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Violencia en pantalla: ¿Un juego de niños?

      
Los resultados evidenciaron que el 89.3 % de los menores sufrieron algún tipo de manifestación emocional después de haber visto una película infantil con contenidos violentos o una película de aventuras con dramas conflictivos. <br/><br/> La mayoría de estudios realizados con anterioridad se han enfocado en el impacto de la violencia televisiva en la conducta de los niños a largo plazo, evaluando períodos de cinco a diez años. El propósito de esta investigación titulada Influencia de la televisión violenta en niños de una escuela pública de Bogotá, fue estudiar la posibilidad de un impacto inmediato en 125 niños . <br/><br/> Para alcanzar este fin, el estudio buscó establecer las actitudes de los menores, identificar respuestas agresivas en su conducta y encontrar el grado de identificación con figuras violentas de la ficción. De manera adicional, se realizó un acercamiento a aspectos de la vida de los niños que podrían estar relacionados con conductas agresivas y violencia intrafamiliar. <br/><br/> Sin embargo, los investigadores aclararon que la televisión es sólo uno de los factores que influyen en el desarrollo del menor, por lo tanto, el entorno también es determinante. El médico Rodrigo González, miembro del equipo de investigación señaló que cuando hay violencia en televisión los cambios en las conductas de los niños pueden ser perjudiciales y, más aún, si hay un contexto que favorece tal situación. <br/><br/> De acuerdo con la psiquiatra Isabel Pérez-Olmos, para establecer cómo el niño afronta situaciones relacionadas con actos violentos en su vida diaria, los investigadores aplicaron una encuesta que consistía en diez preguntas con figuras ilustradas. Como resultado se encontró que el 39,8 % de los niños informaban estar expuestos en forma cotidiana a algún tipo de violencia intrafamiliar, el 23,6 % eran propensos a reaccionar de forma violenta frente a la agresión y el 19,5 % se identificó a sí mismo con figuras violentas. <br/><br/> La otra prueba que se aplicó es el dibujo de familia, que los niños debían realizarlo inmediatamente después de ver una película violenta. Quince días después, se aplicaron las mismas pruebas, pero esta vez, después de observar una película no violenta. Esto para evaluar el impacto generado después de cada proyección. <br/><br/> Los investigadores constataron que algunas características de los dibujos en los dos casos eran diferentes. En el primer dibujo, 23,1% de los niños mostró rasgos de agresividad; mientras que en el segundo sólo el 9,1% de los niños lo hizo. Junto a este aspecto también se valoraron la presencia y ausencia del dibujante o de algún miembro de la familia, y otros signos emocionales. <br/><br/> Estos resultados fueron relacionados con el impacto inmediato de cada película y mediante una técnica estadística llamada Prueba de <i>Mc Nemar</i>, los investigadores confirmaron que los cambios eran estadísticamente significativos. Es decir, que los porcentajes encontrados luego de la película violenta eran relevantes para mostrar su impacto, ya que siempre fueron superiores a los del dibujo realizado posterior a la película no violenta. <br/><br/> La encuesta también evidenció, por ejemplo, que el doble de las veces los menores se identificaron con un personaje agresivo después de observar la película violenta. El niño identificado con los personajes y héroes agresivos, deja de percibirse a sí mismo o se evade de su autopercepción en la realidad de su entorno inmediato, indica el informe de la investigación, publicado en marzo del año pasado en la revista de Salud Pública de la Universidad Nacional de Colombia, volumen 7, número 1. <br/><br/> Según Pérez-Olmos, un entorno social predispone al niño a ciertas conductas, pero de la misma forma una exposición a programas de televisión con contenido violento, genera un impacto que se traduce en actitudes agresivas con su entorno, ya sea hacia su familia o compañeros de clase.<br/><br/><b><br/>Otras experiencias </b><br/><br/> Los programas emitidos en televisión y su relación con el público infantil han sido abordados desde distintas disciplinas por la academia colombiana. Maritza López de la Roche, investigadora de la Universidad del Valle, realizó el documento Compromiso Nacional Televisión e Infancia, donde se hace un sondeo alrededor de 27 investigaciones realizadas en Colombia entre 1998 y el 2005, sobre la relación televisión, infancia y adolescencia. <br/><br/> La autora clasificó los problemas de investigación estudiados en ocho temáticas, entre ellas, el análisis de programas específicos, la recepción de la televisión por grupos sociales específicos y la relación entre televisión y educación. <br/><br/> La autora considera vital la reflexión en torno a estos aspectos y propone que, lo más importante en el futuro inmediato consiste en tender puentes entre la investigación y los otros frentes de trabajo: producción y programación, políticas públicas, y participación ciudadana. Los debates conceptuales y los hallazgos de las investigaciones deben difundirse de diferentes formas y utilizando una variedad de medios, y deben incorporarse a las decisiones e iniciativas de los canales, las entidades gubernamentales y no gubernamentales, la familia y el sistema escolar. <br/><br/> La investigadora, en otro de sus textos titulado Los niños como audiencia, indica que la televisión por sí sola no garantiza el aprendizaje. Hacen falta las intervenciones o mediaciones de la familia y de otros agentes educativos (profesores, compañeros de juego, organización comunitaria, asociación religiosa, etc).<br/><br/>Por otro lado, el investigador Rodrigo González concluyó: Debe haber un control de los padres en cuanto al tipo de programas y tiempo de exposición, guiarlos frente a lo que están viendo y limitar el número de horas, ya que no es saludable que un niño esté solo viendo televisión desde que llega del colegio hasta la noche. Aunque no todo lo emitido es negativo, esto depende del tipo de programación y de la forma como los padres la orienten.<br/><br/><br/><br/>
Los resultados evidenciaron que el 89.3 % de los menores sufrieron algún tipo de manifestación emocional después de haber visto una película infantil con contenidos violentos o una película de aventuras con dramas conflictivos.

La mayoría de estudios realizados con anterioridad se han enfocado en el impacto de la violencia televisiva en la conducta de los niños a largo plazo, evaluando períodos de cinco a diez años. El propósito de esta investigación titulada "Influencia de la televisión violenta en niños de una escuela pública de Bogotá", fue estudiar la posibilidad de un impacto inmediato en 125 niños .

Para alcanzar este fin, el estudio buscó establecer las actitudes de los menores, identificar respuestas agresivas en su conducta y encontrar el grado de identificación con figuras violentas de la ficción. De manera adicional, se realizó un acercamiento a aspectos de la vida de los niños que podrían estar relacionados con conductas agresivas y violencia intrafamiliar.

Sin embargo, los investigadores aclararon que la televisión es sólo uno de los factores que influyen en el desarrollo del menor, por lo tanto, el entorno también es determinante. El médico Rodrigo González, miembro del equipo de investigación señaló que "cuando hay violencia en televisión los cambios en las conductas de los niños pueden ser perjudiciales y, más aún, si hay un contexto que favorece tal situación".

De acuerdo con la psiquiatra Isabel Pérez-Olmos, para establecer cómo el niño afronta situaciones relacionadas con actos violentos en su vida diaria, los investigadores aplicaron una encuesta que consistía en diez preguntas con figuras ilustradas. Como resultado se encontró que el 39,8 % de los niños informaban estar expuestos en forma cotidiana a algún tipo de violencia intrafamiliar, el 23,6 % eran propensos a reaccionar de forma violenta frente a la agresión y el 19,5 % se identificó a sí mismo con figuras violentas.

La otra prueba que se aplicó es el "dibujo de familia", que los niños debían realizarlo inmediatamente después de ver una película violenta. Quince días después, se aplicaron las mismas pruebas, pero esta vez, después de observar una película no violenta. Esto para evaluar el impacto generado después de cada proyección.

Los investigadores constataron que algunas características de los dibujos en los dos casos eran diferentes. En el primer dibujo, 23,1% de los niños mostró rasgos de agresividad; mientras que en el segundo sólo el 9,1% de los niños lo hizo. Junto a este aspecto también se valoraron la presencia y ausencia del dibujante o de algún miembro de la familia, y otros signos emocionales.

Estos resultados fueron relacionados con el impacto inmediato de cada película y mediante una técnica estadística llamada Prueba de Mc Nemar, los investigadores confirmaron que los cambios eran estadísticamente significativos. Es decir, que los porcentajes encontrados luego de la película violenta eran relevantes para mostrar su impacto, ya que siempre fueron superiores a los del dibujo realizado posterior a la película no violenta.

La encuesta también evidenció, por ejemplo, que el doble de las veces los menores se identificaron con un personaje agresivo después de observar la película violenta. "El niño identificado con los personajes y héroes agresivos, deja de percibirse a sí mismo o se evade de su autopercepción en la realidad de su entorno inmediato", indica el informe de la investigación, publicado en marzo del año pasado en la revista de Salud Pública de la Universidad Nacional de Colombia, volumen 7, número 1.

Según Pérez-Olmos, un entorno social predispone al niño a ciertas conductas, pero de la misma forma una exposición a programas de televisión con contenido violento, genera un impacto que se traduce en actitudes agresivas con su entorno, ya sea hacia su familia o compañeros de clase.


Otras experiencias


Los programas emitidos en televisión y su relación con el público infantil han sido abordados desde distintas disciplinas por la academia colombiana. Maritza López de la Roche, investigadora de la Universidad del Valle, realizó el documento "Compromiso Nacional Televisión e Infancia", donde se hace un sondeo alrededor de 27 investigaciones realizadas en Colombia entre 1998 y el 2005, sobre la relación televisión, infancia y adolescencia.

La autora clasificó los problemas de investigación estudiados en ocho temáticas, entre ellas, el análisis de programas específicos, la recepción de la televisión por grupos sociales específicos y la relación entre televisión y educación.

La autora considera vital la reflexión en torno a estos aspectos y propone que, "lo más importante en el futuro inmediato consiste en tender puentes entre la investigación y los otros frentes de trabajo: producción y programación, políticas públicas, y participación ciudadana. Los debates conceptuales y los hallazgos de las investigaciones deben difundirse de diferentes formas y utilizando una variedad de medios, y deben incorporarse a las decisiones e iniciativas de los canales, las entidades gubernamentales y no gubernamentales, la familia y el sistema escolar".

La investigadora, en otro de sus textos titulado "Los niños como audiencia", indica que "la televisión por sí sola no garantiza el aprendizaje. Hacen falta las intervenciones o "mediaciones" de la familia y de otros agentes educativos (profesores, compañeros de juego, organización comunitaria, asociación religiosa, etc)".

Por otro lado, el investigador Rodrigo González concluyó: "Debe haber un control de los padres en cuanto al tipo de programas y tiempo de exposición, guiarlos frente a lo que están viendo y limitar el número de horas, ya que no es saludable que un niño esté solo viendo televisión desde que llega del colegio hasta la noche. Aunque no todo lo emitido es negativo, esto depende del tipo de programación y de la forma como los padres la orienten".



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