text.compare.title

text.compare.empty.header

Noticias

Trazos de libertad

      
Uno de los primeros recuerdos que Mauricio Zequeda tiene de la relación del cuerpo con la libertad, tema transversal de su trabajo, es un ejercicio plástico de exploración que efectuó en el campus de la Universidad Nacional a comienzos de su carrera, en la década del 90. <br/><br/> En aquella época atravesaba por dificultades afectivas y aprovechó el arte como vehículo para hacer catarsis. Se desnudó y ató su cuerpo a un árbol, con el que se fusionó durante varios minutos, mientras hacía movimientos que denotaban erotismo. Los caminantes de la Ciudad Universitaria lo observaban atónitos. Segundos después se desprendió de las cintas que lo fijaban al tronco y comenzó a correr en círculos mientras gritaba por fin libre. <br/><br/> Aquel performance (arte en vivo) fue el comienzo de una indagación inacabada que lo ha llevado a utilizar el espacio natural o el arquitectónico para hacer propuestas murales como camuflarse entre los afiches sobrepuestos de la pared exterior de la cafetería Güimpi de la Universidad Nacional; vestir con camisas blancas y linóleos alusivos a los desplazados las columnas de la plazoleta La Perola; o llenar de vida y personajes las paredes de los bares de sus amigos, en donde aprendió a conjugar la pintura con accidentes como las tomas de corriente, las puertas y las ventanas. Estos últimos son lugares que frecuenta a pesar de que no bebe ni fuma, pero baila. <br/><br/> Este año se presentó por tercera vez al Premio Fernando Botero. Su obra Algo más que un rincón obtuvo el primer lugar entre las 249 inscritas por 173 artistas de diversos lugares del país. En ella Zequeda unió el carbón y el acrílico sobre tela, para crear una atmósfera sombría en la que el espectador tiene que tomarse el trabajo de investigar para descubrir los pies de un caminante y un piso que invita a recorrer el espacio, a ponerse el zapato que hace falta o a armar el dibujo roto. La propuesta es complementada por un conjunto de morrales fantasma, listos para el viaje que el artista emprenderá entre Bogotá y cualquier otra zona del país o del mundo. <br/><br/> Ahora se encuentra en una tierra de colores puros, que le recuerda el Macondo del Nóbel de Literatura Gabriel García Márquez. Como profesor de figura humana en la Universidad Popular del Cesar ha aprendido a recibir con agrado la crítica fuerte del artista costeño: a su obra le falta el verde esperanza, al tiempo que medita sobre quién es, para dónde va su obra y qué relación espera tener con el espectador. Deseo que no me pueda más la emoción que la técnica y eso lo estoy logrando en estas tierras holgadas de tiempo y soledad. <br/><br/> Aún no sabe qué hacer con los 100 millones de pesos que le serán entregados el 19 de abril en el antiguo claustro de La Enseñanza, en Bogotá. Lo más seguro es que los emplee para montar su taller y comprar bastidores y lienzos de gran formato, la tendencia de sus últimas creaciones. No obstante, no descarta la posibilidad de viajar a Europa para entender por qué mucha de la producción artística de ese continente fue catalogada como obra maestra y patrimonio de la humanidad. <br/><br/> Lo cierto es que ahora Mauricio -artista desde los dos años, según su hermano Oscar- siente que sobre él recae una gran responsabilidad con su familia, la sociedad y sobre todo con el maestro Fernando Botero, quien donó el premio. Lo admiro porque ha logrado hacer lo mejor de su obra en vida y en ella refleja un profundo amor por su patria, que expresa a través de una caricatura rica y aguda. <br/><br/> Universia los invita a viajar por un fragmento de la obra plástica de Mauricio Zequeda, Premio Fernando Botero 2007. <br/><br/><br/><br/>Pese a que el mercado le ofrece una amplia gama de tecnologías que podría aplicar a su propuesta artística, este bogotano de 33 años prefiere reivindicar lo artesanal y emplea como única herramienta sus manos: es dibujante puro. La mano sabe mucho más de ti, del pasado, del presente y del futuro, señala. <br/><br/> Y precisamente, porque sabe de él, es la apropiada para darle vida a su otro yo, una rara viñeta que suele combinarse con los demás elementos de sus creaciones sobre papel, acrílico transparente, lienzo, tela, madera o pared. Mauricio Zequeda se dibuja en cada una de sus obras a manera de impronta. <br/><br/>Tal como lo evidencia Algo más que un rincón, la obra de este artista se compone de fragmentos, muchos de los cuales son copiados de bocetos, fotografías, láminas de anatomía que llaman su atención o simples texturas, como las arrugas de un morral que aparecía una y otra vez en su taller de Valledupar, hasta que decidió hacerlo obra en el dibujo premiado. <br/><br/>En una especie de eclecticismo artístico, Mauricio se ha arriesgado a conjugar la técnica del dibujo con la pintura, empleando materiales tan disímiles como piedras, cabello humano o tierra, para lograr el efecto de la luz, de la perspectiva o la forma del cuerpo. Esos recursos también ayudan a darle un sentido más orgánico a los trabajos. <br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/>La casa de Mauricio Zequeda está adornada de arte de principio a fin. Muchas de las obras son de su autoría, otras de su hermano Oscar, con el que comparte el gusto por la exploración; la inspiración viene de su madre, Margarita, que le infunde el amor por la belleza (tiene un salón de estética), y el ingrediente literario lo pone el padre, Pedro, quien desde que el artista ganador era un niño le ha transmitido el amor por los libros a través de la tertulia sabatina que dirige. <br/><br/>Pese a lo prolífico de su producción, mucho de ella ha desaparecido debido al tipo de trabajo que Zequeda escoge realizar preferiblemente: arte efímero. Pintar sobre la pared o el suelo tiene sus desventajas, pero también es grato porque cada vez que una obra es borrada surge la necesidad de replantearse, comenta. <br/><br/> En septiembre de 2006 el artista plasmó su talento en las paredes de la galería de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, en Barranquilla, no obstante, estas debían desaparecer para darle espacio a más artistas tiempo después. Los otros pintores decían que no querían dañar la obra y preferían montar lo suyo en los espacios en blanco. <br/><br/><br/> Algo más que un rincón y las otras obras de Mauricio pueden clasificarse como un punto medio entre lo figurativo y lo abstracto, que surge a partir de un ejercicio introspectivo. Lo figurativo puedes observarlo en los elementos que tienen una imagen clara, como los pies del caminante, lo abstracto está en el juego de luces, la mancha, el punto, el movimiento y la tensión que genera el blanco y el negro.<br/><br/> <br/><br/><br/><br/> El viaje emprendido hacia tierras más calidas para encontrar su razón de ser como artista fue el asunto que le dio vida a la obra premiada. Algo que Pascal Bonafoux, uno de los jurados del Premio Fernando Botero, definió como un gran enigma en el mundo interno de su obra, plasmado en la intensidad de la pintura y la maestría del manejo plástico y técnico". <br/><br/> Años atrás, en otros cuadros ese mundo interno llevó a que lo compararan con Giorgio de Chirico, un pintor metafísico italiano del siglo XX, que realizó una pintura personal inspirada en visiones oníricas. Incluso, en sus clases de dibujo y grabado lo calificaron como similar a Goya, por el tema de las pesadillas, y a Rembrandt por el manejo del claroscuro. Él, entre tanto, dice que comparte con Ritcher, Caballero y Oscar Muñoz la libertad y la ausencia de fórmulas, que los hacen no repetirse. Quiero que los espectadores lleguen a mis exposiciones y piensen que las obras son producto de artistas muy diferentes, pero con algo en común. <br/><br/>Mauricio Zequeda aclara que nunca estuvo preparado para ganar el premio donado por el maestro Fernando Botero, sin embargo, cuando no eres alguien de mucho renombre haces cosas más sinceras, das mucho más de ti mismo y eso hace que pasen cosas extrañas. Por ahora, lo único que tiene claro es que más que 100 millones de pesos se ganó la responsabilidad de mantenerse, de sustentar su trabajo y de retribuir la confianza de los jurados con mucho trabajo, suerte, disciplina y bastante talento. <br/><br/><br/><br/>
Uno de los primeros recuerdos que Mauricio Zequeda tiene de la relación del cuerpo con la libertad, tema transversal de su trabajo, es un ejercicio plástico de exploración que efectuó en el campus de la Universidad Nacional a comienzos de su carrera, en la década del 90.

En aquella época atravesaba por dificultades afectivas y aprovechó el arte como vehículo para hacer catarsis. Se desnudó y ató su cuerpo a un árbol, con el que se fusionó durante varios minutos, mientras hacía movimientos que denotaban erotismo. Los caminantes de la Ciudad Universitaria lo observaban atónitos. Segundos después se desprendió de las cintas que lo fijaban al tronco y comenzó a correr en círculos mientras gritaba "por fin libre".

Aquel performance (arte en vivo) fue el comienzo de una indagación inacabada que lo ha llevado a utilizar el espacio natural o el arquitectónico para hacer propuestas murales como camuflarse entre los afiches sobrepuestos de la pared exterior de la cafetería Güimpi de la Universidad Nacional; vestir con camisas blancas y linóleos alusivos a los desplazados las columnas de la plazoleta La Perola; o llenar de vida y personajes las paredes de los bares de sus amigos, en donde aprendió a conjugar la pintura con accidentes como las tomas de corriente, las puertas y las ventanas. Estos últimos son lugares que frecuenta a pesar de que no bebe ni fuma, pero baila.

Este año se presentó por tercera vez al Premio Fernando Botero. Su obra "Algo más que un rincón" obtuvo el primer lugar entre las 249 inscritas por 173 artistas de diversos lugares del país. En ella Zequeda unió el carbón y el acrílico sobre tela, para crear una atmósfera sombría en la que el espectador tiene que tomarse el trabajo de investigar para descubrir los pies de un caminante y un piso que invita a recorrer el espacio, a ponerse el zapato que hace falta o a armar el dibujo roto. La propuesta es complementada por un conjunto de morrales fantasma, "listos para el viaje" que el artista emprenderá entre Bogotá y cualquier otra zona del país o del mundo.

Ahora se encuentra en "una tierra de colores puros", que le recuerda el Macondo del Nóbel de Literatura Gabriel García Márquez. Como profesor de figura humana en la Universidad Popular del Cesar ha aprendido a recibir con agrado la crítica fuerte del artista costeño: "a su obra le falta el verde esperanza", al tiempo que medita sobre quién es, para dónde va su obra y qué relación espera tener con el espectador. "Deseo que no me pueda más la emoción que la técnica y eso lo estoy logrando en estas tierras holgadas de tiempo y soledad".

Aún no sabe qué hacer con los 100 millones de pesos que le serán entregados el 19 de abril en el antiguo claustro de La Enseñanza, en Bogotá. Lo más seguro es que los emplee para montar su taller y comprar bastidores y lienzos de gran formato, la tendencia de sus últimas creaciones. No obstante, no descarta la posibilidad de viajar a Europa "para entender por qué mucha de la producción artística de ese continente fue catalogada como obra maestra y patrimonio de la humanidad".

Lo cierto es que ahora Mauricio -"artista desde los dos años", según su hermano Oscar- siente que sobre él recae una gran responsabilidad con su familia, la sociedad y sobre todo con el maestro Fernando Botero, quien donó el premio. "Lo admiro porque ha logrado hacer lo mejor de su obra en vida y en ella refleja un profundo amor por su patria, que expresa a través de una caricatura rica y aguda".

Universia los invita a viajar por un fragmento de la obra plástica de Mauricio Zequeda, Premio Fernando Botero 2007.



Pese a que el mercado le ofrece una amplia gama de tecnologías que podría aplicar a su propuesta artística, este bogotano de 33 años prefiere reivindicar lo artesanal y emplea como única herramienta sus manos: es dibujante puro. "La mano sabe mucho más de ti, del pasado, del presente y del futuro", señala.

Y precisamente, porque sabe de él, es la apropiada para darle vida a su otro yo, una rara viñeta que suele combinarse con los demás elementos de sus creaciones sobre papel, acrílico transparente, lienzo, tela, madera o pared. Mauricio Zequeda se dibuja en cada una de sus obras a manera de impronta.

Tal como lo evidencia "Algo más que un rincón", la obra de este artista se compone de fragmentos, muchos de los cuales son copiados de bocetos, fotografías, láminas de anatomía que llaman su atención o simples texturas, como las arrugas de un morral que aparecía una y otra vez en su taller de Valledupar, hasta que decidió hacerlo obra en el dibujo premiado.

En una especie de eclecticismo artístico, Mauricio se ha arriesgado a conjugar la técnica del dibujo con la pintura, empleando materiales tan disímiles como piedras, cabello humano o tierra, para lograr el efecto de la luz, de la perspectiva o la forma del cuerpo. "Esos recursos también ayudan a darle un sentido más orgánico a los trabajos".






La casa de Mauricio Zequeda está adornada de arte de principio a fin. Muchas de las obras son de su autoría, otras de su hermano Oscar, con el que comparte el gusto por la exploración; la inspiración viene de su madre, Margarita, que le infunde el amor por la belleza (tiene un salón de estética), y el ingrediente literario lo pone el padre, Pedro, quien desde que el artista ganador era un niño le ha transmitido el amor por los libros a través de la tertulia sabatina que dirige.

Pese a lo prolífico de su producción, mucho de ella ha desaparecido debido al tipo de trabajo que Zequeda escoge realizar "preferiblemente": arte efímero. "Pintar sobre la pared o el suelo tiene sus desventajas, pero también es grato porque cada vez que una obra es borrada surge la necesidad de replantearse", comenta.

En septiembre de 2006 el artista plasmó su talento en las paredes de la galería de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, en Barranquilla, no obstante, estas debían desaparecer para darle espacio a más artistas tiempo después. "Los otros pintores decían que no querían dañar la obra y preferían montar lo suyo en los espacios en blanco".


"Algo más que un rincón" y las otras obras de Mauricio pueden clasificarse como un punto medio entre lo figurativo y lo abstracto, que surge a partir de un ejercicio introspectivo. "Lo figurativo puedes observarlo en los elementos que tienen una imagen clara, como los pies del caminante, lo abstracto está en el juego de luces, la mancha, el punto, el movimiento y la tensión que genera el blanco y el negro".

 



El viaje emprendido hacia tierras más calidas para encontrar su razón de ser como artista fue el asunto que le dio vida a la obra premiada. Algo que Pascal Bonafoux, uno de los jurados del Premio Fernando Botero, definió como "un gran enigma en el mundo interno de su obra, plasmado en la intensidad de la pintura y la maestría del manejo plástico y técnico".

Años atrás, en otros cuadros ese mundo interno llevó a que lo compararan con Giorgio de Chirico, un pintor metafísico italiano del siglo XX, que realizó una pintura personal inspirada en visiones oníricas. Incluso, en sus clases de dibujo y grabado lo calificaron como similar a Goya, por el tema de las pesadillas, y a Rembrandt por el manejo del claroscuro. Él, entre tanto, dice que comparte con Ritcher, Caballero y Oscar Muñoz la libertad y la ausencia de fórmulas, que los hacen no repetirse. "Quiero que los espectadores lleguen a mis exposiciones y piensen que las obras son producto de artistas muy diferentes, pero con algo en común".

Mauricio Zequeda aclara que nunca estuvo preparado para ganar el premio donado por el maestro Fernando Botero, "sin embargo, cuando no eres alguien de mucho renombre haces cosas más sinceras, das mucho más de ti mismo y eso hace que pasen cosas extrañas". Por ahora, lo único que tiene claro es que más que 100 millones de pesos se ganó la responsabilidad de mantenerse, de sustentar su trabajo y de retribuir la confianza de los jurados "con mucho trabajo, suerte, disciplina y bastante talento".



  • Fuente:

Tags:

Aviso de cookies: Usamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, para análisis estadístico y para mostrarle publicidad. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso en los términos establecidos en la Política de cookies.