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Cómo gestionar las emociones en el trabajo

      
El estado de ánimo, las emociones y el temperamento de los trabajadores pueden, en general, tener efectos sobre los resultados laborales, los procesos de toma de decisiones, la creatividad, las tasas de rotación, el trabajo en equipo, las negociaciones y el liderazgo.Un análisis publicado en Universia Knowledge Wharton explica el fenómeno y ofrece consejos.<br/><br/> Sigal Barsade, profesora de Gestión de Wharton, estudia las influencias del afecto en los ambientes laborales y afirma que las emociones resultan verdaderos virus que viajan de persona a persona contaminando el lugar de trabajo.<br/><br/> La experta es coautora de un artículo titulado ¿Por qué el afecto importa en las organizaciones?, definiendo afecto como sinónimo de emoción. "La literatura actual muestra que el afecto importa porque los individuos no son islas emocionales. Cuando los empleados acuden a su trabajo, también llevan consigo sus rasgos, estado de humor y emociones sus experiencias y expresiones afectivas afectan a los demás", se puede leer en el artículo, del que también es autor Donald Gibson, de Dolan School of Business, Universidad de Fairfield.<br/><br/> En los últimos años se ha producido una revolución afectiva, en tanto académicos y también directivos se han dado cuenta de que las emociones de los empleados son parte fundamental de lo que ocurre en una organización, afirma Barsade, que ha investigado el área de las emociones y dinámicas de trabajo durante 15 años. "Al trabajo se llevan también las emociones y el cerebro. Y los sentimientos determinan resultados y comportamientos. Por eso, se debe pensar en la gente como conductores de emociones".<br/><br/><span style=font-weight: bold;> Las emociones como datos valiosos</span><br/><br/>La inteligencia emocional se incorpora ahora también a los círculos empresariales, sostiene Barsade. Las escuelas de negocios están enseñando a los ejecutivos cómo ser emocionalmente inteligentes y cómo gestionar las emociones de sus empleados.<br/><br/> "La idea detrás de la inteligencia emocional en el lugar de trabajo es que se trata de una habilidad a través de la cual los empleados consideran a las emociones datos valiosos para resolver una situación", explican los autores. "Pongamos por caso que a un jefe de ventas se le ocurre una idea estupenda que incrementará los ingresos corporativos en un 200%, pero sabe que su superior suele ser por las mañanas una persona irritable y de mal humor. Tener inteligencia emocional implica que este jefe de ventas, en primer lugar, reconozca y considere esta particularidad emocional de su superior. A pesar de lo maravilloso de su idea, deberá controlar su entusiasmo y esperar hasta la tarde para dirigirse a su superior".<br/><br/> Según Barsade, las investigaciones sugieren que la gente positiva suele obtener mejores resultados en el lugar de trabajo, y no es simplemente porque caigan mejor que los pesimistas. "La gente positiva procesa cognitivamente de manera más eficiente y más apropiada. Si estás de mal humor, gran parte del esfuerzo realizado se desperdicia en tu estado de ánimo. Si estás de buen humor, estás más abierto a asimilar información y gestionarla de manera efectiva".<br/><br/> No es necesario pretender cambiar a los compañeros de trabajo, pero según Barsade, los trabajadores pueden adoptar medidas para evitar ser contagiados por un humor negativo. Antes de acudir a una reunión, pueden convencerse a sí mismos de que no van a sentirse molestos por las intervenciones de esa persona que siempre critica las ideas de los demás, o que no van a permitir que esa persona se convierta en el centro de atención de la reunión (reduciendo la posibilidad de contagio)<br/><br/><br style=font-weight: bold;/><span style=font-weight: bold;> Excesiva confianza online</span><br/><br/>El correo electrónico, la mensajería instantánea y las videoconferencias han introducido nuevos retos en el lugar de trabajo, añade Barsade. Los correos electrónicos y mensajes instantáneos pueden ser malinterpretados porque carecen de expresiones faciales, entonación y lenguaje corporal, lo cual ayuda a mostrar las emociones.<br/><br/> Mucha gente suele tomar grandes precauciones para conseguir que sus correos electrónicos sean neutrales, con el peligro de parecer demasiado secos. Por otro lado, aunque algunos añaden símbolos como signos de exclamación, interrogantes y mayúsculas en un intento de transmitir emociones, también puede acabar siendo peligroso, sobre todo cuando se gasta una broma o se pretende ser sarcástico.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> ¿Cuál es el mejor modo de expresar las emociones a través de estos medios? </span><br/><br/>El artículo señala un estudio que muestra que la gente suele tener una confianza excesiva en su capacidad para trasmitir determinado estado de ánimo a través de un correo electrónico, en particular cuando están intentando ser graciosos o sarcásticos.<br/><br/> "Las videoconferencias, cuyo uso también es cada vez más habitual, ofrece más pistas, pero aún así no es lo mismo que hablar cara a cara, en particular, en situaciones de grupo. Dado que estas tecnologías siguen creciendo como medio primario de comunicación en el mundo de los negocios, es fundamental que comprendamos cómo se interpreta y comunica el afecto en estos contextos", se puede leer en el artículo.<br/><br/> Los lugares de trabajo deben encontrar un uso inteligente del correo electrónico, sostiene Barsade. Su consejo es que "si algo es lo suficientemente importante como para que el contexto emocional sea relevante, entonces, es preferible la comunicación directa evitando depender únicamente de los correos electrónicos".<br/><br/><span style=font-weight: bold;> El control de las emociones</span><br/><br/>Barsade sugiere que, aunque algunas personas son mejores que otras en el control de sus emociones, eso no significa que sus compañeros de trabajo no se percaten de sus estados de ánimo. "Tal vez piensen que no están mostrando sus emociones, pero probablemente lo hacen a través de sus expresiones faciales o lenguaje corporal. Sentimientos que incluso no sean conscientes influyen sobre los pensamientos y el comportamiento".<br/><br/> El artículo menciona el concepto de trabajo emocional para describir situaciones en las que los empleados disciplinan la demostración pública de sus emociones para cumplir con ciertas expectativas. Uno de sus enfoques es la actuación superficial, en la que, por ejemplo, el agente que presta servicios de atención al cliente en una compañía aérea se obliga a sí mismo a sonreír y ser amable con los clientes que han perdido su equipaje.<br/><br/> Otro enfoque es la actuación profunda, en la que los empleados muestran emociones que reflejan sentimientos en los que han trabajado hasta llegar incluso a sentir. En este escenario, el estresado trabajador de la compañía aérea simpatiza con el cliente y muestra emociones que sugieren cierta empatía. Para Barsade, este comportamiento resulta más sano, debido a que causa menos estrés, especialmente, respecto del agotamiento emocional por tener que ocultar las propias emociones y representar un papel.<br/><br/><br/>
El estado de ánimo, las emociones y el temperamento de los trabajadores pueden, en general, tener efectos sobre los resultados laborales, los procesos de toma de decisiones, la creatividad, las tasas de rotación, el trabajo en equipo, las negociaciones y el liderazgo.Un análisis publicado en Universia Knowledge Wharton explica el fenómeno y ofrece consejos.

Sigal Barsade, profesora de Gestión de Wharton, estudia las influencias del afecto en los ambientes laborales y afirma que las emociones resultan verdaderos virus que viajan de persona a persona contaminando el lugar de trabajo.

La experta es coautora de un artículo titulado ¿Por qué el afecto importa en las organizaciones?, definiendo afecto como sinónimo de emoción. "La literatura actual muestra que el afecto importa porque los individuos no son islas emocionales. Cuando los empleados acuden a su trabajo, también llevan consigo sus rasgos, estado de humor y emociones sus experiencias y expresiones afectivas afectan a los demás", se puede leer en el artículo, del que también es autor Donald Gibson, de Dolan School of Business, Universidad de Fairfield.

En los últimos años se ha producido una revolución afectiva, en tanto académicos y también directivos se han dado cuenta de que las emociones de los empleados son parte fundamental de lo que ocurre en una organización, afirma Barsade, que ha investigado el área de las emociones y dinámicas de trabajo durante 15 años. "Al trabajo se llevan también las emociones y el cerebro. Y los sentimientos determinan resultados y comportamientos. Por eso, se debe pensar en la gente como conductores de emociones".

Las emociones como datos valiosos

La inteligencia emocional se incorpora ahora también a los círculos empresariales, sostiene Barsade. Las escuelas de negocios están enseñando a los ejecutivos cómo ser emocionalmente inteligentes y cómo gestionar las emociones de sus empleados.

"La idea detrás de la inteligencia emocional en el lugar de trabajo es que se trata de una habilidad a través de la cual los empleados consideran a las emociones datos valiosos para resolver una situación", explican los autores. "Pongamos por caso que a un jefe de ventas se le ocurre una idea estupenda que incrementará los ingresos corporativos en un 200%, pero sabe que su superior suele ser por las mañanas una persona irritable y de mal humor. Tener inteligencia emocional implica que este jefe de ventas, en primer lugar, reconozca y considere esta particularidad emocional de su superior. A pesar de lo maravilloso de su idea, deberá controlar su entusiasmo y esperar hasta la tarde para dirigirse a su superior".

Según Barsade, las investigaciones sugieren que la gente positiva suele obtener mejores resultados en el lugar de trabajo, y no es simplemente porque caigan mejor que los pesimistas. "La gente positiva procesa cognitivamente de manera más eficiente y más apropiada. Si estás de mal humor, gran parte del esfuerzo realizado se desperdicia en tu estado de ánimo. Si estás de buen humor, estás más abierto a asimilar información y gestionarla de manera efectiva".

No es necesario pretender cambiar a los compañeros de trabajo, pero según Barsade, los trabajadores pueden adoptar medidas para evitar ser contagiados por un humor negativo. Antes de acudir a una reunión, pueden convencerse a sí mismos de que no van a sentirse molestos por las intervenciones de esa persona que siempre critica las ideas de los demás, o que no van a permitir que esa persona se convierta en el centro de atención de la reunión (reduciendo la posibilidad de contagio)


Excesiva confianza online

El correo electrónico, la mensajería instantánea y las videoconferencias han introducido nuevos retos en el lugar de trabajo, añade Barsade. Los correos electrónicos y mensajes instantáneos pueden ser malinterpretados porque carecen de expresiones faciales, entonación y lenguaje corporal, lo cual ayuda a mostrar las emociones.

Mucha gente suele tomar grandes precauciones para conseguir que sus correos electrónicos sean neutrales, con el peligro de parecer demasiado secos. Por otro lado, aunque algunos añaden símbolos como signos de exclamación, interrogantes y mayúsculas en un intento de transmitir emociones, también puede acabar siendo peligroso, sobre todo cuando se gasta una broma o se pretende ser sarcástico.

¿Cuál es el mejor modo de expresar las emociones a través de estos medios?

El artículo señala un estudio que muestra que la gente suele tener una confianza excesiva en su capacidad para trasmitir determinado estado de ánimo a través de un correo electrónico, en particular cuando están intentando ser graciosos o sarcásticos.

"Las videoconferencias, cuyo uso también es cada vez más habitual, ofrece más pistas, pero aún así no es lo mismo que hablar cara a cara, en particular, en situaciones de grupo. Dado que estas tecnologías siguen creciendo como medio primario de comunicación en el mundo de los negocios, es fundamental que comprendamos cómo se interpreta y comunica el afecto en estos contextos", se puede leer en el artículo.

Los lugares de trabajo deben encontrar un uso inteligente del correo electrónico, sostiene Barsade. Su consejo es que "si algo es lo suficientemente importante como para que el contexto emocional sea relevante, entonces, es preferible la comunicación directa evitando depender únicamente de los correos electrónicos".

El control de las emociones

Barsade sugiere que, aunque algunas personas son mejores que otras en el control de sus emociones, eso no significa que sus compañeros de trabajo no se percaten de sus estados de ánimo. "Tal vez piensen que no están mostrando sus emociones, pero probablemente lo hacen a través de sus expresiones faciales o lenguaje corporal. Sentimientos que incluso no sean conscientes influyen sobre los pensamientos y el comportamiento".

El artículo menciona el concepto de trabajo emocional para describir situaciones en las que los empleados disciplinan la demostración pública de sus emociones para cumplir con ciertas expectativas. Uno de sus enfoques es la actuación superficial, en la que, por ejemplo, el agente que presta servicios de atención al cliente en una compañía aérea se obliga a sí mismo a sonreír y ser amable con los clientes que han perdido su equipaje.

Otro enfoque es la actuación profunda, en la que los empleados muestran emociones que reflejan sentimientos en los que han trabajado hasta llegar incluso a sentir. En este escenario, el estresado trabajador de la compañía aérea simpatiza con el cliente y muestra emociones que sugieren cierta empatía. Para Barsade, este comportamiento resulta más sano, debido a que causa menos estrés, especialmente, respecto del agotamiento emocional por tener que ocultar las propias emociones y representar un papel.


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