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Listos para regresar a casa

      
Uno es un macho de tres años de edad y 150 kilos de peso. Se llama Manaba. Después de 15 meses de estar en proceso de rehabilitación regresará al Parque Nacional Natural del Cocuy de Boyacá. Esta reserva limita con un resguardo indígena Uwa y por ello jóvenes de esta etnia participarán en el proceso de liberación y monitoreo del animal en su hábitat natural. <br/><br/> La otra es una osa de cuatro años llamada Niebla. Luego de ser decomisada a un cazador que mató a su madre y se la llevó cuando apenas era un osezno, llegó al Centro de Rehabilitación de Especies de Alta Montaña (Cream), proveniente de Putumayo. El Centro es liderado por el médico veterinario Orlando Feliciano. Niebla ya está lista para regresar a la Serranía de los Churumbeles en el Putumayo. <br/><br/> Niebla y Manaba llegaron con parásitos y desnutrición severa a la reserva natural, ubicada en la región conocida como Páramo de Chingaza, en el municipio de Guasca, Cundinamarca. <br/><br/><span style=font-weight: bold;> Cómo los cuidaron </span><br/><br/> Luego de estar 40 días bajo observación médica para definir si valía la pena continuar con su proceso de recuperación, pues muchos animales llegan en condiciones críticas, superaron la prueba y pasaron a la zona de rehabilitación física, comenta Feliciano. <br/><br/> La dieta de los osos también fue controlada, pues al parecer durante su cautiverio comían papa, arroz y otros alimentos que el hombre le suministraba y esto alteró sus procesos digestivos. Los dos osos ahora comen palmiche y manzana como parte del suculento menú, que se complementa con guiches, chusque, puya, papaya, melón, piña y zanahoria, entre otros alimentos que cosechan en medio natural. Esta dieta silvestre se les suministra de manera gradual, como preámbulo a lo que hallarán cuando sean liberados en el bosque. <br/><br/> Los dos osos andinos representan una de las pocas esperanzas de vida que le quedan a esta especie, conocida popularmente como oso de anteojos, ya que se encuentra amenazada de extinción. <br/><br/> Según Feliciano, la práctica de arrebatarle el osezno a su madre es común e implica necesariamente la muerte de las hembras (en plena etapa reproductiva), que no dejarían arrebatarse sus crías de otra manera (la semilla de la especie en el medio). Este factor y la fragmentación del bosque disgregan a los osos e impiden su cruce genético. Además, la persecución que padecen por la creencia de que son asesinos de ganado y devoradores de cultivos como el de maíz están incidiendo en la desaparición paulatina de un animal insignia de la Región Andina.
Uno es un macho de tres años de edad y 150 kilos de peso. Se llama Manaba. Después de 15 meses de estar en proceso de rehabilitación regresará al Parque Nacional Natural del Cocuy de Boyacá. Esta reserva limita con un resguardo indígena Uwa y por ello jóvenes de esta etnia participarán en el proceso de liberación y monitoreo del animal en su hábitat natural.

La otra es una osa de cuatro años llamada Niebla. Luego de ser decomisada a un cazador que mató a su madre y se la llevó cuando apenas era un osezno, llegó al Centro de Rehabilitación de Especies de Alta Montaña (Cream), proveniente de Putumayo. El Centro es liderado por el médico veterinario Orlando Feliciano. Niebla ya está lista para regresar a la Serranía de los Churumbeles en el Putumayo.

Niebla y Manaba llegaron con parásitos y desnutrición severa a la reserva natural, ubicada en la región conocida como Páramo de Chingaza, en el municipio de Guasca, Cundinamarca.

Cómo los cuidaron

Luego de estar 40 días bajo observación médica para definir si valía la pena continuar con su proceso de recuperación, pues "muchos animales llegan en condiciones críticas", superaron la prueba y pasaron a la zona de rehabilitación física, comenta Feliciano.

La dieta de los osos también fue controlada, pues al parecer durante su cautiverio comían papa, arroz y otros alimentos que el hombre le suministraba y esto alteró sus procesos digestivos. Los dos osos ahora comen palmiche y manzana como parte del suculento menú, que se complementa con guiches, chusque, puya, papaya, melón, piña y zanahoria, entre otros alimentos que cosechan en medio natural. Esta dieta silvestre se les suministra de manera gradual, como preámbulo a lo que hallarán cuando sean liberados en el bosque.

Los dos osos andinos representan una de las pocas esperanzas de vida que le quedan a esta especie, conocida popularmente como oso de anteojos, ya que se encuentra amenazada de extinción.

Según Feliciano, la práctica de arrebatarle el osezno a su madre es común e implica necesariamente la muerte de las hembras (en plena etapa reproductiva), que no dejarían arrebatarse sus crías de otra manera (la semilla de la especie en el medio). Este factor y la fragmentación del bosque disgregan a los osos e impiden su cruce genético. Además, la persecución que padecen por la creencia de que son asesinos de ganado y devoradores de cultivos como el de maíz están incidiendo en la desaparición paulatina de un animal insignia de la Región Andina.
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