos sectoriales privados y públicos e incluso de asociaciones industriales.

El Programa Nacional del IRAP, les reembolsa a las organizaciones que emplean a los Consejeros Técnicos, los costos en que incurren de acuerdo con una tasa negociada por persona /año, incluyendo costos de viaje más un "overhead" que cubre el soporte administrativo. El resto son empleados del Consejo Nacional de Investigación del Canadá, que es responsable de la gestión del programa.

El servicio es libre de costos para las empresas. Los Consejeros Técnicos proporcionan a la industria información, orientación y asistencia para incrementar su conciencia tecnológica, resolver problemas técnicos, motivar el uso de nueva tecnología y acceder a otros programas públicos relacionados.

Una importante función de los Consejeros Técnicos (ITAs) es iniciar el contacto con clientes potenciales entre las empresas pequeñas y medianas del Canadá, puesto que muchas no buscan activamente ayuda.

El programa se enfoca hacia Pymes menores de 500 empleados y atiende cerca de 12.000 firmas por año. Malasia, Tailandia y Singapur, se cuentan entre los países que han adoptado mecanismos basados en el IRAP.

Algo similar fue recomendado a Colombia desde 1996 en un estudio preparado por Mullin Consulting Ltda. para el DNP, con auspicio del Banco Mundial, además corroborado por una misión técnica al Canadá en 1997, auspiciada por Colciencias/Sena y coordinada por TECNOS.

Han pasado casi diez años de estos informes, pero las soluciones siguen embolatadas. ¿Por qué no echar mano de dichos estudios y experiencias para implantar un sistema de extensión en Colombia, como lo hacen los asiáticos que quieren ir a la vanguardia de la innovación tecnológica?


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