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Hambre e inequidad en América Latina

      
La desalentadora afirmación es producto de un seguimiento a las políticas públicas de alimentación a lo largo del hemisferio, que ha encontrado explicación a sus deficientes resultados en la profunda inequidad. Latinoamérica está catalogado por ser el más inequitativo de todos los continentes. La distancia entre los sectores muy ricos y los más pobres es la mayor que encontramos en el mundo, anunció el médico brasileño. <br/><br/> Tal panorama es encabezado por Colombia y Brasil, donde la distribución de la riqueza exhibe en ellos ejemplos dramáticos. En mi país, el 64% de la riqueza está distribuida entre el 10% de la población más rica, señala De Negri Filho. Un cuadro un poco más severo en Colombia, en cambio, implica que el 12% de los niños menores de cinco años padece desnutrición crónica, según datos del último informe del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. <br/><br/> Los datos fueron presentados por el asesor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) en su ponencia <i>La equidad frente a la seguridad alimentaria y nutriciona</i> con ocasión del primer año de existencia del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan), liderado por el Departamento de Nutrición de la Universidad Nacional y acompañado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la Universidad Javeriana y la Secretaría de Salud de Bogotá. <br/><br/> El seguimiento a distintos programas los ha llevado a concluir, además, un problema común a los países de América Latina: al tener un enfoque focalizado, estos programas tienen una cobertura bastante parcial hacia los más frágiles, dejando por fuera poblaciones que tienen inseguridad alimentaria moderada, pero no importante. Eso hace que nuestros indicadores de mejoramiento sean persistentemente malos, dijo De Negri.<br/><br/> Por su parte, otro estudio mostró cómo, aún facilitando el acceso al alimento, su calidad ha causado grandes estragos en la salud de los beneficiarios de tales programas. El rastreo, durante 30 años, de estos programas en varios gobiernos latinoamericanos evidenció el exceso de aportes calóricos de las dietas que se reparten, con serias consecuencias en la salud. Las poblaciones expuestas a tales ayudas tuvieron bajo peso al nacer, en la adolescencia eran obesos y en la primera juventud ya presentaron problemas crónicos (deficiencia cardiovascular, diabetes, etc.). <br/><br/> Estas reflexiones serán retomadas por el Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional para evaluar los diferentes programas que adelantan el gobierno nacional y las administraciones municipales, para proponer políticas más universales, que permitan reducir los índices de hambre en Colombia.<br/><br/><br/>
La desalentadora afirmación es producto de un seguimiento a las políticas públicas de alimentación a lo largo del hemisferio, que ha encontrado explicación a sus deficientes resultados en la profunda inequidad. "Latinoamérica está catalogado por ser el más inequitativo de todos los continentes. La distancia entre los sectores muy ricos y los más pobres es la mayor que encontramos en el mundo", anunció el médico brasileño.

Tal panorama es encabezado por Colombia y Brasil, donde la distribución de la riqueza exhibe en ellos ejemplos dramáticos. "En mi país, el 64% de la riqueza está distribuida entre el 10% de la población más rica", señala De Negri Filho. Un cuadro un poco más severo en Colombia, en cambio, implica que el 12% de los niños menores de cinco años padece desnutrición crónica, según datos del último informe del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Los datos fueron presentados por el asesor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) en su ponencia La equidad frente a la seguridad alimentaria y nutriciona con ocasión del primer año de existencia del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan), liderado por el Departamento de Nutrición de la Universidad Nacional y acompañado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, la Universidad Javeriana y la Secretaría de Salud de Bogotá.

El seguimiento a distintos programas los ha llevado a concluir, además, un problema común a los países de América Latina: al tener un enfoque focalizado, estos programas tienen una cobertura bastante parcial hacia los más frágiles, dejando por fuera poblaciones que tienen inseguridad alimentaria moderada, pero no importante. "Eso hace que nuestros indicadores de mejoramiento sean persistentemente malos", dijo De Negri.

Por su parte, otro estudio mostró cómo, aún facilitando el acceso al alimento, su calidad ha causado grandes estragos en la salud de los beneficiarios de tales programas. El rastreo, durante 30 años, de estos programas en varios gobiernos latinoamericanos evidenció el exceso de aportes calóricos de las dietas que se reparten, con serias consecuencias en la salud. Las poblaciones expuestas a tales "ayudas" tuvieron bajo peso al nacer, en la adolescencia eran obesos y en la primera juventud ya presentaron problemas crónicos (deficiencia cardiovascular, diabetes, etc.).

Estas reflexiones serán retomadas por el Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional para evaluar los diferentes programas que adelantan el gobierno nacional y las administraciones municipales, para proponer políticas más universales, que permitan reducir los índices de hambre en Colombia.


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