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Ã…sne Seierstad

      
<b>Su libro, El librero de Kabul, es todo un bestseller en el mundo por ser una historia real. ¿Cómo descubrió a este personaje?</b><br/> Yo conocí al librero dos meses después de haber llegado a cubrir la guerra en Afganistán. Apenas vi cómo era posible que funcionara una librería en pleno centro de Kabul, sentí que había una historia. Después de visitar varias veces la librería y comprar algunos libros, él me invitó a cenar a su casa con sus hijos y su esposa. Les pedí que me dejaran contar su historia en un libro y aceptaron. Así empezó lo que hoy es <i>El librero de Kabul</i>, un libro periodístico con estructura de novela que cuenta lo que le sucede a los miembros del clan mientras me introduzco en sus pensamientos y reflexiones. <br/><br/> Aunque no sólo he escrito este libro. <i>De espaldas hacia el mundo</i> es mi primer libro y narra la vida de los serbios después de la caída de Slodoban Milosevic, y también escribí <i>101 días</i>, el último que escribí, el cual hace un recorrido por la vida en Irak antes, durante y después de la caída de Saddam Hussein. <br/><br/><b>¿Sintió en algún momento que su vida corría peligro?</b><br/> Claro, uno siempre siente el peligro cubriendo la guerra. A pesar de estar viviendo con una familia afgana, la idea de tener prohibidas ciertas cosas me hacía pensar que no volvería nunca a mi país. Nada más ver como murieron varios amigos en esa guerra era para mí algo insostenible. Sin embargo, ser corresponsal de guerra es lo que quiero hacer durante el resto de mi vida.<br/><br/><b>Dicen que ahora el personaje real de El librero de Kabul la ha demandado por sus ganancias con el libro. ¿Es cierto?</b><br/> Como todos los personajes a los que uno entrevista, Sultán Khan (el librero de Kabul) se sintió poco identificado con la historia que escribí. Él me propuso ir a Noruega por dos semanas para corregir los detalles que le molestaban y claro que acepté, pero cuando llegó lo recibí con un abogado para que aclaráramos las dudas. Esto me sirvió para pensar que el periodismo definitivamente es sólo una versión de la verdadera historia. La objetividad no existe.<br/><br/><b>Ha dicho en otras entrevistas que su maestro es el recién fallecido Ryszard Kapuscinki. Qué admiraba de él?</b><br/> Todo. Infinitamente todo. Kapuscinki es un maestro único. Es una gran pena que haya muerto. Lo empecé a leer hace unos 15 años cuando yo todavía no escribía y me enamoró su capacidad de descripción. Él hacía que las cosas se convirtieran en realidad con tan solo leer. Tuve la oportunidad de conocerlo y además nos escribíamos con frecuencia, me cautivó aún más su sencillez y su frase contundente, la cual siempre aplico: Uno siempre debe ser personal en la vida y en el periodismo y así soy yo, muy personal. <br/><br/><b>¿Sería corresponsal de guerra en un país como Colombia?</b><br/>Me encantaría volver a Colombia pero como turista y conocer más de este país. No quisiera que aquí se desatara una guerra como las que yo he vivido. Es una situación que no se le desea a ningún pueblo. De hecho no era mi ambición ser corresponsal de guerra, pero hace 11 años cuando empezó el conflicto entre Rusia y Chechenia y trabajaba en Moscú para una agencia de noticias terminé cubriendo esta sangrienta guerra.<br/><br/>
Su libro, El librero de Kabul, es todo un bestseller en el mundo por ser una historia real. ¿Cómo descubrió a este personaje?
Yo conocí al librero dos meses después de haber llegado a cubrir la guerra en Afganistán. Apenas vi cómo era posible que funcionara una librería en pleno centro de Kabul, sentí que había una historia. Después de visitar varias veces la librería y comprar algunos libros, él me invitó a cenar a su casa con sus hijos y su esposa. Les pedí que me dejaran contar su historia en un libro y aceptaron. Así empezó lo que hoy es El librero de Kabul, un libro periodístico con estructura de novela que cuenta lo que le sucede a los miembros del clan mientras me introduzco en sus pensamientos y reflexiones.

Aunque no sólo he escrito este libro. De espaldas hacia el mundo es mi primer libro y narra la vida de los serbios después de la caída de Slodoban Milosevic, y también escribí 101 días, el último que escribí, el cual hace un recorrido por la vida en Irak antes, durante y después de la caída de Saddam Hussein.

¿Sintió en algún momento que su vida corría peligro?
Claro, uno siempre siente el peligro cubriendo la guerra. A pesar de estar viviendo con una familia afgana, la idea de tener prohibidas ciertas cosas me hacía pensar que no volvería nunca a mi país. Nada más ver como murieron varios amigos en esa guerra era para mí algo insostenible. Sin embargo, ser corresponsal de guerra es lo que quiero hacer durante el resto de mi vida.

Dicen que ahora el personaje real de El librero de Kabul la ha demandado por sus ganancias con el libro. ¿Es cierto?
Como todos los personajes a los que uno entrevista, Sultán Khan (el librero de Kabul) se sintió poco identificado con la historia que escribí. Él me propuso ir a Noruega por dos semanas para corregir los detalles que le molestaban y claro que acepté, pero cuando llegó lo recibí con un abogado para que aclaráramos las dudas. Esto me sirvió para pensar que el periodismo definitivamente es sólo una versión de la verdadera historia. La objetividad no existe.

Ha dicho en otras entrevistas que su maestro es el recién fallecido Ryszard Kapuscinki. Qué admiraba de él?
Todo. Infinitamente todo. Kapuscinki es un maestro único. Es una gran pena que haya muerto. Lo empecé a leer hace unos 15 años cuando yo todavía no escribía y me enamoró su capacidad de descripción. Él hacía que las cosas se convirtieran en realidad con tan solo leer. Tuve la oportunidad de conocerlo y además nos escribíamos con frecuencia, me cautivó aún más su sencillez y su frase contundente, la cual siempre aplico: "Uno siempre debe ser personal en la vida y en el periodismo" y así soy yo, muy personal.

¿Sería corresponsal de guerra en un país como Colombia?
Me encantaría volver a Colombia pero como turista y conocer más de este país. No quisiera que aquí se desatara una guerra como las que yo he vivido. Es una situación que no se le desea a ningún pueblo. De hecho no era mi ambición ser corresponsal de guerra, pero hace 11 años cuando empezó el conflicto entre Rusia y Chechenia y trabajaba en Moscú para una agencia de noticias terminé cubriendo esta sangrienta guerra.

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