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Bitácora desde el cautiverio

      
Gilberto Echeverri Mejía nació en Rionegro, Antioquia en 1936. Ex ministro de Estado y ex Gobernador de Antioquia, fue secuestrado por las Farc el 21 de abril de 2002, mientras acompañaba al gobernador Guillermo Gaviria y a un grupo de más de mil personas en el último día de una marcha por la "Noviolencia" entre los municipios de Santa Fe de Antioquia y Caicedo.<br/><br/>Una vez secuestrados por la guerrilla, Echeverri y Gaviria fueron declarados "sujetos de canje" por las Farc. Durante su secuestro, el empresario y filántropo Echeverri Mejía escribió numerosas cartas a su familia (la mayoría de las cuales nunca fueron entregadas y sólo se encontraron después de su muerte), además de una especie de diario que llamó "Bitácora desde el cautiverio". <br/><br/>Mediante estos escritos, cuenta en detalle las condiciones y la travesía desde el día en que fueron retenidos. Durante los casi trece meses que duró su retención, el ex Gobernador nunca perdió la fe en recuperar la libertad y mirar la construcción de un mejor país al lado de su familia. Algunos programas radiales dedicados a mantener en contacto a los familiares de personas secuestradas con los suyos, fueron el principal medio para que Gilberto Echeverri y quienes permanecían en cautiverio con él se enteraran de lo que estaba pasando con sus familias y con el resto del país. <br/><br/><strong>Homenaje a un amigo</strong><br/><br/>Echeverri Mejía fue durante muchos años miembro del Consejo Superior de la Universidad EAFIT de Medellín. Como señala Juan Luis Mejía Arango, rector de esa institución, "Sus páginas revelan el carácter de un hombre comprometido con la búsqueda de soluciones a la problemática social del país, de un obsesionado por la educación de los colombianos y sobre todo, como un ser realizado en familia".<br/><br/>La presentación de <em>Bitácora desde el cautiverio</em> fue emotiva y conmovedora, pues en la sala se reunieron familiares, amigos y colegas de Echeverri Mejía, cuyo recuerdo aún pervive entre ellos en sus palabras vigentes y de gran profundidad, plasmadas hasta el último momento, cuando él presentía un desenlace fatal a su cautiverio. Estos son algunos apartes de su diario:<br/><br/><li> La vida en nuestro país no se justifica en medio de este conflicto, solucionarlo es una obligación de quienes tenemos la posibilidad de aportar ideas.<br/><br/></li><li> En cartas enviadas a mi esposa, hijos y nietos, les he dicho: en veinte años los nietos podrán entender que me sometí a este tormento, a este sacrificio, para dar mi contribución destinada a construir un nuevo país: más justo, equitativo, incluyente, en el cual podemos vivir 50 o 100 millones de colombianos.<br/><br/></li><li> Yo no puedo dormir tranquilo en mi casa mientras el país se destruye y sus dirigentes siguen ausentes de la realidad.<br/><br/></li><li> ¿Por qué una persona de mi edad le ha dado por ponerse a trabajar en asuntos de paz y de futuro? Creo que la respuesta es muy simple: me duele el país y su gente. Creo que todos debemos dar el máximo de lo que sabemos, somos y tenemos para sacudirlo y sacarlo de esta situación tan difícil y compleja. Si no lo hacemos, muchos morirán en una guerra que costará millones de vidas, además retrocederemos varias décadas en nuestro desarrollo.<br/><br/></li><li> Si el llamado acuerdo humanitario es un tema que requiere unos meses para ser terminado positivamente, se justifica continuar en el actual stau-quo, pero si el horizonte es de años y dudas, <em>yo prefiero pedirle a Dios que me lleve lo más pronto posible</em>; mis 67 años, una marcada tendencia al cáncer de la piel, lo mismo que molestias en la próstata y mi incapacidad para moverme con la agilidad requerida por las selvas y montañas, que puede traer problemas a mis compañeros de infortunio, son razones bien importantes que es bueno mirar con inteligencia para entender la opción de partir de este mundo cruzado de dolor. Es bueno recordar que morir es la única certeza que enfrenta cualquier ser humano (...) le ruego a Dios que me permita partir para que mi gente pueda volver a la normalidad.<br/><br/>El 5 de mayo de 2003, cuatro días después de estas últimas letras y de más de un año de estar privado de la libertad, Gilberto Echeverri Mejía, el Gobernador Gaviria y ocho militares más fueron asesinados a quemarropa por sus captores de las Farc y rematados con tiros de gracia, cuando se había dado inicio a un operativo de rescate por parte del ejército. Tres suboficiales lograron sobrevivir y gracias a ellos fue posible recuperar los documentos que recoge este libro, una lección de esperanza y libertad de pensamiento en medio del desasosiego del secuestro.<br/><br/>Visite el especial de Universia en la <strong><a href=https://www.universia.net.co/feriadellibro_06/>Feria Internacional del Libro de Bogotá </a></strong></li>
Gilberto Echeverri Mejía nació en Rionegro, Antioquia en 1936. Ex ministro de Estado y ex Gobernador de Antioquia, fue secuestrado por las Farc el 21 de abril de 2002, mientras acompañaba al gobernador Guillermo Gaviria y a un grupo de más de mil personas en el último día de una marcha por la "Noviolencia" entre los municipios de Santa Fe de Antioquia y Caicedo.

Una vez secuestrados por la guerrilla, Echeverri y Gaviria fueron declarados "sujetos de canje" por las Farc. Durante su secuestro, el empresario y filántropo Echeverri Mejía escribió numerosas cartas a su familia (la mayoría de las cuales nunca fueron entregadas y sólo se encontraron después de su muerte), además de una especie de diario que llamó "Bitácora desde el cautiverio".

Mediante estos escritos, cuenta en detalle las condiciones y la travesía desde el día en que fueron retenidos. Durante los casi trece meses que duró su retención, el ex Gobernador nunca perdió la fe en recuperar la libertad y mirar la construcción de un mejor país al lado de su familia. Algunos programas radiales dedicados a mantener en contacto a los familiares de personas secuestradas con los suyos, fueron el principal medio para que Gilberto Echeverri y quienes permanecían en cautiverio con él se enteraran de lo que estaba pasando con sus familias y con el resto del país.

Homenaje a un amigo

Echeverri Mejía fue durante muchos años miembro del Consejo Superior de la Universidad EAFIT de Medellín. Como señala Juan Luis Mejía Arango, rector de esa institución, "Sus páginas revelan el carácter de un hombre comprometido con la búsqueda de soluciones a la problemática social del país, de un obsesionado por la educación de los colombianos y sobre todo, como un ser realizado en familia".

La presentación de Bitácora desde el cautiverio fue emotiva y conmovedora, pues en la sala se reunieron familiares, amigos y colegas de Echeverri Mejía, cuyo recuerdo aún pervive entre ellos en sus palabras vigentes y de gran profundidad, plasmadas hasta el último momento, cuando él presentía un desenlace fatal a su cautiverio. Estos son algunos apartes de su diario:

  • La vida en nuestro país no se justifica en medio de este conflicto, solucionarlo es una obligación de quienes tenemos la posibilidad de aportar ideas.

  • En cartas enviadas a mi esposa, hijos y nietos, les he dicho: en veinte años los nietos podrán entender que me sometí a este tormento, a este sacrificio, para dar mi contribución destinada a construir un nuevo país: más justo, equitativo, incluyente, en el cual podemos vivir 50 o 100 millones de colombianos.

  • Yo no puedo dormir tranquilo en mi casa mientras el país se destruye y sus dirigentes siguen ausentes de la realidad.

  • ¿Por qué una persona de mi edad le ha dado por ponerse a trabajar en asuntos de paz y de futuro? Creo que la respuesta es muy simple: me duele el país y su gente. Creo que todos debemos dar el máximo de lo que sabemos, somos y tenemos para sacudirlo y sacarlo de esta situación tan difícil y compleja. Si no lo hacemos, muchos morirán en una guerra que costará millones de vidas, además retrocederemos varias décadas en nuestro desarrollo.

  • Si el llamado acuerdo humanitario es un tema que requiere unos meses para ser terminado positivamente, se justifica continuar en el actual stau-quo, pero si el horizonte es de años y dudas, yo prefiero pedirle a Dios que me lleve lo más pronto posible; mis 67 años, una marcada tendencia al cáncer de la piel, lo mismo que molestias en la próstata y mi incapacidad para moverme con la agilidad requerida por las selvas y montañas, que puede traer problemas a mis compañeros de infortunio, son razones bien importantes que es bueno mirar con inteligencia para entender la opción de partir de este mundo cruzado de dolor. Es bueno recordar que morir es la única certeza que enfrenta cualquier ser humano (...) le ruego a Dios que me permita partir para que mi gente pueda volver a la normalidad.

    El 5 de mayo de 2003, cuatro días después de estas últimas letras y de más de un año de estar privado de la libertad, Gilberto Echeverri Mejía, el Gobernador Gaviria y ocho militares más fueron asesinados a quemarropa por sus captores de las Farc y rematados con tiros de gracia, cuando se había dado inicio a un operativo de rescate por parte del ejército. Tres suboficiales lograron sobrevivir y gracias a ellos fue posible recuperar los documentos que recoge este libro, una lección de esperanza y libertad de pensamiento en medio del desasosiego del secuestro.

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