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Comprobada efectividad de un arbusto contra molestias de la artritis reumatoidea

      
Este arbusto, típico de climas cálidos secos, fue colectado por el investigador en zonas como Girardot, Melgar y Agua de Dios. En estas zonas, además de ser usado como arbusto ornamental, se emplea en medicina popular, a través de una infusión de las flores con alcohol antiséptico, que, aplicada por fricción, ayuda al tratamiento de las molestias ocasionadas por dicha enfermedad. <br/><br/> Al analizar en laboratorio muestras de flores y hojas encontré en estas las fracciones más activas (clorofórmicas) encargadas de la actividad antiinfamatoria, explica Germán Matiz. Con esas fracciones diseñó un fitomedicamento de uso tópico (externo) cuya estabilidad (actividad en el tiempo y seguridad en su uso) también fue comprobada. <br/><br/> Pero el estudio va más allá, pues en las mismas fracciones el químico farmacéutico encontró que el principal mecanismo de acción del popular clavellino está relacionado con la inhibición de la migración celular. <br/><br/> Uno de los mecanismos de la producción de la inflamación tiene que ver con el desplazamiento de ciertas células del sistema inmune al lugar de la afección, donde sufren un fenómeno llamado desgranulación (el comienzo de la inflamación). Nuestros extractos inhiben esa migración y la desgranulación, asegura el profesional, cuyo trabajo es el resultado de su tesis doctoral. <br/><br/> Las mismas fracciones activas le permitieron aislar un compuesto puro, científicamente conocido como Betaglicopiranocil citosterol, responsable de la actividad antiinflamatoria de las hojas y flores. <br/><br/> Esta, además de ser una buena noticia para quienes padecen artritis reumatoidea, es el comienzo para dar una base científica al saber popular en nuestro país, tema al que se le ha restado importancia y que bien han sabido aprovechar biopiratas de las grandes multinacionales, dueños de las patentes de principios activos de un alto número de especies de la flora y fauna de nuestro territorio. <br/><br/> La idea es llegar a tener compuestos patentados desde la academia, para evitar que se sigan llevando el saber popular de nuestros indígenas y campesinos a otras latitudes, en donde la biopiratería genera sumas millonarias de dinero, sin retribuirle nada a quienes ostentan el saber, explicó. <br/><br/>
Este arbusto, típico de climas cálidos secos, fue colectado por el investigador en zonas como Girardot, Melgar y Agua de Dios. En estas zonas, además de ser usado como arbusto ornamental, se emplea en medicina popular, a través de una infusión de las flores con alcohol antiséptico, que, aplicada por fricción, ayuda al tratamiento de las molestias ocasionadas por dicha enfermedad.

"Al analizar en laboratorio muestras de flores y hojas encontré en estas las fracciones más activas (clorofórmicas) encargadas de la actividad antiinfamatoria", explica Germán Matiz. Con esas fracciones diseñó un fitomedicamento de uso tópico (externo) cuya estabilidad (actividad en el tiempo y seguridad en su uso) también fue comprobada.

Pero el estudio va más allá, pues en las mismas fracciones el químico farmacéutico encontró que el principal mecanismo de acción del popular clavellino está relacionado con la inhibición de la migración celular.

"Uno de los mecanismos de la producción de la inflamación tiene que ver con el desplazamiento de ciertas células del sistema inmune al lugar de la afección, donde sufren un fenómeno llamado desgranulación (el comienzo de la inflamación). Nuestros extractos inhiben esa migración y la desgranulación", asegura el profesional, cuyo trabajo es el resultado de su tesis doctoral.

Las mismas fracciones activas le permitieron aislar un compuesto puro, científicamente conocido como Betaglicopiranocil citosterol, responsable de la actividad antiinflamatoria de las hojas y flores.

Esta, además de ser una buena noticia para quienes padecen artritis reumatoidea, es el comienzo para dar una base científica al saber popular en nuestro país, tema al que se le ha restado importancia y que bien han sabido aprovechar biopiratas de las grandes multinacionales, dueños de las patentes de principios activos de un alto número de especies de la flora y fauna de nuestro territorio.

"La idea es llegar a tener compuestos patentados desde la academia, para evitar que se sigan llevando el saber popular de nuestros indígenas y campesinos a otras latitudes, en donde la biopiratería genera sumas millonarias de dinero, sin retribuirle nada a quienes ostentan el saber", explicó.

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