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Hacia un espacio africano de educación superior

      
En el continente africano, donde la educación superior supone una de las mayores fuentes de esperanza para el desarrollo, se están considerando las oportunidades y las dificultades para la construcción de un Espacio Africano de Educación Superior (EAES). El modelo europeo, en este sentido, puede servir como un ejemplo del que extraer enseñanzas y conclusiones.<br/><br/> El nuevo siglo está modificando profundamente las estructuras y los objetivos de la educación superior en África. Las oportunidades y amenazas de la internacionalización, la integración con el sistema productivo y la implicación de la institución universitaria en la vida política y social de su entorno son retos que la región africana comparte con el resto del mundo. Sin embargo, hay algunas situaciones que son específicas y plantean dificultades y desafíos particulares de la región africana.<br/><br/> La pérdida constante de capital humano a raíz de la fuga de cerebros; las bajas tasas de matrícula; un alto grado de burocratización; la creciente privatización; la desigualdad de género; los escasos niveles de acceso al sistema de educación superior; los insuficientes presupuestos públicos de educación; o la lucha por una mayor autonomía universitaria, son algunos ejemplos de estos desafíos especialmente presentes en los sistemas africanos de educación superior.<br/><br/> Las cifras e indicadores del continente nos dibujan una situación compleja: entre 4 y 5 millones de estudiantes (en un continente con más de 700 millones de personas), están matriculados en instituciones de educación superior (IES) africanas. A pesar de este volumen de estudiantes, las tasas de matrículas son bajas, incluso en los países con mayor número de estudiantes (Egipto, Nigeria y Sudáfrica) donde en ningún caso se superan los 25 por 1.000 estudiantes potenciales. Unas cifras altas para África, pero pobres en relación a los países desarrollados e incluso en relación a muchos países en desarrollo de otros continentes.<br/><br/> Por otro lado, a pesar de que el Estado financia casi totalmente la educación superior, por lo general las IES obtienen menos de la mitad de lo que necesitan. Hay menor cantidad de personal académico que administrativo. En Togo, por ejemplo, el personal docente en la educación superior apenas supera las 700 personas, mientras que el personal técnico y administrativo supera las 1.100. África es el continente donde avanza más lentamente la privatización de la educación superior, aunque no deja de ser una tendencia emergente en casi todos los países: en Sudán, por ejemplo, las IES privadas pasaron de 1 en 1.998 a 22 en 2.001.<br/><br/> Las mujeres ocupan un bajo porcentaje de las plazas de profesores y una proporción aún menor como directivos. En muchos países de la región, el alumnado femenino es alrededor del 25% del masculino.<br/><br/> Hay otros retos, como el ya mencionado de la fuga de cerebros, la necesidad de perfeccionar los sistemas de ciencia y tecnología, de investigación y desarrollo, de publicaciones, lenguas de enseñanza y en general de condiciones de estudio y trabajo para profesores y estudiantes, que habrá que tener en cuenta en su especificidad a la hora de construir el (EAES), tal y como apuntan expertos como Philip Altbach y Damtew Teferra en diferentes publicaciones.<br/><br/> Sin embargo, a pesar de los grandes retos a los que se enfrentan los sistemas de educación superior en el continente africano se están consolidando algunos ejemplos de apertura a la comunidad regional y global.<br/><br/> El sistema de educación sudafricano, por ejemplo, ha logrado durante la última década dejar atrás la herencia del apartheid para convertirse en un país receptor de 46.687 estudiantes extranjeros en 2002, que ya suponen el 7% del total de matrículas de educación superior del país. Estamos ante los inicios de un sistema más interconectado de educación superior en África, gracias en parte al papel que han tenido las nuevas tecnologías para enlazarlo virtualmente con otras partes del mundo.<br/><br/> Desde hace ya algunos años están surgiendo propuestas de creación de un Espacio Africano de Educación Superior (EAES) a partir de asociaciones, iniciativas y subespacios regionales, como en África Oriental entre otras, tal como cita el profesor Peter Okebukola, presidente de la red regional GUNI (Global University Network for Innovation) del África subsahariana en nuestra reciente entrevista del mes de febrero . Las propuestas de crear un (EAES) son, sin duda, interesantes. Pueden traer importantes beneficios al sistema africano de educación superior, aunque también conlleva algunos riesgos.<br/><br/> Las oportunidades son evidentes: favorecer un tipo de movilidad académica y estudiantil que ayude a transformar la fuga de cerebros en circulación dentro de la región; mejorar la eficiencia de la gestión universitaria; armonizar los marcos reguladores de educación superior, que favorezcan una respuesta colectiva a los retos de la globalización; favorecer las reformas curriculares que tengan en cuenta las prioridades de desarrollo, nacional y regionalmente; e incluso aumentar el atractivo de las instituciones de educación superior africanas para atraer estudiantes internacionales en diversas áreas académicas, como pueden ser los estudios culturales africanos.<br/><br/> Sin embargo, la fragilidad de algunos sistemas reguladores nacionales, por un lado, y de los mecanismos de coordinación intraregional, por otro, pueden comprometer algunos de los objetivos anteriores. Diversos países africanos han llevado a cabo transformaciones de sus sistemas de educación superior inducidas por los planes de ajuste estructural que han conducido a un marcado incremento de la participación de sector privado y a un estancamiento del financiamiento público. La multiplicación de proveedores implica la necesidad de consolidar métodos eficaces de evaluación y acreditación de la calidad de los diferentes programas que se imparten. El marco regulador debe ir a la par de los nuevos retos de la internacionalización y del aumento de proveedores privados, tanto nacionales como transnacionales. <br/><br/> Por otro lado, si la convergencia regional no se gestiona adecuadamente, corre el riesgo de convertirse en una mera adaptación administrativa, que aumente la carga de trabajo y la ineficiencia de algunas instituciones, y de unos contenidos que no puedan llevarse a la práctica si no se acompañan de un incremento de la inversión pública en educación superior. La actual falta de capacidad de financiación pública de algunos países debe ser prevista en las diferentes propuestas.<br/><br/> En definitiva, es necesario llevar a cabo un debate en profundidad entre las universidades, la sociedad civil y la clase política africana sobre la necesidad, riesgos y oportunidades de la creación de un Espacio Africano de Educación Superior, recordando que no existe un modelo único de convergencia regional de los sistemas nacionales de educación superior. Una buena oportunidad para el debate puede ser la próxima Conferencia internacional sobre la adaptación de las universidades africanas al proceso de Bolonia, que tendrá lugar del 16 al 18 de julio en la Universidad de Lubumbashi. <br/><br/> La experiencia europea puede, y debe, permitir extraer algunas consideraciones a tener en cuenta para el caso africano, pero debe huirse de la tentación de recetas miméticas. El contexto y las prioridades de desarrollo de cada país deben moldear el proceso africano de convergencia de los sistemas de educación superior.<br/><br/><br/><font size=1>* Artículo publicado originalmente en el boletín electrónico de la GUNI, <a target=_blank href=https://www.guni-rmies.net>Global University Network for Innovation</a>. Para más artículos y suscripción gratuita al boletín, visite este <a target=_blank href=https://www.guni-rmies.net/newsletter/edit.php>enlace</a>.<br/><br/><br/></font>
En el continente africano, donde la educación superior supone una de las mayores fuentes de esperanza para el desarrollo, se están considerando las oportunidades y las dificultades para la construcción de un Espacio Africano de Educación Superior (EAES). El modelo europeo, en este sentido, puede servir como un ejemplo del que extraer enseñanzas y conclusiones.

El nuevo siglo está modificando profundamente las estructuras y los objetivos de la educación superior en África. Las oportunidades y amenazas de la internacionalización, la integración con el sistema productivo y la implicación de la institución universitaria en la vida política y social de su entorno son retos que la región africana comparte con el resto del mundo. Sin embargo, hay algunas situaciones que son específicas y plantean dificultades y desafíos particulares de la región africana.

La pérdida constante de capital humano a raíz de la fuga de cerebros; las bajas tasas de matrícula; un alto grado de burocratización; la creciente privatización; la desigualdad de género; los escasos niveles de acceso al sistema de educación superior; los insuficientes presupuestos públicos de educación; o la lucha por una mayor autonomía universitaria, son algunos ejemplos de estos desafíos especialmente presentes en los sistemas africanos de educación superior.

Las cifras e indicadores del continente nos dibujan una situación compleja: entre 4 y 5 millones de estudiantes (en un continente con más de 700 millones de personas), están matriculados en instituciones de educación superior (IES) africanas. A pesar de este volumen de estudiantes, las tasas de matrículas son bajas, incluso en los países con mayor número de estudiantes (Egipto, Nigeria y Sudáfrica) donde en ningún caso se superan los 25 por 1.000 estudiantes potenciales. Unas cifras altas para África, pero pobres en relación a los países desarrollados e incluso en relación a muchos países en desarrollo de otros continentes.

Por otro lado, a pesar de que el Estado financia casi totalmente la educación superior, por lo general las IES obtienen menos de la mitad de lo que necesitan. Hay menor cantidad de personal académico que administrativo. En Togo, por ejemplo, el personal docente en la educación superior apenas supera las 700 personas, mientras que el personal técnico y administrativo supera las 1.100. África es el continente donde avanza más lentamente la privatización de la educación superior, aunque no deja de ser una tendencia emergente en casi todos los países: en Sudán, por ejemplo, las IES privadas pasaron de 1 en 1.998 a 22 en 2.001.

Las mujeres ocupan un bajo porcentaje de las plazas de profesores y una proporción aún menor como directivos. En muchos países de la región, el alumnado femenino es alrededor del 25% del masculino.

Hay otros retos, como el ya mencionado de la fuga de cerebros, la necesidad de perfeccionar los sistemas de ciencia y tecnología, de investigación y desarrollo, de publicaciones, lenguas de enseñanza y en general de condiciones de estudio y trabajo para profesores y estudiantes, que habrá que tener en cuenta en su especificidad a la hora de construir el (EAES), tal y como apuntan expertos como Philip Altbach y Damtew Teferra en diferentes publicaciones.

Sin embargo, a pesar de los grandes retos a los que se enfrentan los sistemas de educación superior en el continente africano se están consolidando algunos ejemplos de apertura a la comunidad regional y global.

El sistema de educación sudafricano, por ejemplo, ha logrado durante la última década dejar atrás la herencia del apartheid para convertirse en un país receptor de 46.687 estudiantes extranjeros en 2002, que ya suponen el 7% del total de matrículas de educación superior del país. Estamos ante los inicios de un sistema más interconectado de educación superior en África, gracias en parte al papel que han tenido las nuevas tecnologías para enlazarlo virtualmente con otras partes del mundo.

Desde hace ya algunos años están surgiendo propuestas de creación de un Espacio Africano de Educación Superior (EAES) a partir de asociaciones, iniciativas y subespacios regionales, como en África Oriental entre otras, tal como cita el profesor Peter Okebukola, presidente de la red regional GUNI (Global University Network for Innovation) del África subsahariana en nuestra reciente entrevista del mes de febrero . Las propuestas de crear un (EAES) son, sin duda, interesantes. Pueden traer importantes beneficios al sistema africano de educación superior, aunque también conlleva algunos riesgos.

Las oportunidades son evidentes: favorecer un tipo de movilidad académica y estudiantil que ayude a transformar la fuga de cerebros en circulación dentro de la región; mejorar la eficiencia de la gestión universitaria; armonizar los marcos reguladores de educación superior, que favorezcan una respuesta colectiva a los retos de la globalización; favorecer las reformas curriculares que tengan en cuenta las prioridades de desarrollo, nacional y regionalmente; e incluso aumentar el atractivo de las instituciones de educación superior africanas para atraer estudiantes internacionales en diversas áreas académicas, como pueden ser los estudios culturales africanos.

Sin embargo, la fragilidad de algunos sistemas reguladores nacionales, por un lado, y de los mecanismos de coordinación intraregional, por otro, pueden comprometer algunos de los objetivos anteriores. Diversos países africanos han llevado a cabo transformaciones de sus sistemas de educación superior inducidas por los planes de ajuste estructural que han conducido a un marcado incremento de la participación de sector privado y a un estancamiento del financiamiento público. La multiplicación de proveedores implica la necesidad de consolidar métodos eficaces de evaluación y acreditación de la calidad de los diferentes programas que se imparten. El marco regulador debe ir a la par de los nuevos retos de la internacionalización y del aumento de proveedores privados, tanto nacionales como transnacionales.

Por otro lado, si la convergencia regional no se gestiona adecuadamente, corre el riesgo de convertirse en una mera adaptación administrativa, que aumente la carga de trabajo y la ineficiencia de algunas instituciones, y de unos contenidos que no puedan llevarse a la práctica si no se acompañan de un incremento de la inversión pública en educación superior. La actual falta de capacidad de financiación pública de algunos países debe ser prevista en las diferentes propuestas.

En definitiva, es necesario llevar a cabo un debate en profundidad entre las universidades, la sociedad civil y la clase política africana sobre la necesidad, riesgos y oportunidades de la creación de un Espacio Africano de Educación Superior, recordando que no existe un modelo único de convergencia regional de los sistemas nacionales de educación superior. Una buena oportunidad para el debate puede ser la próxima Conferencia internacional sobre la adaptación de las universidades africanas al proceso de Bolonia, que tendrá lugar del 16 al 18 de julio en la Universidad de Lubumbashi.

La experiencia europea puede, y debe, permitir extraer algunas consideraciones a tener en cuenta para el caso africano, pero debe huirse de la tentación de recetas miméticas. El contexto y las prioridades de desarrollo de cada país deben moldear el proceso africano de convergencia de los sistemas de educación superior.


* Artículo publicado originalmente en el boletín electrónico de la GUNI, Global University Network for Innovation. Para más artículos y suscripción gratuita al boletín, visite este enlace.


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