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Formación para la vida

      
<span style=font-style: italic;>Texto tomado del periódico Alma máter</span><br/><br/> La iniciativa, promovida por la Dirección de Regionalización, cuenta con el respaldo de la Alcaldía del municipio de Andes y de la Secretaría de Educación del Departamento. <br/><br/> Dos certezas, de una parte, que la escuela sigue siendo muy abstracta, y de otra, que en los territorios propios, específicos, es donde se encuentra el verdadero país (y el aprendizaje), subyacen en el proyecto de lectura y escritura del territorio que desde hace dos años tiene lugar en el municipio de Andes, suroeste antioqueño. <br/><br/> Y aunque sus promotores saben que se trata de un trabajo a largo plazo, en el corto periodo de puesta en marcha ya muestra frutos tangibles, como los de haber pasado de diez en sus inicios a 82 profesores comprometidos con el proceso, contar con más de cuatro mil habitantes involucrados, incluidos estudiantes y padres de familia, puesto que las actividades no se circunscriben a la población escolar, más la vinculación de cuatro instituciones educativas que agrupan al 60% del estudiantado de la localidad. <br/><br/> Para Alberto Cadavid Mejía, gestor y coordinador del proyecto, es claro que los profesionales formados en las sedes y seccionales no necesariamente permanecen al servicio de las regiones donde se educan, lo cual pareciera hacerle perder rigor al objetivo del programa de regionalización que desde hace más de una década impulsa la Universidad. Sin embargo, esa realidad, en parte, es la que mueve a adelantar un proyecto complementario como el de lectoescritura del territorio, que pretende el mejoramiento del entramado de conjunto sobre el cual constituir los pilares del esfuerzo de descentralización de la educación, y no sólo la incidencia en los niveles superiores. <br/><br/> En otras palabras, para el profesor Cadavid Mejía, la Universidad no debe caer en paracaídas a las regiones, con la pretensión de formar profesionales que dinamicen el desarrollo de las zonas, sin considerar otras necesidades y realidades como que en la mayoría de los municipios del Departamento sólo entre el 20 y el 25% de la población total pasa por la escuela, y esa es una de las razones para que el proyecto contemple como interlocutores a un grupo más amplio que el meramente escolar. <br/><br/> "Cuando los niños y jóvenes pasan doce años por la escuela, ésta en general sigue siendo abstracta, porque no los vincula a leer los territorios específicos, en donde está la posibilidad de hacer nacer los cuatro grandes conceptos que componen el concepto macro de nación: el territorio propiamente dicho, la población, la lengua y los rasgos culturales", afirma. <br/><br/> Sugiere, por tanto, la necesidad de acercar al sujeto a su hábitat no sólo para habitarlo, sino para identificarlo y convertirlo en el objeto que, bien reconocido, sea el origen de proyectos de vida colectivos de transformación y de desarrollo local. <br/><br/> De ahí la aspiración del proyecto de lectura y escritura de aproximar de manera sensata a los participantes a lo que constituye geofísicamente el territorio -su territorio-, a las posibilidades de los recursos, a la configuración histórica de los grupos humanos y a la manera como podrían interactuar para avanzar en el mejoramiento de las condiciones de vida y en el rompimiento de las debilidades de muchas comunidades, como la ignorancia, la pobreza, la miseria, y de "un gran vacío en la conciencia histórica, que no permite constituir movimiento social, capaz de enfrentar nuevas relaciones sociopolíticas locales, regionales y nacionales".<br/><br/> Por eso el enfoque y la metodología empleada dista de ser un taller tradicional y de lo que se trata más bien es de un acompañamiento permanente sobre cuatro frentes principales: uno, la observación a una zona particular, desde la perspectiva etnográfica; dos, se generan productos en el plano cultural, pero no sólo en el orden estético, sino en un sentido amplio, de las acciones cultas. Un tercer frente es el trabajo directo en el aparato escolar, orientado a sembrar reflexiones sobre pensamiento contemporáneo en todo el cuerpo docente de la jurisdicción. Aquí, observa Cadavid Mejía, los profesores "pasan por el proceso de lectura contemporánea, de reflexión y de escritura propia". Y el cuarto, es la revisión del discurso cotidiano de la familia para propiciar, más que la recuperación, la construcción de una nueva escala de valores. <br/><br/> Y como no se trata propiamente de un curso de lectura y escritura preparatorio para presentar un examen de admisión a la universidad, no es requisito previo saber leer y escribir a la manera tradicional, porque justamente de lo que se trata es de construir esas habilidades con base en la lectura del territorio. <br/><br/> "La Universidad debe crear caldos de cultivo, de comprensión sobre la universalidad, para que las comunidades, y no solamente el aparato escolar, comprendan que incluso con el conocimiento básico de su propia región pueden sobrepasar el horizonte que le marca las montañas y pueden construir la posibilidad de supervivencia", reflexiona Cadavid Mejía, y subraya que se trata de un trabajo que prepara para la vida, más que para acceder a niveles superiores de educación. <br/><br/> Tal propósito, además, está afincado en un modelo pedagógico que, en el caso del trabajo con los profesores, permite que el maestro, a partir de lecturas básicas, reconstruya la mirada sobre sí mismo como persona, como individuo y profesional que incide con su ejercicio en la convivencia social. <br/><br/> "La pelea de la Universidad por reconstituir unos nuevos espacios para el modelo educativo no es posible a través de simples capacitaciones docentes, sino que al maestro hay que acompañarlo en el entramado social para generar reflexiones propias", afirma. <br/><br/> Reflexiones que, en lo que concierte al componente del proyecto con el aparato escolar, después de casi dos años de acompañamiento, ahora se reflejan en la producción de textos de los mismos maestros participantes, y se evidencia otra metodología y otra pedagogía en el quehacer docente. <br/><br/> "El maestro modifica la relación con el estudiante y la escuela comienza a volcarse sobre el pueblo y a entender que no es posible estudiar el estado de la nutrición básica de la comunidad, por ejemplo, sino a través del producto agrícola que sale a la plaza de mercado, y entonces va a la plaza, y lo revisa, lo describe y lo compara con los estudiantes, y analiza las distintas calidades", explica Cadavid Mejía. <br/><br/> Complementa que ese tipo de experiencias y de descripciones van dando una aproximación a las características del territorio, a qué se orientan, a quién se dirigen. <br/><br/> Y con relación a los estudiantes, no descarta, desde luego, que en desarrollo del modelo de lectura y escritura del territorio, colateralmente puedan entrar a competir en el mundo universitario, si bien lo que persigue, insiste, es en prepararlos ante todo para la vida. <br/><br/> "En lo escolar, el objetivo del proyecto es sacar estudiantes de una alta competitividad en lectura y escritura", subraya, pero desde una aproximación al territorio, categoría que se confunde con la jurisdicción misma de la localidad, en este caso de Andes, que cuenta con 44 mil habitantes. <br/><br/> Y además de la pretensión de cubrir toda esa población, la aspiración del proyecto es contar con un prototipo en cada una de las regiones para lograr una incidencia en todo el departamento. <br/><br/> Para Alberto Cadavid Mejía uno de los logros tangibles alcanzado a lo largo de los veintiún meses de trabajo es el texto teórico reflexivo que presentarán en junio, configurado por cuarenta y dos de los maestros de la zona involucrados en el proceso.<br/>
Texto tomado del periódico Alma máter

La iniciativa, promovida por la Dirección de Regionalización, cuenta con el respaldo de la Alcaldía del municipio de Andes y de la Secretaría de Educación del Departamento.

Dos certezas, de una parte, que la escuela sigue siendo muy abstracta, y de otra, que en los territorios propios, específicos, es donde se encuentra el verdadero país (y el aprendizaje), subyacen en el proyecto de lectura y escritura del territorio que desde hace dos años tiene lugar en el municipio de Andes, suroeste antioqueño.

Y aunque sus promotores saben que se trata de un trabajo a largo plazo, en el corto periodo de puesta en marcha ya muestra frutos tangibles, como los de haber pasado de diez en sus inicios a 82 profesores comprometidos con el proceso, contar con más de cuatro mil habitantes involucrados, incluidos estudiantes y padres de familia, puesto que las actividades no se circunscriben a la población escolar, más la vinculación de cuatro instituciones educativas que agrupan al 60% del estudiantado de la localidad.

Para Alberto Cadavid Mejía, gestor y coordinador del proyecto, es claro que los profesionales formados en las sedes y seccionales no necesariamente permanecen al servicio de las regiones donde se educan, lo cual pareciera hacerle perder rigor al objetivo del programa de regionalización que desde hace más de una década impulsa la Universidad. Sin embargo, esa realidad, en parte, es la que mueve a adelantar un proyecto complementario como el de lectoescritura del territorio, que pretende el mejoramiento del entramado de conjunto sobre el cual constituir los pilares del esfuerzo de descentralización de la educación, y no sólo la incidencia en los niveles superiores.

En otras palabras, para el profesor Cadavid Mejía, la Universidad no debe caer en paracaídas a las regiones, con la pretensión de formar profesionales que dinamicen el desarrollo de las zonas, sin considerar otras necesidades y realidades como que en la mayoría de los municipios del Departamento sólo entre el 20 y el 25% de la población total pasa por la escuela, y esa es una de las razones para que el proyecto contemple como interlocutores a un grupo más amplio que el meramente escolar.

"Cuando los niños y jóvenes pasan doce años por la escuela, ésta en general sigue siendo abstracta, porque no los vincula a leer los territorios específicos, en donde está la posibilidad de hacer nacer los cuatro grandes conceptos que componen el concepto macro de nación: el territorio propiamente dicho, la población, la lengua y los rasgos culturales", afirma.

Sugiere, por tanto, la necesidad de acercar al sujeto a su hábitat no sólo para habitarlo, sino para identificarlo y convertirlo en el objeto que, bien reconocido, sea el origen de proyectos de vida colectivos de transformación y de desarrollo local.

De ahí la aspiración del proyecto de lectura y escritura de aproximar de manera sensata a los participantes a lo que constituye geofísicamente el territorio -su territorio-, a las posibilidades de los recursos, a la configuración histórica de los grupos humanos y a la manera como podrían interactuar para avanzar en el mejoramiento de las condiciones de vida y en el rompimiento de las debilidades de muchas comunidades, como la ignorancia, la pobreza, la miseria, y de "un gran vacío en la conciencia histórica, que no permite constituir movimiento social, capaz de enfrentar nuevas relaciones sociopolíticas locales, regionales y nacionales".

Por eso el enfoque y la metodología empleada dista de ser un taller tradicional y de lo que se trata más bien es de un acompañamiento permanente sobre cuatro frentes principales: uno, la observación a una zona particular, desde la perspectiva etnográfica; dos, se generan productos en el plano cultural, pero no sólo en el orden estético, sino en un sentido amplio, de las acciones cultas. Un tercer frente es el trabajo directo en el aparato escolar, orientado a sembrar reflexiones sobre pensamiento contemporáneo en todo el cuerpo docente de la jurisdicción. Aquí, observa Cadavid Mejía, los profesores "pasan por el proceso de lectura contemporánea, de reflexión y de escritura propia". Y el cuarto, es la revisión del discurso cotidiano de la familia para propiciar, más que la recuperación, la construcción de una nueva escala de valores.

Y como no se trata propiamente de un curso de lectura y escritura preparatorio para presentar un examen de admisión a la universidad, no es requisito previo saber leer y escribir a la manera tradicional, porque justamente de lo que se trata es de construir esas habilidades con base en la lectura del territorio.

"La Universidad debe crear caldos de cultivo, de comprensión sobre la universalidad, para que las comunidades, y no solamente el aparato escolar, comprendan que incluso con el conocimiento básico de su propia región pueden sobrepasar el horizonte que le marca las montañas y pueden construir la posibilidad de supervivencia", reflexiona Cadavid Mejía, y subraya que se trata de un trabajo que prepara para la vida, más que para acceder a niveles superiores de educación.

Tal propósito, además, está afincado en un modelo pedagógico que, en el caso del trabajo con los profesores, permite que el maestro, a partir de lecturas básicas, reconstruya la mirada sobre sí mismo como persona, como individuo y profesional que incide con su ejercicio en la convivencia social.

"La pelea de la Universidad por reconstituir unos nuevos espacios para el modelo educativo no es posible a través de simples capacitaciones docentes, sino que al maestro hay que acompañarlo en el entramado social para generar reflexiones propias", afirma.

Reflexiones que, en lo que concierte al componente del proyecto con el aparato escolar, después de casi dos años de acompañamiento, ahora se reflejan en la producción de textos de los mismos maestros participantes, y se evidencia otra metodología y otra pedagogía en el quehacer docente.

"El maestro modifica la relación con el estudiante y la escuela comienza a volcarse sobre el pueblo y a entender que no es posible estudiar el estado de la nutrición básica de la comunidad, por ejemplo, sino a través del producto agrícola que sale a la plaza de mercado, y entonces va a la plaza, y lo revisa, lo describe y lo compara con los estudiantes, y analiza las distintas calidades", explica Cadavid Mejía.

Complementa que ese tipo de experiencias y de descripciones van dando una aproximación a las características del territorio, a qué se orientan, a quién se dirigen.

Y con relación a los estudiantes, no descarta, desde luego, que en desarrollo del modelo de lectura y escritura del territorio, colateralmente puedan entrar a competir en el mundo universitario, si bien lo que persigue, insiste, es en prepararlos ante todo para la vida.

"En lo escolar, el objetivo del proyecto es sacar estudiantes de una alta competitividad en lectura y escritura", subraya, pero desde una aproximación al territorio, categoría que se confunde con la jurisdicción misma de la localidad, en este caso de Andes, que cuenta con 44 mil habitantes.

Y además de la pretensión de cubrir toda esa población, la aspiración del proyecto es contar con un prototipo en cada una de las regiones para lograr una incidencia en todo el departamento.

Para Alberto Cadavid Mejía uno de los logros tangibles alcanzado a lo largo de los veintiún meses de trabajo es el texto teórico reflexivo que presentarán en junio, configurado por cuarenta y dos de los maestros de la zona involucrados en el proceso.
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