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El postgrado en la sociedad del conocimiento

      
Sin embargo, tan elemental y obvia observación del director general de la Asociación Universitaria Iberoamericana de Posgrado -AUIP-, Víctor Cruz Cardona, no siempre resulta fácil de conseguir, y no precisamente por falta de plata, que es la limitante que suele invocarse a la hora de los balances. <br/><br/> Culturalmente -señala, por el contrario, Cruz Cardona- creemos que hay que hacer bien las cosas, pero nos resistimos a que alguien nos diga que tenemos que hacerlo así, y lo que falta es que las universidades se comprometan con ofertas que tengan algún significado para el desarrollo cultural, político, social o económico del país, y que entiendan que hay que aprovechar al máximo los escasos recursos para gastarlos en la formación superior. <br/><br/> Por lo mismo, el directivo de la AUIP afirma que la calidad del postgrado -uno de los tópicos abordados en el Seminario Iberoamericano de Postgrado celebrado en octubre- se mide por muchos factores, entre los cuales está la alta formación de los profesores, sin la cual no son posibles las maestrías y doctorados, pero también, la existencia de grupos de investigación que alimenten curricular y científicamente estos programas, más la necesidad de que la oferta académica se armonice y se conecte con otras ofertas en el mundo, es decir, que el postgrado sea internacional. <br/><br/> En el mismo certamen, que reunió a expertos, rectores, docentes e investigadores universitarios de América Latina y España el 30 y 31 de octubre de 2006 alrededor, no sólo del aseguramiento de la calidad, sino también de la gestión y del impacto de los postgrados, el rector de la Universidad de Granada, España, David Aguilar Peña, expresó el reconocimiento por los procesos evaluativos del postgrado que se adelantan en Colombia, lo cual redunda en mejoras en la producción científica. <br/><br/> Realmente el esfuerzo de Colombia con procesos de calidad es un ejemplo para otros muchos países, incluido España, dice, y agrega que lo que aquí se ha hecho a la hora de evaluar y acreditar postgrados, y para coordinar e impulsar la investigación con los grupos de excelencia es ejemplar, y lo digo en un país donde tenemos una importante producción científica, altísimamente desarrollada en las últimas décadas, pero donde nos ha costado mucho trabajo poner en marcha una cultura de la evaluación, de la acreditación, de la crítica para con el conocimiento y las actividades de las universidades. <br/><br/> Aguilar Peña, quien además es presidente de la AUIP, manifestó que Europa tiene muchas cosas que aprender de Latinoamérica y en particular su país, España, en donde apenas se está implementando la maestría como segundo ciclo educativo reconocido de manera oficial por el Estado, y donde el tercer ciclo, el doctorado, se ofrece sin control de calidad. <br/><br/> Esta es una autocrítica que tenemos que hacer y que tenemos que cambiar. Ustedes han podido tener, no en todas partes, un menor desarrollo de los terceros ciclos y de los doctorados, quizás porque han ido paso a paso, pero han consolidado con mucha seriedad y con mucho rigor un segundo nivel de maestrías, del que nosotros tenemos que aprender por su seriedad, por su calidad, por su orientación también académico-científica, subraya, y complementa que, en ese sentido, el proceso de convergencia entre los distintos sistemas de postgrado son necesarios para poder homologar y facilitar el intercambio y la movilidad de los universitarios de aquí y de allá. <br/><br/> Nos tenemos que prestar experiencias y conocimiento para poder configurar ese sistema que de alguna manera nos permita trabajar junto con los programas compartidos o con las dobles titulaciones, dice. <br/><br/><b><br/>Investigación y postgrado</b><br/><br/> Respecto del vínculo estrecho que debe existir entre el postgrado y la investigación y cuyo fortalecimiento sin duda podría contribuir para que las universidades de los países iberoamericanos alcancen mejores posiciones en el ámbito académico mundial, Francisco Martos Perales, vicerrector de Postgrado y Formación Continua de la misma universidad, se mostró de acuerdo en que esa meta aún es distante. <br/><br/> No sólo Colombia, ni los demás países latinoamericanos están lejos del ranking de las mejores universidades del mundo, sino que entre las cien primeras tampoco se encuentra ninguna española y muy pocas universidades europeas. Realmente ese ranking lo que reconoce -algo que tenemos que reconocer en toda la comunidad universitaria- es el enorme esfuerzo que han hecho, sobre todo las universidades norteamericanas, en el desarrollo de la investigación, dice. <br/><br/> En esa dirección, manifiesta que la gran diferencia entre la comunidad iberoamericana y la anglosajona es el presupuesto dedicado a investigación, como en el caso de Estados Unidos que cuadriplica el porcentaje del PIB, en comparación con los países de Iberoamérica. <br/><br/> Quizá exceptuando México, Brasil y Argentina, en casi todos los países de América Latina hay un grave déficit de doctores, y es muy difícil que se pueda desarrollar la investigación si no tenemos doctores que la realicen en nuestras propias universidades y en las empresas públicas y privadas, dice, y sugiere como medidas concretas para remediar la situación incrementar la relación de doctores en el profesorado universitario e incentivar en el sistema universitario la realización de investigación, no sólo destinando recursos, sino mejorando el salario del docente. <br/><br/> Respecto de la formación en postgrado y el impacto que genera, Martos Perales considera que en Colombia el nivel es muy bueno, pero, señala, el único problema que le veo es que es demasiado elitista, es decir, tendría que abrirse a mayores sectores sociales y a lo mejor no es necesario hacer unos niveles tan altos de exigencia; se produce una paradoja y es que los niveles de exigencia en otros países más desarrollados resultan menores que los que tienen aquí en Colombia para la formación de magíster y de doctores, asegura. <br/><br/> Luis Felipe Abreu, coordinador de Postgrados de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, observa que las ciencias de la vida, muy ligadas al desarrollo de la medicina, han cobrado una relevancia como eje del conjunto de la ciencia moderna, en particular el surgimiento de la genómica, una ciencia interdisciplinaria que conjuga el supercómputo, las biomáticas, la robótica, los estudios sociales y los estudios de ética, y que no acaba de nacer y ya está entrando en crisis por la multicausalidad y la frontera de lo muy complejo. <br/><br/> De manera que las ciencias de la vida en estos momentos están generando el lenguaje de la ciencia en su conjunto y el estar a la vanguardia es imprescindible para América Latina, además es de mucho más bajo costo que insertarse en otras áreas del conocimiento, dice, y considera que en la región hay puntos de avanzada en cuanto al impacto y nexo entre el postgrado y la investigación, en tanto se ha generado un grupo de investigadores que se han ido insertando en los nuevos campos. <br/><br/> Sin embargo, anota que tales grupos son reducidos y se requiere apoyarlos, no sólo por ellos, sino porque halan el debate a las humanidades, a las ciencias sociales, a las ciencias físico matemáticas, y por tanto es central avanzar hacia la construcción de megaproyectos de investigación multidisciplinarios que rebasen las fronteras tradicionales, única manera -estima- de enfrentar la complejidad y de posicionarse en el mundo moderno. <br/><br/> Por otro lado, concuerda en que hace ya varios lustros se viene insistiendo en la necesidad de favorecer el intercambio y la movilidad de estudiantes y profesores, y sin embargo todavía no se constata que sea un proceso fluido como debería. <br/><br/> Cuando seguimos repitiendo lo mismo implica que el problema todavía no se ha resuelto y que seguimos incluso pensando de la misma manera. Lo que ha ocurrido en las universidades latinoamericanas es el surgimiento de pequeños proyectos de investigación manejados por un profesor, un técnico que lo auxilia y dos alumnos, cuando ahora lo que tenemos que hacer es crear megaproyectos de investigación con 18 o 20 investigadores confluyendo en un mismo problema, y esta es una tarea que aun no hemos logrado abordar de manera generalizada, señala, y asegura que estos grupos tienen que trascender las fronteras para ser exitosos. <br/><br/><b><br/>Problemas</b><br/><br/> Claudio Rama Vitale, ex director de Iesalc-Unesco y especialista en postgrado de Uruguay, advierte que los postgrados no están creciendo por ellos mismos, lo cual significa que, mientras que la matrícula de educación superior está creciendo porque las familias deciden estudiar y sacrifican rentas y tiempo, los programas de formación avanzada todavía presentan tasas de cobertura muy bajas, apenas del 3% respecto del total de estudiantes. <br/><br/> Y eso es básicamente porque los estados no están remunerando los estudios adicionales, dice, y recuerda cómo el estudio adelantado en Colombia sobre el mercado laboral muestra que el incremento salarial correspondiente a los estudios de maestría y doctorado no es significativo. Se trata, entonces -dice-, de analizar en qué medida los mercados laborales premian o incentivan la formación permanente. <br/><br/> El segundo problema que advierte es la enorme expansión y diferenciación disciplinaria. Son tantas las miles de disciplinas posibles, que hay una especie de saturación de la oferta de postgrado y no se tiene muy claro cuáles son los niveles de calidad, porque no se cuenta con equipos y pares tan desagregados para evaluarlos y no es posible establecer criterios homogéneos porque cada postgrado es distinto. <br/><br/> Y un tercer problema asociado con el anterior es la dificultad para establecer todos los postgrados en un país. Son tantas las diferencias y las especializaciones en la sociedad del conocimiento que un país no puede tener cien mil postgrados como hoy, cien mil disciplinas y especializaciones, lo que obliga a una división del trabajo, donde unos países se especializan en unos postgrados y otros en otros programas, lo cual parece ser la nueva tendencia asociada a la movilidad. <br/><br/> A propósito, Rama Vitale anota que los postgrados requieren movilidad para favorecer los procesos cognitivos, lo cual es muy costoso y no puede ser financiado sólo por los hogares, sino que los estados tienen que poner recursos. Y mientras que en muchos países el pregrado es gratuito, en toda América Latina se cobran los postgrados, las universidades están financiando los postgrados, y eso hace que obviamente éstos sean más elitistas. <br/><br/> Agrega que, si bien es cierto en América Latina la investigación está localizada principalmente en las universidades públicas, a diferencia de Europa que está localizada en las empresas, no se trata únicamente de que la investigación sea pertinente, termine en productos y en soluciones a problemas, sino que debe también articularse con las empresas. <br/><br/> No es sólo un problema de que la universidad investigue, sino que el conocimiento sea útil y termine en procesos posteriores, dice, y señala que ahí falta que se defina el problema de derechos de autor, de patentes y de incentivos. <br/><br/> No es posible sólo la creación del saber, sino su aplicación, plantea, y asegura que aunque la investigación en la universidad ha crecido, es todavía muy poca y no genera recursos para la misma universidad, ni la universidad está articulada. <br/><br/> Y al concluir que, para saber sí estamos en la sociedad del conocimiento hay que mirar el indicador de postgrado -donde se crea conocimiento-, plantea que es necesario superar el feudalismo que se advierte con sólo mirar los avisos de prensa, en donde todas las instituciones aparecen compitiendo, ofreciendo los mismos programas, y repensar el rol de la universidad pública, que bien podría ser de dos naturalezas: una centrada en la investigación y la otra preocupada por la equidad y la cobertura educativa. (LJLB)<br/><br/> 
Sin embargo, tan elemental y obvia observación del director general de la Asociación Universitaria Iberoamericana de Posgrado -AUIP-, Víctor Cruz Cardona, no siempre resulta fácil de conseguir, y no precisamente por falta de plata, que es la limitante que suele invocarse a la hora de los balances.

"Culturalmente -señala, por el contrario, Cruz Cardona- creemos que hay que hacer bien las cosas, pero nos resistimos a que alguien nos diga que tenemos que hacerlo así, y lo que falta es que las universidades se comprometan con ofertas que tengan algún significado para el desarrollo cultural, político, social o económico del país, y que entiendan que hay que aprovechar al máximo los escasos recursos para gastarlos en la formación superior".

Por lo mismo, el directivo de la AUIP afirma que la calidad del postgrado -uno de los tópicos abordados en el Seminario Iberoamericano de Postgrado celebrado en octubre- se mide por muchos factores, entre los cuales está la alta formación de los profesores, sin la cual no son posibles las maestrías y doctorados, pero también, la existencia de grupos de investigación que alimenten curricular y científicamente estos programas, más la necesidad de que la oferta académica se armonice y se conecte con otras ofertas en el mundo, es decir, que el postgrado sea internacional.

En el mismo certamen, que reunió a expertos, rectores, docentes e investigadores universitarios de América Latina y España el 30 y 31 de octubre de 2006 alrededor, no sólo del aseguramiento de la calidad, sino también de la gestión y del impacto de los postgrados, el rector de la Universidad de Granada, España, David Aguilar Peña, expresó el reconocimiento por los procesos evaluativos del postgrado que se adelantan en Colombia, lo cual redunda en mejoras en la producción científica.

"Realmente el esfuerzo de Colombia con procesos de calidad es un ejemplo para otros muchos países, incluido España", dice, y agrega que "lo que aquí se ha hecho a la hora de evaluar y acreditar postgrados, y para coordinar e impulsar la investigación con los grupos de excelencia es ejemplar, y lo digo en un país donde tenemos una importante producción científica, altísimamente desarrollada en las últimas décadas, pero donde nos ha costado mucho trabajo poner en marcha una cultura de la evaluación, de la acreditación, de la crítica para con el conocimiento y las actividades de las universidades".

Aguilar Peña, quien además es presidente de la AUIP, manifestó que Europa tiene muchas cosas que aprender de Latinoamérica y en particular su país, España, en donde apenas se está implementando la maestría como segundo ciclo educativo reconocido de manera oficial por el Estado, y donde el tercer ciclo, el doctorado, se ofrece sin control de calidad.

"Esta es una autocrítica que tenemos que hacer y que tenemos que cambiar. Ustedes han podido tener, no en todas partes, un menor desarrollo de los terceros ciclos y de los doctorados, quizás porque han ido paso a paso, pero han consolidado con mucha seriedad y con mucho rigor un segundo nivel de maestrías, del que nosotros tenemos que aprender por su seriedad, por su calidad, por su orientación también académico-científica", subraya, y complementa que, en ese sentido, el proceso de convergencia entre los distintos sistemas de postgrado son necesarios para poder homologar y facilitar el intercambio y la movilidad de los universitarios de aquí y de allá.

"Nos tenemos que prestar experiencias y conocimiento para poder configurar ese sistema que de alguna manera nos permita trabajar junto con los programas compartidos o con las dobles titulaciones", dice.


Investigación y postgrado


Respecto del vínculo estrecho que debe existir entre el postgrado y la investigación y cuyo fortalecimiento sin duda podría contribuir para que las universidades de los países iberoamericanos alcancen mejores posiciones en el ámbito académico mundial, Francisco Martos Perales, vicerrector de Postgrado y Formación Continua de la misma universidad, se mostró de acuerdo en que esa meta aún es distante.

"No sólo Colombia, ni los demás países latinoamericanos están lejos del ranking de las mejores universidades del mundo, sino que entre las cien primeras tampoco se encuentra ninguna española y muy pocas universidades europeas. Realmente ese ranking lo que reconoce -algo que tenemos que reconocer en toda la comunidad universitaria- es el enorme esfuerzo que han hecho, sobre todo las universidades norteamericanas, en el desarrollo de la investigación", dice.

En esa dirección, manifiesta que la gran diferencia entre la comunidad iberoamericana y la anglosajona es el presupuesto dedicado a investigación, como en el caso de Estados Unidos que cuadriplica el porcentaje del PIB, en comparación con los países de Iberoamérica.

"Quizá exceptuando México, Brasil y Argentina, en casi todos los países de América Latina hay un grave déficit de doctores, y es muy difícil que se pueda desarrollar la investigación si no tenemos doctores que la realicen en nuestras propias universidades y en las empresas públicas y privadas", dice, y sugiere como medidas concretas para remediar la situación incrementar la relación de doctores en el profesorado universitario e incentivar en el sistema universitario la realización de investigación, no sólo destinando recursos, sino mejorando el salario del docente.

Respecto de la formación en postgrado y el impacto que genera, Martos Perales considera que en Colombia el nivel es muy bueno, pero, señala, "el único problema que le veo es que es demasiado elitista, es decir, tendría que abrirse a mayores sectores sociales y a lo mejor no es necesario hacer unos niveles tan altos de exigencia; se produce una paradoja y es que los niveles de exigencia en otros países más desarrollados resultan menores que los que tienen aquí en Colombia para la formación de magíster y de doctores", asegura.

Luis Felipe Abreu, coordinador de Postgrados de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, observa que las ciencias de la vida, muy ligadas al desarrollo de la medicina, han cobrado una relevancia como eje del conjunto de la ciencia moderna, en particular el surgimiento de la genómica, una ciencia interdisciplinaria que conjuga el supercómputo, las biomáticas, la robótica, los estudios sociales y los estudios de ética, y que no acaba de nacer y ya está entrando en crisis por la multicausalidad y la frontera de lo muy complejo.

"De manera que las ciencias de la vida en estos momentos están generando el lenguaje de la ciencia en su conjunto y el estar a la vanguardia es imprescindible para América Latina, además es de mucho más bajo costo que insertarse en otras áreas del conocimiento", dice, y considera que en la región hay puntos de avanzada en cuanto al impacto y nexo entre el postgrado y la investigación, en tanto se ha generado un grupo de investigadores que se han ido insertando en los nuevos campos.

Sin embargo, anota que tales grupos son reducidos y se requiere apoyarlos, no sólo por ellos, sino porque halan el debate a las humanidades, a las ciencias sociales, a las ciencias físico matemáticas, y por tanto es central avanzar hacia la construcción de megaproyectos de investigación multidisciplinarios que rebasen las fronteras tradicionales, única manera -estima- de enfrentar la complejidad y de posicionarse en el mundo moderno.

Por otro lado, concuerda en que hace ya varios lustros se viene insistiendo en la necesidad de favorecer el intercambio y la movilidad de estudiantes y profesores, y sin embargo todavía no se constata que sea un proceso fluido como debería.

"Cuando seguimos repitiendo lo mismo implica que el problema todavía no se ha resuelto y que seguimos incluso pensando de la misma manera. Lo que ha ocurrido en las universidades latinoamericanas es el surgimiento de pequeños proyectos de investigación manejados por un profesor, un técnico que lo auxilia y dos alumnos, cuando ahora lo que tenemos que hacer es crear megaproyectos de investigación con 18 o 20 investigadores confluyendo en un mismo problema, y esta es una tarea que aun no hemos logrado abordar de manera generalizada", señala, y asegura que estos grupos tienen que trascender las fronteras para ser exitosos.


Problemas


Claudio Rama Vitale, ex director de Iesalc-Unesco y especialista en postgrado de Uruguay, advierte que los postgrados no están creciendo por ellos mismos, lo cual significa que, mientras que la matrícula de educación superior está creciendo porque las familias deciden estudiar y sacrifican rentas y tiempo, los programas de formación avanzada todavía presentan tasas de cobertura muy bajas, apenas del 3% respecto del total de estudiantes.

"Y eso es básicamente porque los estados no están remunerando los estudios adicionales", dice, y recuerda cómo el estudio adelantado en Colombia sobre el mercado laboral muestra que el incremento salarial correspondiente a los estudios de maestría y doctorado no es significativo. Se trata, entonces -dice-, de analizar en qué medida los mercados laborales premian o incentivan la formación permanente.

El segundo problema que advierte es la enorme expansión y diferenciación disciplinaria. "Son tantas las miles de disciplinas posibles, que hay una especie de saturación de la oferta de postgrado y no se tiene muy claro cuáles son los niveles de calidad, porque no se cuenta con equipos y pares tan desagregados para evaluarlos y no es posible establecer criterios homogéneos porque cada postgrado es distinto".

Y un tercer problema asociado con el anterior es la dificultad para establecer todos los postgrados en un país. "Son tantas las diferencias y las especializaciones en la sociedad del conocimiento que un país no puede tener cien mil postgrados como hoy, cien mil disciplinas y especializaciones, lo que obliga a una división del trabajo, donde unos países se especializan en unos postgrados y otros en otros programas, lo cual parece ser la nueva tendencia asociada a la movilidad".

A propósito, Rama Vitale anota que los postgrados requieren movilidad para favorecer los procesos cognitivos, lo cual es muy costoso y no puede ser financiado sólo por los hogares, sino que los estados tienen que poner recursos. "Y mientras que en muchos países el pregrado es gratuito, en toda América Latina se cobran los postgrados, las universidades están financiando los postgrados, y eso hace que obviamente éstos sean más elitistas".

Agrega que, si bien es cierto en América Latina la investigación está localizada principalmente en las universidades públicas, a diferencia de Europa que está localizada en las empresas, no se trata únicamente de que la investigación sea pertinente, termine en productos y en soluciones a problemas, sino que debe también articularse con las empresas.

"No es sólo un problema de que la universidad investigue, sino que el conocimiento sea útil y termine en procesos posteriores", dice, y señala que ahí falta que se defina el problema de derechos de autor, de patentes y de incentivos.

"No es posible sólo la creación del saber, sino su aplicación", plantea, y asegura que aunque la investigación en la universidad ha crecido, es todavía muy poca y no genera recursos para la misma universidad, ni la universidad está articulada.

Y al concluir que, para saber sí estamos en la sociedad del conocimiento hay que mirar el indicador de postgrado -donde se crea conocimiento-, plantea que es necesario superar el feudalismo que se advierte con sólo mirar los avisos de prensa, en donde todas las instituciones aparecen compitiendo, ofreciendo los mismos programas, y repensar el rol de la universidad pública, que bien podría ser de dos naturalezas: una centrada en la investigación y la otra preocupada por la equidad y la cobertura educativa. (LJLB)

 
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