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El legado de Jean Baudrillard

      
Nacido en Reims, Francia, en 1929, en el seno de una familia modesta. Estudió filología germánica en La Sorbona de París y ejerció como profesor de alemán en un instituto de enseñanzas medias (1958-1966). En 1966 leyó su tesis doctoral ('Le sistème des objets') bajo la dirección de Henry Lefebvre, e inició su actividad docente en la Universidad París X, en Nanterre, donde tuvo un papel activo en los sucesos de mayo del 68. Director científico del IRIS (Recherche sur l'Innovation Sociale) de la Universidad París-IX Daphine (1986-1990). En 2001 fue contratado por la European Graduate School de Saas-Fee, Suiza, como profesor de filosofía de la cultura y de los medios en los seminarios intensivos de verano.<br/><br/> Baudrillard, uno de los fundadores de la revista Utopie y próximo a Roland Barthes, publicó medio centenar de obras, entre ellas Le système des objets (1968), La société de consommation (1970), Simulacres et simulation (1981), La guerre du Golfe n´a pas eu lieu (1991) o Amérique (1997).<br/><br/> Germanista de formación y traductor de Bertold Brecht, Baudrillard refutó el pensamiento científico tradicional y basó su filosofía en el concepto de virtualidad del mundo aparente.<br/><br/> Teórico crítico posestructuralista y uno de los más prestigiosos y polémicos analistas de los fenómenos de la posmodernidad. En su pensamiento sobre la formación del conocimiento y la percepción de la realidad, los medios y sus extensiones tecnológicas aparecen como elementos centrales del análisis.<br/><br/> El pensamiento de Baudrillard, difícil de encasillar en corrientes concretas o definiciones disciplinares limitativas, atraviesa diversas fases, desde un primer momento de proximidad marxista hasta una última etapa tecno-prospectiva, en la que teoriza acerca determinismo tecnológico en la construcción mediática del simulacro que informa la realidad virtual, como desrealización de la realidad.<br/><br/> Además de arremeter contra la sociedad de consumo y considerar a las masas como cómplices de esa situación, desarrolló en las últimas décadas una crítica radical a los medios de comunicación.<br/><br/> Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos le inspiraron Requiem pour les Twin Towers (2002), año en el que publicó también L´esprit du terrorismo.<br/><br/> El terrorismo aparece a los ojos de Baudrillard como una forma de ruptura, consistente en inducir un exceso de realidad e intentar así que el sistema entre en crisis ante este exceso de realidad, ante la quiebra ideológica de la estrategia virtual. No obstante, escribe, "el derrumbe de las torres del World Trade Center es inimaginable, pero no basta para hacerlo real. Un suplemento de violencia no es suficiente para abrir la puerta de la realidad. Pues la realidad es un principio, y es este principio el que se ha perdido [...] El atentado correspondía a un desbordamiento del evento por encima de todos los modelos interpretativos, por el contrario esta guerra bestialmente militar y tecnológica [Afganistán] corresponde a un desbordamiento del modelo sobre el evento, por ende a una apuesta fáctica y a un no-lugar. La guerra como prolongación de la ausencia de política por otros medios" (Baudrillard, J. 'El terrorismo'). "...el 11 de septiembre, el poder global fue derrotado simbólicamente. La guerra es una respuesta a una agresión, pero no a un desafío simbólico" ('La violencia de lo global').<br/><br/><br/><span style=font-weight: bold;> Algunos de sus textos:</span><br/><br/><span style=font-weight: bold;> La máscara de la guerra</span><br/><br style=font-style: italic;/><span style=font-style: italic;> Original publicado en el diario Libération, París. Versión en lengua española en el diario Página 12, Buenos Aires [abril, 2003].</span><br/><br/> Ni a favor ni en contra. Más bien lo contrario es el título de la última película de Cédrik Klapissch. Ni a favor ni en contra de la guerra. 'Más bien lo contrario' significa que no hay diferencia entre la guerra y la no guerra, y que antes de pronunciarse hay que estar lúcido sobre el status del acontecimiento. Esta guerra es un no acontecimiento, y es absurdo pronunciarse sobre un no acontecimiento. Antes, hay que saber qué es lo que ella oculta, lo que reemplaza, lo que exorciza. Y no es necesario buscar mucho: el acontecimiento al que se opone el no acontecimiento de la guerra, es el 11 de Septiembre.<br/><br/> El análisis debe surgir de esta voluntad de anular, de borrar, de blanquear el acontecimiento original, lo que convierte a esta guerra fantasmagórica, inimaginable de alguna manera ya que no tiene finalidad propia, ni necesidad ni un enemigo verdadero (Saddam no es más que un fantoche): no tiene más que la forma de una conjuración, la de un acontecimiento que es justamente imposible de borrar. Lo que hace que sea interminable, aun antes de comenzar. Abre una guerra infinita que jamás sucederá. Y es ese suspenso que nos espera en el futuro, esta actualidad difusa del chantaje y del terror bajo la forma de un principio universal de prevención.<br/><br/> Se pueden ver estos mecanismos en la película reciente de Steven Spielberg, Minority Report. Sobre la base de prevenir crímenes futuros, comandos policiales interceptan al criminal antes de que el acto haya pasado. Es exactamente el escenario de la guerra de Irak: eliminar el futuro acto criminal en el huevo (el uso de Saddam de armas de destrucción masiva). La pregunta que es irresistible es; ¿el crimen presumido hubiera tenido lugar? No se sabrá jamás ya que todo habrá sido prevenido. Pero lo que se perfila a través de él es una desprogramación automática de todo lo que hubiera podido pasar, una suerte de profilaxis a escala mundial, no solamente de todo crimen, sino de todo hecho que pudiera perturbar un orden mundial dado como hegemónico. Ablación del 'Mal' bajo todas sus formas, ablación del enemigo que no existe como tal, ablación de la muerte. 'Cero muerte' se convierte en el Leitmotiv de la seguridad universal.<br/><br/> Esta disuasión sin Guerra Fría, este terror sin equilibrio, esta prevención implacable bajo el signo de la seguridad se va a convertir en una estrategia planetaria. El 'Mal' es el que llega sin prevenir, por lo tanto sin prevención posible. Es exactamente el caso del 11 de Septiembre y es ahí que se hace un acontecimiento y que se opone radicalmente al no acontecimiento de la guerra. El 11 de Septiembre es un acontecimiento imposible. Sucede antes de ser posible (ni las películas catástrofe lo habían anticipado, ellas al contrario agotaron la imaginación). Es del orden de lo imprevisible radical (donde se reencuentra la paradoja según la cual las cosas son posibles sólo después de haber sucedido).<br/><br/> La diferencia es total con la guerra que, estará tan prevista, programada, anticipada, que ni siquiera hay necesidad de que suceda. Y aún si sucede 'realmente', ya habrá sucedido virtualmente, y por lo tanto no será un acontecimiento. Lo real está acá en el horizonte de lo virtual. Este dominio de lo virtual está más reforzado por el hecho que la guerra anunciada es el doble, el clon de la del Golfo (y Bush el clon de su padre). Son por lo tanto, dos acontecimientos clones que encuadran de una parte y de la otra el hecho crucial. Se comprende mejor a partir de ahí en qué la guerra es un acontecimiento de substitución, un ghost event, un acontecimiento fantoche a la imagen de Saddam.<br/><br/> No es prevenir el crimen, instaurar el Bien, corregir el curso irracional del mundo. Aun el petróleo y las consideraciones geoestratégicas directas no son la última razón. La última razón es la de instaurar un orden de seguridad, una neutralización general de las poblaciones sobre la base de un no-acontecimiento definitivo. El fin de la historia de alguna manera, pero para nada bajo el signo del liberalismo triunfante ni de la realización democrática como en Fukuyama, sino sobre la base de un terror preventivo que pone fin a todo acontecimiento.<br/><br/> El terror destilado por todos lados, el sistema terminando por aterrorizarse a sí mismo bajo el signo de la seguridad: ésa es la victoria del terrorismo. Si la guerra virtual ya está ganada bajo el terreno por el poderío mundial, es el terrorismo el que la ganó sobre el plan simbólico por el advenimiento de este desorden generalizado. Es por otra parte el atentado del 11 de Septiembre que remató el proceso de globalización, no el del mercado, de los flujos y de los capitales, sino este, simbólico, mucho más fundamental de la dominación mundial, al provocar una coalición de todos los poderes, democráticos, liberales, fascistas o totalitarios, espontáneamente cómplices y solidarios en la defensa del orden mundial.<br/><br/> Este terror preventivo, este desprecio total de sus propios principios llegó a un extremo dramático en el episodio del teatro de Moscú, donde todo sucedió como en el episodio de la vaca loca: se sacrifica toda la manada por precaución, Dios reconocerá a los suyos. Rehenes y terroristas confundidos en la masacre, por lo tanto virtualmente cómplices. El principio terrorista extrapolado a toda la población. Es la hipótesis implícita del poder: las poblaciones mismas son una amenaza terrorista para él. El terrorismo en su acción busca esta solidaridad de las poblaciones sin encontrarla. Pero aquí es el poder mismo que realiza brutalmente esta complicidad involuntaria.<br/><br/> Pero la realidad integral del poder también es su fin. Un poder integral que no se funda más que sobre la prevención, la disuasión, la seguridad y el control, es simbólicamente vulnerable: no puede entrar en el juego y finalmente se vuelve contra sí mismo. Con esta debilidad, esta flaqueza interna del poderío mundial revela el terrorismo a su manera, como una angustia inconsciente se traiciona por una acción fallida. Ahí está justamente 'el infierno del poder'. El 11 de Septiembre aparece, desde el punto de vista del poder, como un gigantesco desafío en el que la potencia mundial perdió el prestigio. Y esta guerra, lejos de responder al desafío, no borrará la humillación del 11 de Septiembre. Hay algo de terrorífico en el hecho que este orden mundial virtual pueda hacer su entrada en lo 'real' con tanta facilidad.<br/><br/> El acontecimiento terrorista era extraño, de una insoportable extrañeza. La no-guerra, inaugura la inquietante familiaridad del terror.<br/><br/><span style=font-weight: bold;> La transparencia del mal</span><br/><br/> …¿ Es posible que todo sistema, todo individuo contenga la pulsión secreta de liberarse de su propia idea, de su propia esencia, para poder proliferar en todos los sentidos, extrapolarse en todas direcciones? Pero las consecuencias de esta disociación sólo pueden ser fatales. Una cosa que pierde su idea se como el hombre que ha perdido su sombra; cae en un delirio en el que se pierde.<br/><br/> Aquí comienza el orden, o el desorden metastásico, de desmultiplicación por contigüidad, de proliferación cancerosa.<br/><br/> …Tiempo atrás, el cuerpo fue metáfora del alma, después fue la metáfora del sexo, hoy ya no es la metáfora de nada, es el lugar de la metástasis, del encadenamiento maquinal de todos sus procesos, de una programación al infinito sin organización simbólica, sin objetivo trascendente, en la pura promiscuidad por sí misma que también es la de las redes y los circuitos integrados.<br/><br/> ¿Acaso, de igual manera, el éxito de la comunicación y de la información no procede de la imposibilidad para la relación social de superarse en tanto relación alienada? A falta de redoblarse en la comunicación, se multiplica en la multiplicidad de las redes y cae en la indiferencia de éstas. La comunicación es más social que lo social, es lo hiperrelacional, la socialidad superactiva por las técnicas de lo social. Ahora bien, lo social en su esencia no es eso.<br/><br/> Al banalizar la interfaz, la comunicación conduce la forma social a la indiferencia. La utopía de una sociedad comunicacional carece de sentido, ya que la comunicación resulta precisamente de la incapacidad de una sociedad de superarse hacia otros fines. Lo mismo ocurre con la información: el exceso de conocimientos se dispersa indiferentemente por la superficie en todas direcciones, pero no hace más que conmutar.<br/><br/> El silencio está expulsado de las pantallas, expulsado de la comunicación. Las imágenes mediáticas ( y los textos mediáticos son como las imágenes) no callan jamás: imágenes y mensajes deben sucederse sin discontinuidad. Ahora bien, el silencio es precisamente este síncope en el circuito, esta ligera catástrofe, este lapsus que, en la televisión por ejemplo, se vuelve altamente significativo- ruptura cargada a la vez de angustia y de júbilo-, al sancionar que toda comunicación sólo es en el fondo un guión forzado, una ficción ininterrumpida que nos libera del vacío, el de la pantalla, pero también del de nuestra pantalla mental, cuyas imágenes acechamos ,con la misma fascinación. La imagen del hombre sentado, y contemplando, un día de huelga, su pantalla de televisión vacía, será algún día una de las más hermosas imágenes de la antropología del siglo XX .<br/><br/> …Todo se sateliza, podría decirse incluso que nuestro propio cerebro ya no está en nosotros, sino que flota alrededor de nosotros en innumerables ramificaciones hertzianas de las ondas y los circuitos.<br/><br/> No es ciencia ficción, es simplemente la generalización de la teoría de McLuhan sobre las extensiones del hombre- La totalidad del ser humano, su cuerpo biológico, mental, muscular, cerebral, flota en torno a nosotros bajo forma de prótesis mecánicas o informáticas.<br/><br/> …Estamos en la sociedad de la proliferación, de lo que sigue creciendo sin poder ser medido por sus fines.<br/><br/> …Sólo es comparable al proceso de las metástasis cancerosas: la pérdida de la regla del juego orgánico de un cuerpo posibilita que un conjunto de células pueda manifestar su vitalidad incoercible y asesina, desobedecer las propias órdenes genéticas y proliferar infinitamente.<br/><br/> …La náusea de un mundo que prolifera, que se hipertrofia y que no llega a parir.
Nacido en Reims, Francia, en 1929, en el seno de una familia modesta. Estudió filología germánica en La Sorbona de París y ejerció como profesor de alemán en un instituto de enseñanzas medias (1958-1966). En 1966 leyó su tesis doctoral ('Le sistème des objets') bajo la dirección de Henry Lefebvre, e inició su actividad docente en la Universidad París X, en Nanterre, donde tuvo un papel activo en los sucesos de mayo del 68. Director científico del IRIS (Recherche sur l'Innovation Sociale) de la Universidad París-IX Daphine (1986-1990). En 2001 fue contratado por la European Graduate School de Saas-Fee, Suiza, como profesor de filosofía de la cultura y de los medios en los seminarios intensivos de verano.

Baudrillard, uno de los fundadores de la revista Utopie y próximo a Roland Barthes, publicó medio centenar de obras, entre ellas Le système des objets (1968), La société de consommation (1970), Simulacres et simulation (1981), La guerre du Golfe n´a pas eu lieu (1991) o Amérique (1997).

Germanista de formación y traductor de Bertold Brecht, Baudrillard refutó el pensamiento científico tradicional y basó su filosofía en el concepto de virtualidad del mundo aparente.

Teórico crítico posestructuralista y uno de los más prestigiosos y polémicos analistas de los fenómenos de la posmodernidad. En su pensamiento sobre la formación del conocimiento y la percepción de la realidad, los medios y sus extensiones tecnológicas aparecen como elementos centrales del análisis.

El pensamiento de Baudrillard, difícil de encasillar en corrientes concretas o definiciones disciplinares limitativas, atraviesa diversas fases, desde un primer momento de proximidad marxista hasta una última etapa tecno-prospectiva, en la que teoriza acerca determinismo tecnológico en la construcción mediática del simulacro que informa la "realidad virtual", como "desrealización" de la realidad.

Además de arremeter contra la sociedad de consumo y considerar a las masas como cómplices de esa situación, desarrolló en las últimas décadas una crítica radical a los medios de comunicación.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos le inspiraron Requiem pour les Twin Towers (2002), año en el que publicó también L´esprit du terrorismo.

El terrorismo aparece a los ojos de Baudrillard como una forma de ruptura, consistente en inducir un exceso de realidad e intentar así que el sistema entre en crisis ante este exceso de realidad, ante la quiebra ideológica de la estrategia virtual. No obstante, escribe, "el derrumbe de las torres del World Trade Center es inimaginable, pero no basta para hacerlo real. Un suplemento de violencia no es suficiente para abrir la puerta de la realidad. Pues la realidad es un principio, y es este principio el que se ha perdido [...] El atentado correspondía a un desbordamiento del evento por encima de todos los modelos interpretativos, por el contrario esta guerra bestialmente militar y tecnológica [Afganistán] corresponde a un desbordamiento del modelo sobre el evento, por ende a una apuesta fáctica y a un no-lugar. La guerra como prolongación de la ausencia de política por otros medios" (Baudrillard, J. 'El terrorismo'). "...el 11 de septiembre, el poder global fue derrotado simbólicamente. La guerra es una respuesta a una agresión, pero no a un desafío simbólico" ('La violencia de lo global').


Algunos de sus textos:

La máscara de la guerra

Original publicado en el diario Libération, París. Versión en lengua española en el diario Página 12, Buenos Aires [abril, 2003].

Ni a favor ni en contra. Más bien lo contrario es el título de la última película de Cédrik Klapissch. Ni a favor ni en contra de la guerra. 'Más bien lo contrario' significa que no hay diferencia entre la guerra y la no guerra, y que antes de pronunciarse hay que estar lúcido sobre el status del acontecimiento. Esta guerra es un no acontecimiento, y es absurdo pronunciarse sobre un no acontecimiento. Antes, hay que saber qué es lo que ella oculta, lo que reemplaza, lo que exorciza. Y no es necesario buscar mucho: el acontecimiento al que se opone el no acontecimiento de la guerra, es el 11 de Septiembre.

El análisis debe surgir de esta voluntad de anular, de borrar, de blanquear el acontecimiento original, lo que convierte a esta guerra fantasmagórica, inimaginable de alguna manera ya que no tiene finalidad propia, ni necesidad ni un enemigo verdadero (Saddam no es más que un fantoche): no tiene más que la forma de una conjuración, la de un acontecimiento que es justamente imposible de borrar. Lo que hace que sea interminable, aun antes de comenzar. Abre una guerra infinita que jamás sucederá. Y es ese suspenso que nos espera en el futuro, esta actualidad difusa del chantaje y del terror bajo la forma de un principio universal de prevención.

Se pueden ver estos mecanismos en la película reciente de Steven Spielberg, Minority Report. Sobre la base de prevenir crímenes futuros, comandos policiales interceptan al criminal antes de que el acto haya pasado. Es exactamente el escenario de la guerra de Irak: eliminar el futuro acto criminal en el huevo (el uso de Saddam de armas de destrucción masiva). La pregunta que es irresistible es; ¿el crimen presumido hubiera tenido lugar? No se sabrá jamás ya que todo habrá sido prevenido. Pero lo que se perfila a través de él es una desprogramación automática de todo lo que hubiera podido pasar, una suerte de profilaxis a escala mundial, no solamente de todo crimen, sino de todo hecho que pudiera perturbar un orden mundial dado como hegemónico. Ablación del 'Mal' bajo todas sus formas, ablación del enemigo que no existe como tal, ablación de la muerte. 'Cero muerte' se convierte en el Leitmotiv de la seguridad universal.

Esta disuasión sin Guerra Fría, este terror sin equilibrio, esta prevención implacable bajo el signo de la seguridad se va a convertir en una estrategia planetaria. El 'Mal' es el que llega sin prevenir, por lo tanto sin prevención posible. Es exactamente el caso del 11 de Septiembre y es ahí que se hace un acontecimiento y que se opone radicalmente al no acontecimiento de la guerra. El 11 de Septiembre es un acontecimiento imposible. Sucede antes de ser posible (ni las películas catástrofe lo habían anticipado, ellas al contrario agotaron la imaginación). Es del orden de lo imprevisible radical (donde se reencuentra la paradoja según la cual las cosas son posibles sólo después de haber sucedido).

La diferencia es total con la guerra que, estará tan prevista, programada, anticipada, que ni siquiera hay necesidad de que suceda. Y aún si sucede 'realmente', ya habrá sucedido virtualmente, y por lo tanto no será un acontecimiento. Lo real está acá en el horizonte de lo virtual. Este dominio de lo virtual está más reforzado por el hecho que la guerra anunciada es el doble, el clon de la del Golfo (y Bush el clon de su padre). Son por lo tanto, dos acontecimientos clones que encuadran de una parte y de la otra el hecho crucial. Se comprende mejor a partir de ahí en qué la guerra es un acontecimiento de substitución, un ghost event, un acontecimiento fantoche a la imagen de Saddam.

No es prevenir el crimen, instaurar el Bien, corregir el curso irracional del mundo. Aun el petróleo y las consideraciones geoestratégicas directas no son la última razón. La última razón es la de instaurar un orden de seguridad, una neutralización general de las poblaciones sobre la base de un no-acontecimiento definitivo. El fin de la historia de alguna manera, pero para nada bajo el signo del liberalismo triunfante ni de la realización democrática como en Fukuyama, sino sobre la base de un terror preventivo que pone fin a todo acontecimiento.

El terror destilado por todos lados, el sistema terminando por aterrorizarse a sí mismo bajo el signo de la seguridad: ésa es la victoria del terrorismo. Si la guerra virtual ya está ganada bajo el terreno por el poderío mundial, es el terrorismo el que la ganó sobre el plan simbólico por el advenimiento de este desorden generalizado. Es por otra parte el atentado del 11 de Septiembre que remató el proceso de globalización, no el del mercado, de los flujos y de los capitales, sino este, simbólico, mucho más fundamental de la dominación mundial, al provocar una coalición de todos los poderes, democráticos, liberales, fascistas o totalitarios, espontáneamente cómplices y solidarios en la defensa del orden mundial.

Este terror preventivo, este desprecio total de sus propios principios llegó a un extremo dramático en el episodio del teatro de Moscú, donde todo sucedió como en el episodio de la vaca loca: se sacrifica toda la manada por precaución, Dios reconocerá a los suyos. Rehenes y terroristas confundidos en la masacre, por lo tanto virtualmente cómplices. El principio terrorista extrapolado a toda la población. Es la hipótesis implícita del poder: las poblaciones mismas son una amenaza terrorista para él. El terrorismo en su acción busca esta solidaridad de las poblaciones sin encontrarla. Pero aquí es el poder mismo que realiza brutalmente esta complicidad involuntaria.

Pero la realidad integral del poder también es su fin. Un poder integral que no se funda más que sobre la prevención, la disuasión, la seguridad y el control, es simbólicamente vulnerable: no puede entrar en el juego y finalmente se vuelve contra sí mismo. Con esta debilidad, esta flaqueza interna del poderío mundial revela el terrorismo a su manera, como una angustia inconsciente se traiciona por una acción fallida. Ahí está justamente 'el infierno del poder'. El 11 de Septiembre aparece, desde el punto de vista del poder, como un gigantesco desafío en el que la potencia mundial perdió el prestigio. Y esta guerra, lejos de responder al desafío, no borrará la humillación del 11 de Septiembre. Hay algo de terrorífico en el hecho que este orden mundial virtual pueda hacer su entrada en lo 'real' con tanta facilidad.

El acontecimiento terrorista era extraño, de una insoportable extrañeza. La no-guerra, inaugura la inquietante familiaridad del terror.

La transparencia del mal

…¿ Es posible que todo sistema, todo individuo contenga la pulsión secreta de liberarse de su propia idea, de su propia esencia, para poder proliferar en todos los sentidos, extrapolarse en todas direcciones? Pero las consecuencias de esta disociación sólo pueden ser fatales. Una cosa que pierde su idea se como el hombre que ha perdido su sombra; cae en un delirio en el que se pierde.

Aquí comienza el orden, o el desorden metastásico, de desmultiplicación por contigüidad, de proliferación cancerosa.

…Tiempo atrás, el cuerpo fue metáfora del alma, después fue la metáfora del sexo, hoy ya no es la metáfora de nada, es el lugar de la metástasis, del encadenamiento maquinal de todos sus procesos, de una programación al infinito sin organización simbólica, sin objetivo trascendente, en la pura promiscuidad por sí misma que también es la de las redes y los circuitos integrados.

¿Acaso, de igual manera, el éxito de la comunicación y de la información no procede de la imposibilidad para la relación social de superarse en tanto relación alienada? A falta de redoblarse en la comunicación, se multiplica en la multiplicidad de las redes y cae en la indiferencia de éstas. La comunicación es más social que lo social, es lo hiperrelacional, la socialidad superactiva por las técnicas de lo social. Ahora bien, lo social en su esencia no es eso.

Al banalizar la interfaz, la comunicación conduce la forma social a la indiferencia. La utopía de una sociedad comunicacional carece de sentido, ya que la comunicación resulta precisamente de la incapacidad de una sociedad de superarse hacia otros fines. Lo mismo ocurre con la información: el exceso de conocimientos se dispersa indiferentemente por la superficie en todas direcciones, pero no hace más que conmutar.

El silencio está expulsado de las pantallas, expulsado de la comunicación. Las imágenes mediáticas ( y los textos mediáticos son como las imágenes) no callan jamás: imágenes y mensajes deben sucederse sin discontinuidad. Ahora bien, el silencio es precisamente este síncope en el circuito, esta ligera catástrofe, este lapsus que, en la televisión por ejemplo, se vuelve altamente significativo- ruptura cargada a la vez de angustia y de júbilo-, al sancionar que toda comunicación sólo es en el fondo un guión forzado, una ficción ininterrumpida que nos libera del vacío, el de la pantalla, pero también del de nuestra pantalla mental, cuyas imágenes acechamos ,con la misma fascinación. La imagen del hombre sentado, y contemplando, un día de huelga, su pantalla de televisión vacía, será algún día una de las más hermosas imágenes de la antropología del siglo XX .

…Todo se sateliza, podría decirse incluso que nuestro propio cerebro ya no está en nosotros, sino que flota alrededor de nosotros en innumerables ramificaciones hertzianas de las ondas y los circuitos.

No es ciencia ficción, es simplemente la generalización de la teoría de McLuhan sobre las "extensiones del hombre- La totalidad del ser humano, su cuerpo biológico, mental, muscular, cerebral, flota en torno a nosotros bajo forma de prótesis mecánicas o informáticas.

…Estamos en la sociedad de la proliferación, de lo que sigue creciendo sin poder ser medido por sus fines.

…Sólo es comparable al proceso de las metástasis cancerosas: la pérdida de la regla del juego orgánico de un cuerpo posibilita que un conjunto de células pueda manifestar su vitalidad incoercible y asesina, desobedecer las propias órdenes genéticas y proliferar infinitamente.

…La náusea de un mundo que prolifera, que se hipertrofia y que no llega a parir.
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