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La dificultad de aprender

      
La investigación se adelantó con niños de colegios pertenecientes a cinco localidades ubicadas en el sur y occidente de la ciudad: Bosa, Usme, Ciudad Bolívar, Engativá y Barrios Unidos. Los planteles educativos seleccionados hacen parte de la Red Educativa de la Caja Colombiana de Subsidio Familiar, Colsubsidio y de la Secretaría de Educación. <br/><br/> De los 12.322 niños matriculados en jardines sociales y colegios, 8.454 diligenciaron una encuesta a través de la cual los investigadores buscaban detectar la presencia de problemas de neurodesarrollo, trastornos de atención y del aprendizaje, epilepsia, alteraciones visomotoras, de lectoescritura y de motricidad fina.<br/><br/> La interpretación de las encuestas catalogó a 4.101 niños como sospechosos de presentar algún tipo de problemas. Las precarias condiciones en que se desarrolla la vida de estos menores hace más difícil la detección de esta clase de trastornos.<br/><br/> La prevalencia, es decir, la frecuencia con la que se presentan estos trastornos sobre el total de la población, tuvo los siguientes resultados: la prevalencia en trastornos de aprendizaje fue de 45 por cada mil niños. 191 menores por cada mil presentaron alteraciones visomotoras, 54 de cada mil tuvieron trastornos de atención, 88 por cada mil evidenciaron problemas en escritura, 12 por cada mil tuvieron problemas de lenguaje, entre 90 y 180 niños por cada mil presentaron problemas motores, y 32 por cada mil evidenciaron problemas de neurodesarrollo. <br/><br/> Estos resultados, en su mayoría, son porcentajes muy altos para lo normal y están influenciados por las bajas condiciones de cobertura en aspectos como salud y educación. Para el neuropediatra Alberto Vélez van Meerbeke, investigador del Grupo NEUROS, se sabe que la gran mayoría de los niños en los que se identificó algún problema, no habían sido detectados y no se les había podido vincular a programas de tratamiento.<br/><br/> Por su parte, Rafael Pabón, investigador del Instituto de Investigación y Desarrollo Pedagógico, IDEP, de la Secretaría de Educación de Bogotá, manifestó su preocupación por el crecimiento de las dificultades de aprendizaje y argumentó que no sólo es indispensable el tratamiento clínico sino además la utilización de pedagogías flexibles y acordes con las circunstancias. No hay que mirar a estos niños como enfermos sólo porque están fuera de los parámetros normales de aprendizaje, hay que explorar alternativas pedagógicas. <br/><br/> El grupo seleccionado para la investigación representó a todos los cursos de preescolar y primaria. Aunque la variedad fue amplia y las características de cada localidad son distintas, existen problemáticas que afectan a todas en mayor o menor medida. Para algunas localidades, las principales dificultades son de índole social, como la violencia, la desnutrición, el desplazamiento y la drogadicción. En otras, la mala infraestructura en vías y vivienda influye de manera más determinante. Sin embargo, aspectos comunes entre todas las localidades son las deficiencias en la cobertura de salud y educación. Por ejemplo, en Ciudad Bolívar el 45% de los niños no tiene posibilidad de estudio.<br/><br/> Todo este contexto influye de forma radical a la hora de enfrentar enfermedades neurológicas como la epilepsia o problemas del aprendizaje. Por un lado, los padres están ocupados tratando de suplir sus necesidades básicas y no están atentos a las señales de estos trastornos; por otro, los colegios no están capacitados para atender a los niños con problemas o no tienen un equipo terapéutico que los apoye, como lo señaló el estudio de la Universidad del Rosario. <br/><br/> Aunque las enfermedades neurológicas no tienen cura, es posible hacer un buen manejo de la situación si el docente cuenta con las herramientas necesarias. Como indicó el investigador principal, Alberto Vélez, está claro que si los niños con dificultades del aprendizaje tuvieran seguimiento y manejo apropiado por profesionales de la salud y educadores entrenados, al igual que por la familia, ellos podrían tener un rendimiento escolar exitoso.<br/><br/> Las deficiencias motoras, de escritura o del lenguaje tienen un proceso largo de corrección que radica esencialmente en el trabajo de los padres de familia y en los maestros. El docente es un facilitador para ayudar a superar estas fallas, pero la vigilancia debe darse en el núcleo familiar. Si se conforman bloques integrados por niños, padres y docentes, apoyados por el sector salud, posiblemente se mejorarán las posibilidades de los niños hacia el futuro. Si no se propicia esa situación estos problemas llevarán a estos adultos a realizar trabajos poco calificados, mal remunerados, con inestabilidad laboral y marginalidad en una sociedad que es cada vez más exigente desde el punto de vista tecnológico, explicó Vélez. <br/><br/> Así las cosas, se hace necesaria la integración de esfuerzos por parte de la comunidad y de los organismos del Estado en torno a la ejecución de políticas de prevención, capacitación y cooperación.<br/><br/><br/>
La investigación se adelantó con niños de colegios pertenecientes a cinco localidades ubicadas en el sur y occidente de la ciudad: Bosa, Usme, Ciudad Bolívar, Engativá y Barrios Unidos. Los planteles educativos seleccionados hacen parte de la Red Educativa de la Caja Colombiana de Subsidio Familiar, Colsubsidio y de la Secretaría de Educación.

De los 12.322 niños matriculados en jardines sociales y colegios, 8.454 diligenciaron una encuesta a través de la cual los investigadores buscaban detectar la presencia de problemas de neurodesarrollo, trastornos de atención y del aprendizaje, epilepsia, alteraciones visomotoras, de lectoescritura y de motricidad fina.

La interpretación de las encuestas catalogó a 4.101 niños como sospechosos de presentar algún tipo de problemas. Las precarias condiciones en que se desarrolla la vida de estos menores hace más difícil la detección de esta clase de trastornos.

La prevalencia, es decir, la frecuencia con la que se presentan estos trastornos sobre el total de la población, tuvo los siguientes resultados: la prevalencia en trastornos de aprendizaje fue de 45 por cada mil niños. 191 menores por cada mil presentaron alteraciones visomotoras, 54 de cada mil tuvieron trastornos de atención, 88 por cada mil evidenciaron problemas en escritura, 12 por cada mil tuvieron problemas de lenguaje, entre 90 y 180 niños por cada mil presentaron problemas motores, y 32 por cada mil evidenciaron problemas de neurodesarrollo.

Estos resultados, en su mayoría, son porcentajes muy altos para lo normal y están influenciados por las bajas condiciones de cobertura en aspectos como salud y educación. Para el neuropediatra Alberto Vélez van Meerbeke, investigador del Grupo NEUROS, "se sabe que la gran mayoría de los niños en los que se identificó algún problema, no habían sido detectados y no se les había podido vincular a programas de tratamiento".

Por su parte, Rafael Pabón, investigador del Instituto de Investigación y Desarrollo Pedagógico, IDEP, de la Secretaría de Educación de Bogotá, manifestó su preocupación por el crecimiento de las dificultades de aprendizaje y argumentó que no sólo es indispensable el tratamiento clínico sino además la utilización de pedagogías flexibles y acordes con las circunstancias. "No hay que mirar a estos niños como enfermos sólo porque están fuera de los parámetros normales de aprendizaje, hay que explorar alternativas pedagógicas".

El grupo seleccionado para la investigación representó a todos los cursos de preescolar y primaria. Aunque la variedad fue amplia y las características de cada localidad son distintas, existen problemáticas que afectan a todas en mayor o menor medida. Para algunas localidades, las principales dificultades son de índole social, como la violencia, la desnutrición, el desplazamiento y la drogadicción. En otras, la mala infraestructura en vías y vivienda influye de manera más determinante. Sin embargo, aspectos comunes entre todas las localidades son las deficiencias en la cobertura de salud y educación. Por ejemplo, en Ciudad Bolívar el 45% de los niños no tiene posibilidad de estudio.

Todo este contexto influye de forma radical a la hora de enfrentar enfermedades neurológicas como la epilepsia o problemas del aprendizaje. Por un lado, los padres están ocupados tratando de suplir sus necesidades básicas y no están atentos a las señales de estos trastornos; por otro, los colegios no están capacitados para atender a los niños con problemas o no tienen un equipo terapéutico que los apoye, como lo señaló el estudio de la Universidad del Rosario.

Aunque las enfermedades neurológicas no tienen cura, es posible hacer un buen manejo de la situación si el docente cuenta con las herramientas necesarias. Como indicó el investigador principal, Alberto Vélez, "está claro que si los niños con dificultades del aprendizaje tuvieran seguimiento y manejo apropiado por profesionales de la salud y educadores entrenados, al igual que por la familia, ellos podrían tener un rendimiento escolar exitoso".

Las deficiencias motoras, de escritura o del lenguaje tienen un proceso largo de corrección que radica esencialmente en el trabajo de los padres de familia y en los maestros. El docente es un facilitador para ayudar a superar estas fallas, pero la vigilancia debe darse en el núcleo familiar. Si se conforman bloques integrados por niños, padres y docentes, apoyados por el sector salud, posiblemente se mejorarán las posibilidades de los niños hacia el futuro. "Si no se propicia esa situación estos problemas llevarán a estos adultos a realizar trabajos poco calificados, mal remunerados, con inestabilidad laboral y marginalidad en una sociedad que es cada vez más exigente desde el punto de vista tecnológico", explicó Vélez.

Así las cosas, se hace necesaria la integración de esfuerzos por parte de la comunidad y de los organismos del Estado en torno a la ejecución de políticas de prevención, capacitación y cooperación.


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