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Una mirada al narcotráfico desde la academia

      
Por Camilo Calderón Acero
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"Existen países que son proclives a producir cosas ilegales y otros que no," afirmó Francisco E. Thoumi, director del Ceodd, para quien el problema de drogas, en el caso de Colombia, no se debe únicamente a una cuestión de rentabilidad sino a la concurrencia de factores internos que predeterminan este tipo de actividades.

Los estudios realizados por la Universidad muestran que en el exterior se ve a Colombia como un país víctima de una situación que se le escapa de sus manos, "cuando realmente se debe entender que el narcotráfico es un proceso interno y la solución debe surgir a partir un examen interior", aclaró Thoumi.

El narcotráfico surge del contexto de ilegalidad en el que se enmarca y favorece la creación de destrezas ligadas a quienes están involucrados. Por lo tanto, cambiar los modos de vida relacionados resulta difícil, ya que "la gente está convencida de que la riqueza se captura o se encuentra y se aferra a las prácticas que aseguran ese bienestar", señaló Thoumi.

Para Álvaro Camacho, director e investigador del Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales de la Universidad de los Andes (Ceso), las políticas prohibicionistas de países como Estados Unidos contribuyen a este fenómeno al "construir un discurso penal y criminalizante sin tener en cuenta que este fenómeno es esencialmente de salud pública".

Ante el debate actual sobre políticas de drogas, Leandro Peñaranda, investigador del Grupo de Estudios sobre Identidad de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, se pregunta ¿por qué las estrategias prohibicionistas, punitivas y de guerra contra las drogas se han mantenido durante largo tiempo en Estados Unidos, Colombia y otros países a pesar de la abrumadora evidencia sobre el fracaso en sus objetivos anunciados? ¿por qué las respuestas al fracaso en las metas propuestas ha sido el escalamiento de las estrategias fallidas, por ejemplo, el incremento de las fumigaciones y no su reevaluación?

El papel del Estado colombiano también es cuestionado por el Ceodd del Rosario. El ensayo "Las políticas contra las drogas, reformas y relaciones colombo - americanas", escrito por el mismo Thoumi, señala que: "hoy los Estados Unidos financian parte sustancial de la lucha del Gobierno Colombiano contra grupos insurgentes y contra insurgentes que participan en le negocio de drogas ilegales. Colombia extradita rutinariamente ciudadanos solicitados por el Gobierno Americano y ambos gobiernos afirman y reafirman su compromiso para ganar la "guerra contra las drogas" y muestran indicadores estadísticos de los avances en esa "guerra". Por lo tanto, el asunto no es la falta de políticas, sino que su efectividad no está sintiéndose".

Un punto adicional aportado por Camacho indica que "las políticas punitivas criminalizantes y de estigmatización que se asocian con el prohibicionismo, han sido un fracaso en términos de producción, consumo y lavado de activos.

Los encargados de formular las políticas contra las drogas, en gobiernos como el estadounidense y el colombiano, "parecen ignorar sistemáticamente la investigación académica en este campo. El prohibicionismo ha devenido en ideología fundamentalista cuando se cierra al libre examen de sus postulados", agregó Peñaranda.

La poca efectividad de las políticas de Estado repercute también en la falta de control social. "Gran parte de la población no cree en el Estado. Por tal razón, se debe buscar una reforma de fondo que involucre a toda la sociedad colombiana, en términos de igualdad, sin exclusión. Este proceso no es fácil mientras se siga pensando que el problema de las drogas es externo a nosotros y mientras cada uno de los actores involucrados vaya en dirección contraria. Además, es necesario remodelar la concepción que se tiene en torno a las drogas ya que debe existir consenso con respecto a lo que hay que cambiar", agregó Francisco Thoumi.

En este mismo sentido, el director del Ceso plantea opciones en las que se destaca la importancia de propiciar alternativas políticas para el manejo de las drogas ilícitas, entre ellas mercados regulados, énfasis en tácticas de reducción del daño, inversiones en desarrollo alternativo y distinciones de tipos de drogas.

Todos estos aportes parten de la concientización de que la solución no es tan simple como querer legalizar sino que va mucho más allá. Es necesario abrir caminos para generar un debate que involucre todas las implicaciones que encierra el fenómeno del narcotráfico en un país como Colombia.

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