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Un mecano biótico florece en la selva amazónica

      
Por: María Claudia Rojas R.
UN Periódico
Unimedios - Universidad Nacional


1.310 metros zigzaguean un sendero en la selva tropical más grande del mundo. Su magnificencia se acentúa con las alas extendidas de la mariposa búho, estampadas con los ojos saltones del ave que le presta su nombre; en el croar de la rana bufo durante una noche típica de luna llena; en el aire perfumado con el dulce aroma del arazá; en el extravagante colorido que tan solo se hace armónico en la piel del pez Mesonauta festivus, y en la mano que se mueve hábil para esquivar el repugnante roce de una chucha o raposa: al fin y al cabo, se trata de un parche de bosque, donde la exhuberancia de la Amazonía se expone con toda su carga sensorial.

"Es un campo en sucesión", se adelanta a señalar Aquiles Gutiérrez, antes de explicar que hace apenas 30 años ese mismo lugar tenía la apariencia de un potrero sin árboles y que quizás tarde otros 170 años en parecerse a la selva densa y original del Amazonas. Gutiérrez, biólogo y profesor de la Universidad Nacional sede Amazonía, insiste: "por ahora es un bosque joven que, abandonado a sus suerte, es el nuevo inquilino de animales y plantas, desplazados por tres décadas de los alrededores de Leticia.

16 hectáreas son atravesadas por el sendero ecológico para la apreciación de la vida silvestre, un "Edén" próximo a abrirse al público, Se trata de un proyecto, concebido desde hace dos años, de investigación, extensión, ecoturismo y desarrollo sostenible de la sede Amazonía de la Universidad Nacional. Reúne los escenarios más representativos del ecosistema, no sólo con el fin de mostrar por qué es uno de los pulmones más importantes de la Tierra, sino de sumar una herramienta a la educación formal y no formal. El programa está relacionado con las tareas del Con sejo Departamental de Ciencia y Tecnología, Codecyt, los programas "Ondas", de Colciencias, y "Saber y gestión", Nuffic, y NPT, de Holanda.


El sendero está constituido por 12 estaciones interpretativas:

El mirador

Los habitantes del techo del bosque están en un mundo colgante, a 25 ó 30 metros de altura. En este estrato, aves, insectos y mamíferos nacen, crecen y se reproducen en las copas de los árboles. Muchos, incluso, mueren sin saber lo que pasa en el suelo, pues con una luminosidad y una humedad distinta, aquel domicilio fluctuante, donde se dan las mayores operaciones de fotosíntesis, les ofrece recursos que abajo tendrían demasiados competidores. Atraídos por comederos especiales apostados entre las ramas, colibríes, micos tití, iguanas, loros, rapaces, quedarán "inmovilizados", provisionalmente, para que los especta- dores tengan tiempo de echar el mejor vistazo al dosel amazónico: una torre de 20 metros, dotada con binoculares, permitirá amplificar por poco más que un instante el microhábitat de 145 especies, inapreciable desde el suelo.

El acuario

El río Amazonas transporta la quinta parte del agua dulce del plantea. En semejante caudal, la pluralidad de fauna acuática alcanza al menos 2.400 especies. Las pequeñas, como las arawanas, apetecidas en el mercado ornamental, y las "gordas", como el pirarucú, que, al colonizar este medio acuático y evolucionar, revelan la historia natural de millones de años. Entre esa diversidad, los peces de tallas pequeñas, adheridos a las rocas y la hojarasca, pescan un bocado único -larvas de libélulas, cucarrones, mariposas, arañas-, y despliegan así un mecanismo eficiente para controlar el crecimiento exacerbado de las poblaciones de insectos. Al mismo tiempo, se exhibirán en la estación del Acuario recuerdos del Amazonas primitivo, cuando hace 70 millones de años la corriente hídrica más caudalosa del mundo era un mar de poca profundidad. Con su gran talla, el delfín rosado, el manatí o vaca marina, rayas, cangrejos y camarones evocan ancestros de aquel mar bajito que se conecta con el Océano Atlántico. Gracias a su gran capacidad de adaptación, ellos consiguieron sobre- vivir hoy al agua dulce, la corriente y la turbidez del fragoso río.

Hormigas y termitas

Si la biota aérea es fascinante y desconocida, la del suelo no lo es menos para el funcionamiento del sistema. "Se habla de que la diversidad en el Amazonas es una ilusión porque sus suelos tienen vocación de desierto", advierte Gutiérrez, pero es una paradoja que las hormigas y las termitas ayudan a resolver laboriosamente. Es común escuchar gigantescos árboles desplomándose en medio de la selva, pues sus frágiles raíces no corresponden al enorme tamaño de su troncos y follajes, por lo que la hojarasca se convierte en botín inmejorable para ejércitos de hormigas y termitas, que aceleran su descomposición. Este es uno de los secretos de la exhuberancia del bosque húmedo tropical: la copiosa materia muerta que genera y renueva el mismo bosque, gracias al eficiente ciclado de nutrientes que consumen diminutos organismos.

Pero el papel de hormigueros y termiteros, que llegan a agrupar hasta 300 millones en un solo nido, no se restringe a descomponer materia orgánica. La herviboría es una verdadera amenaza para las plantas, que han creado mutualismos, en los que muchos árboles, a pesar de no tener flores, desarrollan nectarios para brindar alimento y energía a los insectos, en tanto éstos levantan muros impenetrables, para protegerlos de minadores, plagas de la hoja y demás predadores . Se sabe del yarumo y otras plantas sagradas de la cultura amazónica, cuya estrategia de defensa se basa en este tipo de asociaciones. El modelo a escala de un hormiguero en la selva será una de las estaciones más tractivas del sendero. Está adornado con tallas en madera, de dos metros por 80 centímetros, de la reina, los zánganos, las obreras y los soldados.


La descomposición


"Mira este corazón de Palo Sangre. ¿Será que está contribuyendo en algo? Sí. Aunque ya no tiene más vida como árbol aún cumple una función fundamental. Está en estado de descomposición, aportando gran cantidad de nutrientes para el suelo y abrigando otras vidas. Este palo se ahuecó y pudrió por dentro, pero llegaron hongos y otros seres a degradar la madera. Las materias minerales que reunió a lo largo de su vida empezaron a liberarse, contribuyendo a la formación de humus". Así comenzará la charla de la visita guiada a la estación La Descomposición, un proceso tan complejo como vital para el mantenimiento del ecosistema amazónico.

En realidad, para conectar con el anterior paraje el crédito de ese proceso de "fertilización" no se debe sólo a las termitas y las hormigas, sino a la acción transformadora de hongos, bacterias y lombrices, entre otros, sin los que diversidad e infertilidad serían imposibles de conjugar. El sustrato de tierra en la selva, compuesto por arenas y arcilla, apenas alcanza de cinco a diez centímetros de espesor. Esto explica por qué las raíces son superficiales y la biomasa en pie, comparable con naturaleza muerta. Así, las interacciones del microcosmos de la selva húmeda van en auxilio de Goliat, al suplir con su modesta faena, la pobreza del suelo.

La maloca

Para las comunidades indígenas del Amazonas es la unidad básica que mantiene el orden del Universo. La entrada de luz tenue a través del tejido del techo, la forma y disposición de los estantillos de la maloca reflejan su cosmogonía. El sendero ecológico contará con una de estas piezas arquitectónicas, construida con los lineamientos tradicionales, aunque no pretende tener la connotación sagrada de las originales. El uso pedagógico de este espacio se estrenará con la apertura del diplomado "Formación de guías observadores de aves en ambientes amazónicos", que se estrena el próximo semestre. Dada la demanda del turismo científico en Leticia, la Universidad capacitará personas especializadas en avifauna, que sepan identificarla no sólo visualmente, sino por sus cantos y que manejen un discurso acerca de la apreciación y conservación de este recurso.

Las aves

Abundancia y diversidad son atributos ecológicos que describen las 145 especies de aves, inventariadas por la Universidad en una investigación de 2005. Entre las familias di- versas están en orden descendente las atrapamoscas, los loros, los semilleros, los colibríes y las águilas, mientras entre las familias abundantes sobresalen las tángaras, las oropéndolas, los mochileros y los búhos. En este panorama, las 12 especies migratorias provenientes de Canadá o La Patagonia tendrán un referente central en esta estación. Sin duda, la función de los pájaros es también disímil: recicladores de la materia orgánica (gallinazos), consumidores de invertebrados que crecen entre la madera o el follaje (atrapamoscas, hormigueros, cucaracheros, búhos), predadores de vertebrados mayores (rapaces), dispersores de semillas (azulejos), polinizadores que contribuyen a potenciar la diversidad genética de las plantas (colibríes) y controladores del crecimiento de plantas invasoras (semilleros). Una guía de la avifauna de Leticia y los alrededores recogerá los hallazgos del estudio. Con fotos a color, aparecerá cada una de las 145 especies de la base de datos recolectada. La guía es plastificada y viene acompañada de información sobre distintos aspectos de su biología.


Las guaras


Aunque está dedicado a los mamíferos, los grandes furtivos del bosque, "un par de guaritas que aparecen con frecuencia por el sendero son las responsables del nombre de la estación", cuenta el coordinador del proyecto. Las guaras son roedores arborícolas y, al igual que armadillos, murciélagos, monos, osos perezosos, dantas, ardillas o chuchas, difícilmente pueden observarse, pues la presión sobre sus poblaciones ha hecho que se vuelvan nocturnos, vivan definitivamente en la copas de los árboles o se internen en lo más profundo de la selva. De los mamíferos, puede decirse que los marsupiales fueron de los primeros pobladores del Amazonas y de toda América del Sur. Datan de hace 100 millones de años, cuando nació el Océano Atlántico y la actual Suramérica se separó de Australia y África, que conformaban lo que se conoce como el Gran Continente de Godwana. Entonces vivieron su máximo esplendor en convivencia con armadillos, aves gigantes, toxodontes, osos perezosos, tigres dientes de sable, hasta cuando Suramérica y Norteamérica se conectaron con la "erupción" del Istmo de Panamá. En ese momento se dio la migración de jaguares, pumas y venados, que con- formaron el 70% de las familias que viven en esta parte del planeta.

Criaturas del pantano

La excursión a este lugar empieza con una observación de tallas en madera de un caimán, una tortuga, una rana o una boa que se mueven a lo largo de un puente gracias a un mecanismo de rieles. La bárcena dominada por pantanos, incluso en la época seca, llega a tener la superficie equivalente al tamaño de Inglaterra en temporada de lluvias. La población de cocodrilos, víboras, ranas, salamandras, arañas y libélulas de la sequía se cambia en invierno a la menos visible demografía de renacuajos, peces y multitud de organismos anfibios y de seres microscópicos que van a desobar sus crías. Así se establecen cadenas tróficas precisas que se turnan su protagonismo en el paisaje durante la sequía y el invierno. Es justamente al pantano al que corresponde la música de la selva en las noches: si los pájaros anuncian el despertar del día, es seguro que un coro de ranas, escondidas bajo ramas, hojas o piedras, entonen melodías y cantos para anunciar la llegada de la oscuridad.

El mariposario

Un estudio poblacional adelantado por la UN sede Amazonía logró inventariar un centenar de mariposas diurnas. El grupo más diverso es el de la familia nymphalidae, pasionarias, que está asociado al maracuyá y a la granadilla silvestre. También son comunes las que en sus alas tienen pintados los ojos del búho, las que adquieren propiedades tóxicas de las plantas y tienen complejos miméticos, las que generan colores de advertencia para los predadores y las nectaríferas, que se especializan según el color de las flores: un grupo prefiere las azules y violetas; otro, las gamas de rojas y anaranjadas, y algunos más, las amarillas. Dada la demanda que muchas especies tienen en el mercado internacional, la Universidad proyecta desarrollar un zoocriadero de mariposas. Los investigadores están identificando las plantas hospederas y las que les brindan alimento, su biología y reproducción, que irá a la par de cursos, sobre aspectos técnicos de lepidepterología, taxonomía, y seminarios, para autoridades, sobre el comercio de la fauna silvestre.


La chagra


El desarrollo agrícola del bosque amazónico tiene limitaciones. Entre otras, que no podría ser extensiva o industrial. Más bien, itinerante y rotatoria, por la baja fecundidad de los suelos. Las culturas indígenas han perdurado gracias a la chagra. Ella habla de la subsistencia en la Amazonía y de técnicas para el manejo de la tierra. La réplica de una chagra tradicional permitirá a los visitantes entender que es fruto de una división sexual del trabajo, en la que las mujeres siembran y recolectan los productos del cuerpo -yuca, plátano, frutales y caña- y los hombres los cultivos del alma -coca y tabaco-. La chagra evidencia que si para las comunidades andinas el maíz fue el alimento capital, para las amazónicas la yuca constituye la base de su dieta. Más de 15 especies de yu- cas salvajes, muchas de ellas venenosas, ricas en cianuro, han sido domesticadas gracias al conocimiento de los nativos que han logrado extraer el almidón, esencial en la preparación de casabe, fariña o mandioca.

El ruido

Para cerrar el circuito, un contraste estimula el aprecio por el mundo fascinante que precedió este momento. Al salir del bosque, aparece la carretera que comunica a Leticia con Tarapacá. El aeropuerto ofrece una mezcla de ruidos: motos, carros y aviones, que se opone a la armonía del bosque. "Este contaminante ambiental, como las basuras, in- fluye para que los animales se desplacen a zonas apartadas en busca de tranquilidad, lejos de la intervención humana". Una reflexión que pretende cuestionar por qué la concepción moderna de vivir contempla, tan insistentemente, el nocivo modelo de la urbanización.

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