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Ingresos: ¿Mordaza a los investigadores?

      
Han ocurrido dos episodios que dejan un sabor amargo en medios académicos e investigativos, de prensa y entre personas con posición independiente al gobierno:<br/><ol><li> La presentación de unas cifras, provenientes del Departamento Nacional de Planeación, DNP, en las que se demostraba la caída en los ingresos de los colombianos.<br/><br/></li><li> Un informe que vinculaba a la inteligencia militar con la preparación de atentados terroristas para obtener positivos del ejercito. Ambos acontecimientos tuvieron amplia difusión en diferentes medios periodísticos y recibieron fuerte y contundente desmentido del gobierno nacional, que al mismo tiempo ordenó al DNP corregir las cifras y dio al segundo episodio una interpretación complaciente con las fuerzas armadas. En este artículo nos referiremos a los ingresos y dejaremos que los expertos hablen sobre las acciones de la inteligencia militar.</li></ol><br/> La información original del DNP señalaba que el ingreso real individual de los colombianos, medido a partir de la Encuesta Continua de Hogares, había descendido 5% entre el 2004 y el 2005. <br/><br/> Después del jalón de orejas, la información fue corregida y pasó a un incremento de 2,2% en el mismo periodo. <br/><br/> La reacción gubernamental fue la de señalar que ese decremento era imposible con un PIB de 5% y un incremento en la demanda de los hogares. Ordenó el cambio y pidió la cabeza de los responsables. <br/><br/> De esa rápida y excesiva reacción quedaron muchas dudas, sobre todo cuando en el DNP se insinuaron otras cifras que explicaban el deterioro de ingresos en profesionales y en mujeres. Con la cifra modificada y el escándalo desatado por los actos de la inteligencia militar, el tema se sepultó y el debate se pospuso.<br/><br/> En el Observatorio de Coyuntura Socioeconómica, OCSE, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo, CID, de la Universidad Nacional, hemos llegado a conclusiones similares a las expuestas por el descabezado grupo del DNP. Por limitaciones de espacio, me limitaré a exponer puntualmente algunas de esas conclusiones:<br/><br/> 1. La encuesta de hogares ECH no es el mejor instrumento para medir los ingresos individuales. No obstante, la utilizamos igual que el DNP y la Misión de Pobreza. Con los datos provenientes de esa encuesta, el ingreso individual de los últimos cinco años es muy inestable y tiene el comportamiento de un yo-yo, sube y baja todo el tiempo. Cuando se hacen las respectivas imputaciones, termino muy técnico para decir que lo que los colombianos no responden en las encuestas los expertos se lo calculan en un escritorio, con criterios normativos que no se discuten públicamente, la tendencia no cambia, aun cuando el ingreso promedio sea más elevado. <br/><br/> 2. Cualquiera que sea el cálculo, con y sin imputaciones, la tendencia es preocupante. El ingreso promedio individual declarado a mediados de los noventa (1996) era superior al del 2005. Esto quiere decir que aún no se ha superado la crisis dejada por la recesión, así en el 2005 se haya mejorado en 2,2% ese ingreso respecto al 2004. Para superar ese bajo ingreso individual, las familias han tenido que aportar más miembros al mercado de trabajo, de tal manera que hoy hay un promedio de 1,8 personas por hogar trabajando. Los ingresos individuales no mejoran y los de los hogares sí. Ese contrasentido es consecuencia de la mayor participación de cónyuges y la reducción del tamaño de las familias. <br/><br/> 3. Ese comportamiento inestable es consecuencia del fracaso de las reformas laborales, Leyes 50/90 y 789/02, que no lograron incrementar la contratación asalariada (gráfica 1). Entre 1992 y el 2005, la población contratada bajo las directrices del Código Sustantivo del Trabajo se estancó en alrededor de 8 millones de personas. Para ese grupo, los ingresos son más estables dados los ajustes anuales al salario mínimo. Sin embargo, el 15% de ellos reciben ingresos mensuales inferiores a un salario, caso de los jornaleros del campo a quienes se les paga por jornada, no tienen prestaciones sociales y están desprovistos de seguridad social. <br/><br/> 4. La verdadera reforma en el mercado de trabajo no fue aprobada por el Congreso de la República. Es la de convertir a los nuevos trabajadores en independientes, sin ninguna relación laboral y responsables de su propia seguridad social. Ese grupo, que es clasificado en la ECH como trabajadores por cuenta propia, pasó de 4 a 7 millones en los últimos 15 años. Las modalidades son varias: ordenes de prestación de servicios, subcontratistas, contratos por honorarios, vinculación a empresas asociativas o cooperativas de trabajo asociado, etc. El resultado: la creciente deslaboralización del mercado de trabajo. Para este grupo urbano, los ingresos individuales cayeron 27% en los últimos diez años, mientras el 54% de ellos (gráfica 2) termina recibiendo menos de un salario mínimo mensual, proporción alarmante en el campo, lo que explica su mayor pobreza. <br/><br/> 5. El segmento de profesionales fue el que más deterioro sufrió en sus ingresos. Este es un hecho real, pero de un absoluto contrasentido. En Colombia, los profesionales ganan más que cualquier persona con otro nivel educativo inferior, lo que quiere decir que educarse paga. Sin embargo, es el segmento que más ha crecido y donde más han cambiado las condiciones de contratación. En los últimos 15 años se pasó de uno a dos millones de profesionales participando en el mercado de trabajo y su tasa de desempleo aumento, con la consecuente reducción en su remuneración. También es el segmento donde más se utiliza la figura de los independientes. <br/><br/> 6. El deterioro en los ingresos coincide con la incorporación de las nuevas formas de contratación. Cuando se contratan como asalariados, a los profesionales jóvenes se les redujo el salario de enganche a menos de dos salarios mínimos mensuales. Cuando no son asalariados, se aplica la formula de la orden de prestación de servicios, así los contratan en el sector público, universidades, EPS e IPS. En esta modalidad, ajena al CST, se tasa su trabajo por horas o por productos, se les remunera y retiene impuestos por honorarios, no tienen prestaciones sociales y deben responder por sus cotizaciones en seguridad social. <br/><br/> En fin, el tema de los ingresos es más amplio y requiere más espacio. Por ahora queda la duda de hasta dónde el gobierno acepta el debate. Lo lamentable de los anteriores episodios es el doble mensaje enviado por el Presidente Uribe: a) a las malas noticias hay que amordazarlas y echarles la culpa a investigadores y prensa, y b) que la inteligencia militar tiene licencia de corzo y todo vale, hasta la promoción del terrorismo y la preparación de carros bomba. <br/><br/> La instrucción en este caso fue clara: si el carro estalla, lo pusieron las Farc; si se desactiva, es un positivo del ejército. Como quien dice, con cara gana el gobierno, y con sello: también. ¿Hasta cuándo?<br/><font size=1><br/><span style=font-weight: bold;><br/>* </span>Coordinador del Observatorio de Coyuntura Socioeconómica, OCSE, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo, CID, de la Universidad Nacional de Colombia.</font><br/><br/>
Han ocurrido dos episodios que dejan un sabor amargo en medios académicos e investigativos, de prensa y entre personas con posición independiente al gobierno:
  1. La presentación de unas cifras, provenientes del Departamento Nacional de Planeación, DNP, en las que se demostraba la caída en los ingresos de los colombianos.

  2. Un informe que vinculaba a la inteligencia militar con la preparación de atentados terroristas para obtener positivos del ejercito. Ambos acontecimientos tuvieron amplia difusión en diferentes medios periodísticos y recibieron fuerte y contundente desmentido del gobierno nacional, que al mismo tiempo ordenó al DNP corregir las cifras y dio al segundo episodio una interpretación complaciente con las fuerzas armadas. En este artículo nos referiremos a los ingresos y dejaremos que los expertos hablen sobre las acciones de la inteligencia militar.

La información original del DNP señalaba que el ingreso real individual de los colombianos, medido a partir de la Encuesta Continua de Hogares, había descendido 5% entre el 2004 y el 2005.

Después del "jalón de orejas", la información fue corregida y pasó a un incremento de 2,2% en el mismo periodo.

La reacción gubernamental fue la de señalar que ese decremento era imposible con un PIB de 5% y un incremento en la demanda de los hogares. Ordenó el cambio y pidió la cabeza de los responsables.

De esa rápida y excesiva reacción quedaron muchas dudas, sobre todo cuando en el DNP se insinuaron otras cifras que explicaban el deterioro de ingresos en profesionales y en mujeres. Con la cifra modificada y el escándalo desatado por los actos de la inteligencia militar, el tema se sepultó y el debate se pospuso.

En el Observatorio de Coyuntura Socioeconómica, OCSE, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo, CID, de la Universidad Nacional, hemos llegado a conclusiones similares a las expuestas por el descabezado grupo del DNP. Por limitaciones de espacio, me limitaré a exponer puntualmente algunas de esas conclusiones:

1. La encuesta de hogares ECH no es el mejor instrumento para medir los ingresos individuales. No obstante, la utilizamos igual que el DNP y la Misión de Pobreza. Con los datos provenientes de esa encuesta, el ingreso individual de los últimos cinco años es muy inestable y tiene el comportamiento de un yo-yo, sube y baja todo el tiempo. Cuando se hacen las respectivas imputaciones, termino muy técnico para decir que lo que los colombianos no responden en las encuestas los expertos se lo calculan en un escritorio, con criterios normativos que no se discuten públicamente, la tendencia no cambia, aun cuando el ingreso promedio sea más elevado.

2. Cualquiera que sea el cálculo, con y sin imputaciones, la tendencia es preocupante. El ingreso promedio individual declarado a mediados de los noventa (1996) era superior al del 2005. Esto quiere decir que aún no se ha superado la crisis dejada por la recesión, así en el 2005 se haya mejorado en 2,2% ese ingreso respecto al 2004. Para superar ese bajo ingreso individual, las familias han tenido que aportar más miembros al mercado de trabajo, de tal manera que hoy hay un promedio de 1,8 personas por hogar trabajando. Los ingresos individuales no mejoran y los de los hogares sí. Ese contrasentido es consecuencia de la mayor participación de cónyuges y la reducción del tamaño de las familias.

3. Ese comportamiento inestable es consecuencia del fracaso de las reformas laborales, Leyes 50/90 y 789/02, que no lograron incrementar la contratación asalariada (gráfica 1). Entre 1992 y el 2005, la población contratada bajo las directrices del Código Sustantivo del Trabajo se estancó en alrededor de 8 millones de personas. Para ese grupo, los ingresos son más estables dados los ajustes anuales al salario mínimo. Sin embargo, el 15% de ellos reciben ingresos mensuales inferiores a un salario, caso de los jornaleros del campo a quienes se les paga por jornada, no tienen prestaciones sociales y están desprovistos de seguridad social.

4. La verdadera reforma en el mercado de trabajo no fue aprobada por el Congreso de la República. Es la de convertir a los nuevos trabajadores en independientes, sin ninguna relación laboral y responsables de su propia seguridad social. Ese grupo, que es clasificado en la ECH como trabajadores por cuenta propia, pasó de 4 a 7 millones en los últimos 15 años. Las modalidades son varias: ordenes de prestación de servicios, subcontratistas, contratos por honorarios, vinculación a empresas asociativas o cooperativas de trabajo asociado, etc. El resultado: la creciente deslaboralización del mercado de trabajo. Para este grupo urbano, los ingresos individuales cayeron 27% en los últimos diez años, mientras el 54% de ellos (gráfica 2) termina recibiendo menos de un salario mínimo mensual, proporción alarmante en el campo, lo que explica su mayor pobreza.

5. El segmento de profesionales fue el que más deterioro sufrió en sus ingresos. Este es un hecho real, pero de un absoluto contrasentido. En Colombia, los profesionales ganan más que cualquier persona con otro nivel educativo inferior, lo que quiere decir que educarse paga. Sin embargo, es el segmento que más ha crecido y donde más han cambiado las condiciones de contratación. En los últimos 15 años se pasó de uno a dos millones de profesionales participando en el mercado de trabajo y su tasa de desempleo aumento, con la consecuente reducción en su remuneración. También es el segmento donde más se utiliza la figura de los independientes.

6. El deterioro en los ingresos coincide con la incorporación de las nuevas formas de contratación. Cuando se contratan como asalariados, a los profesionales jóvenes se les redujo el salario de enganche a menos de dos salarios mínimos mensuales. Cuando no son asalariados, se aplica la formula de la orden de prestación de servicios, así los contratan en el sector público, universidades, EPS e IPS. En esta modalidad, ajena al CST, se tasa su trabajo por horas o por productos, se les remunera y retiene impuestos por honorarios, no tienen prestaciones sociales y deben responder por sus cotizaciones en seguridad social.

En fin, el tema de los ingresos es más amplio y requiere más espacio. Por ahora queda la duda de hasta dónde el gobierno acepta el debate. Lo lamentable de los anteriores episodios es el doble mensaje enviado por el Presidente Uribe: a) a las malas noticias hay que amordazarlas y echarles la culpa a investigadores y prensa, y b) que la inteligencia militar tiene licencia de corzo y todo vale, hasta la promoción del terrorismo y la preparación de carros bomba.

La instrucción en este caso fue clara: si el carro estalla, lo pusieron las Farc; si se desactiva, es un positivo del ejército. Como quien dice, con cara gana el gobierno, y con sello: también. ¿Hasta cuándo?


*
Coordinador del Observatorio de Coyuntura Socioeconómica, OCSE, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo, CID, de la Universidad Nacional de Colombia.


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