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La hora de la oficina en casa

      
La organización futurista Red de Recursos de Aprendizaje (LERN), asegura que en cinco años Estados Unidos va a vivir una transformación comparable con el nacimiento del automóvil. Internet y las tecnologías móviles serán los protagonistas de esta próxima revolución, que permitirá a los profesionales realizar su trabajo desde cualquier punto del planeta sin necesidad de acudir a la oficina.<br/><br/> En Europa, en los países nórdicos, entre el 15% y el 16% de los profesionales ya son teletrabajadores, asegura Salvador Aragón, profesor de la escuela de negocios Instituto de Empresa. Este porcentaje es uno de los más altos del mundo, muy superior al 3%-5% que diferentes estudios aplican a países como España.<br/><br/> En opinión de Aragón, esta fuerte diferencia entre el norte y el sur de Europa responde a diferentes culturas organizativas. El principal freno al teletrabajo no es el grado de desarrollo tecnológico, sino la cultura organizacional. En España, se asocia el compromiso con la empresa con horas de pertenencia. El teletrabajo, en cambio, conlleva un grado de individualismo que cuesta mucho aceptar en ciertas organizaciones y culturas.<br/><br/> Un estudio realizado en Estados Unidos el año pasado entre 74 agencias oficiales y 1,7 millones de funcionarios señalaba que sólo el seis por ciento de los empleados públicos trabajaba a distancia. La razón que argüían estas agencias para no fomentar el teletrabajo, entre las que figura el Departamento de Justicia, es que el trabajo a distancia reduce la productividad y que a los directores no les gusta tener un equipo al que no pueden ver.<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>Trabajo y familia</span><br/><br/>La incorporación de la mujer a la vida laboral es uno de los motores del teletrabajo, por la consecuente ruptura del modelo tradicional de familia, que garantizaba la presencia de la mujer en casa, y por la necesidad de las empresas de encontrar fórmulas que les permitan retener el capital intelectual femenino, que en demasiadas ocasiones ve recortadas sus aspiraciones profesionales por la maternidad.<br/><br/> El mundo del trabajo se ha hecho mucho más femenino en las últimas décadas, asegura Santiago García Echevarría, catedrático de Política Económica en las empresas de la Universidad de Alcalá, en la obra La Conciliación entre el trabajo y la familia. El problema del creciente papel de la mujer en el trabajo no es un mero problema normativo legal, ni es solamente un problema que afecte al hecho retributivo-organizativo, sino que abarca de una manera significativa a todas las dimensiones que configuran nuestra sociedad, modificando sustancialmente los planteamientos que constituyen los pilares tradicionales de la misma, añade en el estudio.<br/><br/> En la misma obra, Aquilino Polaino, catedrático de Psicopatología de la Universidad San Pablo-CEU, subraya el diferente comportamiento laboral entre mujeres y hombres. Los retrasos de la mujer, por motivos familiares, en la hora de entrar al trabajo son del 27%, y en los hombres del 22%. Las salidas anticipadas, por motivos familiares, llegan en las mujeres al 33% y en los hombres sólo al 22%.<br/><br/> Los expertos consideran que el teletrabajo es fundamental para paliar estas diferencias y alcanzar la plena conciliación familiar. Es un tema que va a más, porque se necesita para ser realmente flexibles, asegura Nuria Chichilla, profesora de la escuela de negocios IESE-Universidad de Navarra. El teletrabajo está cada vez más presente en las grandes corporaciones, como IBM, donde el 70% de sus empleados disfrutan de esta fórmula de flexibilidad. No obstante, Chichilla subraya que se debe diferenciar entre dos tipos de teletrabajo. El contrato puro de teletrabajo, y el teletrabajo como herramienta de cultura empresarial, que significa no controlar lo que hacen los empleados, sino sus resultados.<br/><br/> Salvador Aragón, en cambio, establece tres grupos diferentes. El teletrabajo de los profesionales que no tienen otro sitio y trabajan desde casa; el teletrabajo a tiempo parcial que, por ejemplo, permite trabajar desde casa un día a la semana, para lo que las empresas les dotan de un portátil; y por último, el teletrabajo móvil, con el que nadie contaba pero que nos está permitiendo cambiar la relación entre el trabajo y las nuevas tecnologías, yendo hacia lo que yo denomino Filosofía Martini: donde estés y a la hora que estés.<br/><br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;> Ritmos diferentes</span><br/><br/>A pesar del convencimiento general de que el teletrabajo es una realidad que está llegando para quedarse, los expertos establecen importantes diferencias por países, culturas, tipos de empresas y tipos de trabajo. También hay discrepancias respecto al momento en que esta fórmula será una realidad plenamente aceptada. La asociación estadounidense Future of Work cree que en 2010 una tercera parte de los norteamericanos trabajará a distancia. Salvador Aragón no pondría un escenario de más de diez años, y calcula porcentajes distintos según el perfil profesional. El teletrabajo puro tiene un techo del 10%, y el móvil alcanzará escenarios de, incluso, el 60% de la fuerza laboral. Nuria Chinchilla, por su parte, se atreve a asegurar que el teletrabajo es ya una realidad, aunque reconoce que en diez años, el crecimiento será exponencial. Sobre todo, a partir de 2010.<br/><br/> La capacidad de imaginar cómo será la oficina del futuro, no tiene límites. Se habla ya de que en 20 0 25 años existirá la oficina virtual, gracias a una webcam que cada uno tendrá en su casa, donde se verá a todo el grupo de trabajo dentro de un escenario virtual común. El MIT está investigando sobre ello y lo llaman telepresencia, explica el profesor Aragón, quien no oculta sentir cierto vértigo, cuando habla de este escenario.<br/><br/> Charles Grantham, presidente de Future of Work, señaló a la agencia de noticias EFE que en el futuro la gente ya no trabajará en un único sitio como hasta ahora", y cree que "el modelo que se impondrá será similar al de la industria cinematográfica", que se caracteriza por su afán por reducir los costes fijos, sobre todo en inmuebles.<br/><br/> El teletrabajo conlleva importantes ahorros de costes, por la menor necesidad de espacio de las oficinas o el ahorro en transporte, entre otras cosas, señala Salvador Aragón, quien considera a las firmas de consultoría un claro modelo de hacia dónde va la oficina del futuro. KPMG, por ejemplo, permite a cerca del 75 por ciento de sus 18.000 empleados trabajar desde un lugar remoto de vez en cuando. Además, la filosofía de todas estas empresas es que los profesionales deben estar con el cliente, no en la empresa. Por eso, los espacios de trabajo que necesitan son mucho más pequeños, sin mesas fijas, sino comunes, y dotan a todos sus empleados de los aparatos tecnológicos necesarios para poder trabajar desde cualquier parte. Lo mejor que pueden hacer las empresas es dar flexibilidad de tiempo y espacio, añade Chinchilla.<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;><br/>La oficina en la palma de la mano</span><br/><br/>El rápido desarrollo tecnológico es el principal responsable del teletrabajo. Pero las tecnologías habituales hoy en día no son las que imperarán en el futuro próximo y popularizarán el teletrabajo. Wifi, Wimax y la Tercera Generación (3G) serán los protagonistas de la próxima década. Cada empresa, cada profesional, seleccionará la tecnología que más le convenga en función de dónde esté. Si se trata de otro edificio diferente al de la propia compañía, lo mejor será el Wi fi; si estamos en la ciudad, el Wimax; y para el campo, la 3G, explica el profesor del Instituto de Empresa. En su opinión, cada profesional contará con un miniordenador que será su pequeña oficina móvil.<br/><br/> Pero el teletrabajo también entraña serios peligros, como no saber desconectar. Con eso de que la flexibilidad se tiene en casa, uno no se despega del ordenador, advierte Nuria Chinchilla. Para evitar este riesgo, recomienda formar mucho a los directivos, para que aprendan a dirigir desde la distancia, a medir por objetivos, a ayudar a la gente a gestionar su tiempo, a controlar el estrés, a conciliar la vida personal con la laboral y a que no estén todo el rato trabajando. También, a superar todas las tentaciones que tienen en casa.<br/><br/> El miedo a no saber desconectar, unido a la satisfacción de formar parte de un grupo, son, según los expertos, las principales razones de que la mayoría de la gente prefiera teletrabajos parciales, apunta Chichilla. Carece de sentido decir cuánto tiempo debe permanecer un profesional en la oficina o fuera de ella. Dependerá del momento vital de cada persona, destaca Aragón, quien considera que el verdadero cambio será ver el teletrabajo como una herramienta de trabajo de grupo, no de una persona sola.<br/><br/> De hecho, el profesor del Instituto de Empresa reconoce que el teletrabajo tiene desventajas desde el punto de vista de la socialización, porque no crea espíritu de equipo y hace que trabajemos de forma aislada. Para evitarlo, se va hacia un teletrabajo mixto y con freelance que realmente sean teletrabajadores.<br/><br/><br/>
La organización futurista Red de Recursos de Aprendizaje (LERN), asegura que en cinco años Estados Unidos va a vivir una transformación comparable con el nacimiento del automóvil. Internet y las tecnologías móviles serán los protagonistas de esta próxima revolución, que permitirá a los profesionales realizar su trabajo desde cualquier punto del planeta sin necesidad de acudir a la oficina.

"En Europa, en los países nórdicos, entre el 15% y el 16% de los profesionales ya son teletrabajadores", asegura Salvador Aragón, profesor de la escuela de negocios Instituto de Empresa. Este porcentaje es uno de los más altos del mundo, muy superior al 3%-5% que diferentes estudios aplican a países como España.

En opinión de Aragón, esta fuerte diferencia entre el norte y el sur de Europa responde a diferentes culturas organizativas. "El principal freno al teletrabajo no es el grado de desarrollo tecnológico, sino la cultura organizacional. En España, se asocia el compromiso con la empresa con horas de pertenencia. El teletrabajo, en cambio, conlleva un grado de individualismo que cuesta mucho aceptar en ciertas organizaciones y culturas".

Un estudio realizado en Estados Unidos el año pasado entre 74 agencias oficiales y 1,7 millones de funcionarios señalaba que sólo el seis por ciento de los empleados públicos trabajaba a distancia. La razón que argüían estas agencias para no fomentar el teletrabajo, entre las que figura el Departamento de Justicia, es que el trabajo a distancia reduce la productividad y que a los directores no les gusta tener un equipo al que no pueden ver.



Trabajo y familia


La incorporación de la mujer a la vida laboral es uno de los motores del teletrabajo, por la consecuente ruptura del modelo tradicional de familia, que garantizaba la presencia de la mujer en casa, y por la necesidad de las empresas de encontrar fórmulas que les permitan retener el capital intelectual femenino, que en demasiadas ocasiones ve recortadas sus aspiraciones profesionales por la maternidad.

"El mundo del trabajo se ha hecho mucho más femenino en las últimas décadas", asegura Santiago García Echevarría, catedrático de Política Económica en las empresas de la Universidad de Alcalá, en la obra La Conciliación entre el trabajo y la familia. "El problema del creciente papel de la mujer en el trabajo no es un mero problema normativo legal, ni es solamente un problema que afecte al hecho retributivo-organizativo, sino que abarca de una manera significativa a todas las dimensiones que configuran nuestra sociedad, modificando sustancialmente los planteamientos que constituyen los pilares tradicionales de la misma", añade en el estudio.

En la misma obra, Aquilino Polaino, catedrático de Psicopatología de la Universidad San Pablo-CEU, subraya el diferente comportamiento laboral entre mujeres y hombres. "Los retrasos de la mujer, por motivos familiares, en la hora de entrar al trabajo son del 27%, y en los hombres del 22%. Las salidas anticipadas, por motivos familiares, llegan en las mujeres al 33% y en los hombres sólo al 22%".

Los expertos consideran que el teletrabajo es fundamental para paliar estas diferencias y alcanzar la plena conciliación familiar. "Es un tema que va a más, porque se necesita para ser realmente flexibles", asegura Nuria Chichilla, profesora de la escuela de negocios IESE-Universidad de Navarra. "El teletrabajo está cada vez más presente en las grandes corporaciones, como IBM, donde el 70% de sus empleados disfrutan de esta fórmula de flexibilidad". No obstante, Chichilla subraya que se debe diferenciar entre dos tipos de teletrabajo. "El contrato puro de teletrabajo, y el teletrabajo como herramienta de cultura empresarial, que significa no controlar lo que hacen los empleados, sino sus resultados".

Salvador Aragón, en cambio, establece tres grupos diferentes. "El teletrabajo de los profesionales que no tienen otro sitio y trabajan desde casa; el teletrabajo a tiempo parcial que, por ejemplo, permite trabajar desde casa un día a la semana, para lo que las empresas les dotan de un portátil; y por último, el teletrabajo móvil, con el que nadie contaba pero que nos está permitiendo cambiar la relación entre el trabajo y las nuevas tecnologías, yendo hacia lo que yo denomino Filosofía Martini: donde estés y a la hora que estés.



Ritmos diferentes

A pesar del convencimiento general de que el teletrabajo es una realidad que está llegando para quedarse, los expertos establecen importantes diferencias por países, culturas, tipos de empresas y tipos de trabajo. También hay discrepancias respecto al momento en que esta fórmula será una realidad plenamente aceptada. La asociación estadounidense Future of Work cree que en 2010 una tercera parte de los norteamericanos trabajará a distancia. Salvador Aragón "no pondría un escenario de más de diez años", y calcula porcentajes distintos según el perfil profesional. "El teletrabajo puro tiene un techo del 10%, y el móvil alcanzará escenarios de, incluso, el 60% de la fuerza laboral. Nuria Chinchilla, por su parte, se atreve a asegurar que "el teletrabajo es ya una realidad", aunque reconoce que "en diez años, el crecimiento será exponencial. Sobre todo, a partir de 2010".

La capacidad de imaginar cómo será la oficina del futuro, no tiene límites. "Se habla ya de que en 20 0 25 años existirá la oficina virtual, gracias a una webcam que cada uno tendrá en su casa, donde se verá a todo el grupo de trabajo dentro de un escenario virtual común. El MIT está investigando sobre ello y lo llaman telepresencia", explica el profesor Aragón, quien no oculta "sentir cierto vértigo", cuando habla de este escenario.

Charles Grantham, presidente de Future of Work, señaló a la agencia de noticias EFE que en el futuro "la gente ya no trabajará en un único sitio como hasta ahora", y cree que "el modelo que se impondrá será similar al de la industria cinematográfica", que se caracteriza por su afán por reducir los costes fijos, sobre todo en inmuebles.

"El teletrabajo conlleva importantes ahorros de costes, por la menor necesidad de espacio de las oficinas o el ahorro en transporte, entre otras cosas", señala Salvador Aragón, quien considera a las firmas de consultoría un claro modelo de hacia dónde va la oficina del futuro. KPMG, por ejemplo, permite a cerca del 75 por ciento de sus 18.000 empleados trabajar desde un lugar remoto de vez en cuando. Además, la filosofía de todas estas empresas es que los profesionales deben estar con el cliente, no en la empresa. Por eso, los espacios de trabajo que necesitan son mucho más pequeños, sin mesas fijas, sino comunes, y dotan a todos sus empleados de los aparatos tecnológicos necesarios para poder trabajar desde cualquier parte. "Lo mejor que pueden hacer las empresas es dar flexibilidad de tiempo y espacio", añade Chinchilla.



La oficina en la palma de la mano


El rápido desarrollo tecnológico es el principal responsable del teletrabajo. Pero las tecnologías habituales hoy en día no son las que imperarán en el futuro próximo y popularizarán el teletrabajo. Wifi, Wimax y la Tercera Generación (3G) serán los protagonistas de la próxima década. "Cada empresa, cada profesional, seleccionará la tecnología que más le convenga en función de dónde esté. Si se trata de otro edificio diferente al de la propia compañía, lo mejor será el Wi fi; si estamos en la ciudad, el Wimax; y para el campo, la 3G", explica el profesor del Instituto de Empresa. En su opinión, cada profesional contará con un miniordenador que será su pequeña oficina móvil.

Pero el teletrabajo también entraña serios peligros, como no saber desconectar. "Con eso de que la flexibilidad se tiene en casa, uno no se despega del ordenador", advierte Nuria Chinchilla. Para evitar este riesgo, recomienda "formar mucho a los directivos, para que aprendan a dirigir desde la distancia, a medir por objetivos, a ayudar a la gente a gestionar su tiempo, a controlar el estrés, a conciliar la vida personal con la laboral y a que no estén todo el rato trabajando. También, a superar todas las tentaciones que tienen en casa".

El miedo a no saber desconectar, unido a la satisfacción de formar parte de un grupo, son, según los expertos, las principales razones de que "la mayoría de la gente prefiera teletrabajos parciales", apunta Chichilla. "Carece de sentido decir cuánto tiempo debe permanecer un profesional en la oficina o fuera de ella. Dependerá del momento vital de cada persona", destaca Aragón, quien considera que el verdadero cambio será ver "el teletrabajo como una herramienta de trabajo de grupo, no de una persona sola".

De hecho, el profesor del Instituto de Empresa reconoce que "el teletrabajo tiene desventajas desde el punto de vista de la socialización, porque no crea espíritu de equipo y hace que trabajemos de forma aislada. Para evitarlo, se va hacia un teletrabajo mixto y con freelance que realmente sean teletrabajadores".


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